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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 24 de noviembre de 2017

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Elena Poniatowska, honoris causa

La escritora mexicana Elena Poniatowska, premio Cervantes 2013, ha sido investida doctora "honoris causa" por la UCM en reconocimiento a su labor literaria y su compromiso por los desfavorecidos, como volvió a dejar claro con su constante denuncia de los asesinatos de los normalistas de Ayotzinapa, durante los tres días en los que se celebraron, con la participación de las facultades de Filología y Bellas Artes, actividades en su honor.

Sin borrar ni por un instante la sonrisa permanente que dibuja en su rostro, Elena Poniatowska asiste sentada en una de las sillas de honor del imponente Paraninfo de San Bernardo a la investidura de los más de centenar y medio de estudiantes que alcanzaron el grado de Doctor el pasado curso en la UCM. Son los momentos finales de unos días intensos que acaban de culminar con su investidura como doctora "honoris causa" por la que para ella es "la universidad hispanohablante más prestigiosa del mundo". 

Han sido tres días de frenética actividad. Ha asistido a un congreso sobre su obra literaria, ha debatido con jóvenes estudiantes, ha contemplado la intervención artística que en su nombre se ha hecho de una de las principales plazas de la universidad, ha atendido más de una decena de entrevistas, ha dedicado cientos de sus obras, ha asistido a la presentación de una nueva edición de uno de sus libros, ha departido con decenas y decenas de personas... Nada que borrara la sonrisa de su cara, nada que la hiciese parar de dar las gracias por lo que estaba viviendo. "Debo de tener un ángel de la guarda del tamaño del mundo para que España me haya concedido estas condecoraciones", señala en las primeras palabras de su discurso como nueva doctora complutense.

La otra condecoración a la que se refiere Poniatowska es el Premio Cervantes, que recogió hace apenas 9 meses. Aprovechando aquella visita a nuestro país, la escritora mexicana ya visitó las aulas de la Complutense para clausurar la Semana de la Letras. En aquel acto el rector Carrillo le anunció que iba a proponer al Consejo de Gobierno de la Universidad su investidura como doctora "honoris causa". Si esta era aceptada, y si ella podía ajustar su agenda, la investidura, propuso entonces el rector y así ha sido, se celebraría coincidiendo con el acto académico de Santo Tomás.

Pese al tiempo que ha tenido para preparar todo, la escritora confiesa apenas dos días antes del acto de investidura que aún tiene dudas sobre de qué hablar en su discurso. Dice que había pensado dedicarlo a las mujeres escritoras, pero que finalmente se había decantado por la influencia de las redes sociales en el mundo actual. El cambio de tema puede parecer brusco, pero hay un por qué. Durante sus ajetradas jornadas en Madrid, Poniatowska logra que un asunto gire en torno a su figura. Pueden hablar de ella, de su escritura, del periodismo "que todo me ha dado", incluso puede recrearse en decenas de anécdotas. Pero en un momento u otro aparece la palabra Ayotzinapa, la que designa la localidad en el Estado mexicano de Guerrero en la que 43 estudiantes normalistas -"muchachos muy pobres que estudiaban en busca de un futuro mejor"- fueron hace escasos meses asesinados por un "gobierno podrido y corrupto".
Según leyó la secretaria general de la UCM, entre las razones del nombramiento de Poniatowska como doctora "honoris causa" destacan "su compromiso por los desfavorecidos, por los que más sufren las injusticias". "México nos duele a todos los que vivimos en México -señala Poniatowska durante el encuentro que mantuvo con varios estudiantes de Filología y que puso el punto final al congreso que esta Facultad le dedicó los días 28 y 29 de enero-. Nos duele la mentira, la trampa, el robo. Ayotzinapa es el resultado de la degradación política de México. Es incluso un crimen de racismo. Eran muchachos muy pobres, que vivían en casitas de madera y dormían en cartones. Era gente que quería salir adelante...".

Cuando habla de Ayotzinapa el rostro de la escritora se endurece. Recuerda, ella misma lo dice, lo que pasó el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, cuando varias decenas de estudiantes y obreros murieron por las balas disparadas por el ejército mexicano. Aquellos sucesos fueron recogidos por Poniatowska en el libro "La noche de Tlatelolco", precisamente el que la editorial Escolar y Mayo ha reeditado -por primera vez en España- con motivo de la investidura de su autora, a instancias de la Facultad de Filología. "Creía que aquello sólo era una vez, pero no... Si me dejara llevar, me pondría a llorar por lo que pasa en mi país, por los 43 normalistas asesinados, por los corruptos que tratan el país como un rancho de su propiedad. México es un polvorín a punto de estallar".

A las redes sociales -y ahí el tema escogido para su discurso- Poniatowska les da el valor de haber sido capaces de convertir lo sucedido en Ayotzinapa en "trending topic" mundial, cuando la prensa escrita apenas se hizo eco de lo que estaba pasando. Para ella, "una aprendiz de informática", ese poder de Internet es maravilloso, aunque también tiene sus inconvenientes si es mal usado, si solo sirve para cuantificar los seguidores de artistas o políticos, si su esencia queda desvirtuada, si Justin Bieber tiene más seguidores que el Papa Francisco o el presidente Obama, si el "Me gusta" o "No me gusta" adquiere todo el poder.

Pero como afirma una y otra vez la escritora, la vida hay que vivirla tratando de ser lo más feliz posible mientras dure. Y ella, sin duda, ha seguido al pie de la letra su propio consejo. Su manera de encontrar la felicidad ha sido escuchar a la gente, a la que ha encontrado en la calle, a la que ha buscado en las cárceles, a la que en el ejercicio de su profesión periodística ha tenido la suerte de conocer. "Le debo todo al periodismo. El periodismo me ha dado lo que soy y lo que me espera", afirma a sus 82 años y en pleno proceso de preparación de su próxima obra. "Tratará sobre la vida de Lupe Marín, la primera mujer de Diego Rivera, la olvidada, porque todo se lo llevó Frida Kahlo. La entrevisté y tengo 120 páginas de conversación. Siento que la debo un libro. Va a ser una novela, no una biografía, porque es un personaje que tiene mucho que contar: era mala esposa, mala madre, maltrató a su marido... pero era única".

En el congreso que coordinó la profesora Rocío Oviedo Pérez de Tudela -quien actuó de madrina en la investidura- se analizó la obra de Poniatowska desde muy diversas ópticas: la importancia de la imagen en su literatura, su ensayo casi lírico dedicado a Octavio Paz, la utilización del yo biográfico como elemento narrativo, el concepto del reportaje periodístico como obra literaria... Pero, sobre todo, se habló de ella. Y, por supuesto, se la escuchó, aunque ella, como recordó, prefiere siempre oír: "Me gusta más hacer las preguntas que me las hagan. Siempre estoy llena de preguntas, pero nunca he tenido las respuestas. Siempre pienso que el otro es que sabe". "Si tengo que describir a Elena Poniatowsa -señala Rocío Oviedo- hablaré de su elegancia, de su generosidad humana e intelectual y, como no, de sus abrazos rompe-costillas".

«Creo sinceramente que uno se hace periodista porque no sabe, para aprender»

Periodistas españoles, mexicanos y argentinos hacen cola para hablar con ella. Casi todos le preguntan por su vena más política, por su compromiso con los más pobres, con el pueblo llano, quieren saber su opinión sobre los últimos casos de corrupción y los asesinatos en México. Sin quitarle peso a esa parte tan mediática de su personalidad, nosotros abrimos la conversación por otra vía, la literaria, la que le ha llevado a hacerse con el Premio Cervantes en 2013.
- Hay autores como Pedro Sorela que aseguran que si uno quiere ser escritor lo mejor es hacer Periodismo. ¿Lo pensó usted así también cuando empezó con esta profesión?
- También hay gente que dice lo contrario, por ejemplo Chateaubriand decía que el arte necesita manos muy quietas, muy blancas, que no estén interviniendo en nada de la vida pública. En el caso mío yo creo que el periodismo sí fue una escuela, y obviamente como suceden cosas muy graves en América Latina y ahora en México, esas cosas lo sacan a uno de su casa y su encierro. La realidad está fuera y eso jala y te obliga a escribir sobre determinados temas.

- Además de la temática, ¿diría que el estilo literario de sus novelas también está impregnado del periodístico?
- Sí, claro. Yo empecé a escribir periodismo muy chavita, me inicié muy joven y fue mi manera de conocer a México, porque yo hasta entonces tenía una formación muy francesa, de colonia francesa, del Liceo francés, de los boy scout franceses... Todo francés.

- ¿Incluso sus referentes literarios, o también tiene algunos polacos?
- No, polacos no, porque yo no sé ni jota de polaco. Bueno, sé decir techo, suelo, leche... unas pocas palabras. Además, en el siglo XVII salieron casi todos los escritores de Polonia y se fueron a Francia. Mis principales referentes por lo tanto son franceses y, sobre todo, muy católicos como Georges Bernanos, porque yo tuve una formación muy religiosa.

- ¿Su madre era muy religiosa?
- Mi madre sí, aunque no lo era tanto cuando yo era joven. Se hizo mucho más cuando murió mi hijo... Quería decir mi hermano, pero es que era casi como un hijo porque yo le llevaba 14 años.

- Esa religiosidad que quizás era llamativa en Francia, en México no lo sería tanto, ¿no?
- Bueno, en realidad la religión en México es más bien una adoración por la Virgen de Guadalupe. Hay una devoción por esa Virgen, de que te va a resolver todos los problemas, te va a hacer pasar de año aunque no hayas estudiado nada, te va a hacer toda clase de milagros, pero no es una religión tan profunda. Eso sí, es de llorar mucho en los entierros y de hacer mucho escándalo, es muy sentimental.

- Volvamos a su literatura. ¿Cuál es su método de trabajo?
- Cuando escribo no tengo método y eso es algo que extraño mucho porque hago todo el doble. Si tuviera un método, si hubiera estado en la universidad, hubiera podido suplir todas estas carencias que tengo, porque al final trabajo muchísimo, hago más de lo que se tiene que hacer y me preocupo más de lo que se tiene que preocupar uno.

- En sus libros más periodísticos como La noche de Tlatelolco y Nada, nadie. Las voces del temblor, ¿utilizó algún tipo de estructura?
- Tienen una estructura emocional que yo les di a medida que iba escribiendo. El del terremoto yo creo que es un libro fallido, y es mucho mejor el de un compañero, Carlos Monsiváis, porque él sí supo sintetizar y sacar unas conclusiones de lo que había sucedido. México es un país, en el fondo, muy peligroso. Es peligroso hasta atravesar la calle y ahora es peligroso mandar a los hijos solos. Yo recuerdo que mis hijos iban a la esquina con mucha facilidad, y cuando vivían en Madrid mis nietos podían ir tranquilos al parque del Retiro, porque todo el mundo les cuidaba, como si fuese una gran familia. Ahora en México ya no ves niños en la calle, a veces con sus maestros, pero ese poder estar en la calle ya no existe en mi país, es algo muy grave, no hay ninguna protección.

- Usted cuando empezó a hacer periodismo, de muy joven, se atrevía a preguntar a los políticos por su corrupción. ¿Hoy sería posible algo así?
- Yo creo que ahora no. Cuando yo me inicié no había mucha preparación periodística y yo me hice periodista así sobre la marcha, de un día para otro. Cuando eres joven caes bien y te dejan acercarte y preguntar cualquier tontería, pero ahorita creo que sería imposible, entre otras cosas porque hoy tienen que tener su título.

- En sus respuestas se ve que es usted una persona autocrítica. ¿No está contenta con lo que ha escrito?
- No, no, espero tener todavía unos años más para hacer algo bueno. Siempre pienso que le falta algo a todo, que se pudo trabajar mejor. Creo sinceramente que uno se hace periodista porque no sabe, para aprender.

- Aún así, si tuviese que elegir una de sus novelas, ¿cuál diría que es la mejor?
- Pues la que estoy haciendo ahora, porque en caso contrario no la haría. Pienso que ojalá y sea la mejor, por lo menos la más trabajada, la más pulida, la que dé mayor información.

- ¿Sus lectores no le dicen cuál es su libro preferido?
- Ahora más me ayudan mucho a caminar, me abren la puerta, me ponen un chal para que no me dé gripa, para que no me vaya a morir rápido... (risas) Cuidan mucho de mí, como chango viejo. Yo quisiera volver a tener una oportunidad para poder hacer mejor las cosas, aunque se lo dije a un amigo mío y me dijo: "no te preocupes, lo harías peor". (risas)

"De nada nos sirve abrir los ojos si no sabemos ver"

La Facultad de Bellas Artes no quiso dejar pasar la oportunidad de homenajear a la escritora Elena Poniatowska con motivo de su investidura como doctora honoris causa por la Complutense. La profesora Isabel Fernández Blanco, animó a sus estudiantes de segundo de Diseño a hacer algo nuevo, a crear piezas artísticas a partir de las obras de la autora mexicana. Para ello rastrearon en sus libros y crearon una muestra colectiva bajo el lema "De nada nos sirve abrir los ojos si no sabemos ver".

Los estudiantes de Diseño renombraron la plaza Profesor Aranguren y la rebautizaron Elena Poniatowska por unos días. En el interior del edificio de la Facultad de Filología crearon una serie de obras plásticas que giraron en torno a la palabra, ya fuese con grandes frases, con letras en forma de lluvia, con un juego en el que podía uno desenrollar y llevarse una sentencia de la escritora o con unos zapatos que representaban a los jóvenes que huyeron de la matanza llevada a cabo por el ejército en la plaza de las Tres Culturas en mayo de 1968. Fuera, en la parte superior de la fachada otros dos estudiantes proyectaron unos vídeos con fragmentos de entrevistas o intervenciones de Poniatowska en diferentes lugares del mundo, "relacionando las palabras con los gestos diferenciados de la propia escritora". "Ya ni me acuerdo de eso", dijo la premio Cervantes al ver algunas de aquellas imágenes, aunque siempre sin perder la sonrisa y alabando todas y cada una de las obras: "Se ve que trabajaron muchísimo", "Es muy buena idea", "Esto es muy bonito"...

Aparte de estas piezas de los estudiantes de Diseño, el colectivo Travesías de Luz recogió el trabajo de otros alumnos de la Facultad de Bellas Artes para aportar su trabajo al homenaje. Este grupo artístico, que lleva desde 2011 "transformando el espacio público y creando diferentes atmósferas con luz que no pasan desapercibidas para los ciudadanos", crearon la pieza "La rebelión del lienzo". Aprovecharon la zona del ascensor de la plaza para instalar decenas de lienzos de papel montados en bastidor con diferentes representaciones realizadas por los estudiantes, también a partir de la obra de Poniatowska.
Los responsables de esta instalación explican que han tratado de "reivindicar y dar voz a la lucha y el drama silencioso de todas nuevas inquietudes en el ámbito social que vivimos; es un gesto iluminado para demostrar nuestro compromiso con los derechos humanos, las luchas sociales y la vida cotidiana".

 

 

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