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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 25 de septiembre de 2017

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Aunque no lo parezca, la universidad española sigue sin ser laica

La mesa redonda sobre el laicismo en la universidad, celebrada en la Biblioteca Histórica y organizada por Encuentros Complutense y la asociación Europa Laica, se alargó durante más tiempo del previsto debido a lo encendido del debate. Porque si es cierto, como asegura el decano de la Facultad de Geografía e Historia, Luis Enrique Otero Carvajal, que hoy en día la sociedad española se caracteriza por su "elevadísimo nivel de irreligiosidad", también es verdad que la Iglesia Católica continúa teniendo una serie de privilegios, que además están amparados por la ley, incluso por la Constitución.

 

María José Fariñas Dulce, subdirectora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III, recordó que su centro universitario es el único de la Comunidad de Madrid que no tiene capillas y donde no se imparten asignaturas religiosas en ninguna titulación.


Para ella, el problema estriba en que la propia Constitución no se dice que España sea un Estado laico, e incluso en su artículo 16.3 afirma, que "Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones".


Junto a esa referencia expresa a la cooperación entre los poderes públicos y la Iglesia, están también los acuerdos con el Vaticano, que son una especie de tratado internacional, "que son muy difíciles de romper". Por lo tanto, "la Iglesia se aferra a sus privilegios, pero amparándose en la ley".


Y no sólo eso, sino que al amparo del artículo 16.3 se han ido firmando acuerdos con otras religiones, así que en realidad el "Estado español no ha caminado hacia el laicismo, sino hacia la multiconfesionalidad".


El único camino posible, por tanto, para Fariñas Dulce es "modificar la Constitución e impugnar los acuerdos con la Santa Sede, porque son preconstitucionales e inconstitucionales, ya que violan el artículo 14 de la propia Constitución, el que habla del principio de igualdad".


En la universidad
El profesor complutense Pedro López López, moderador de la mesa y miembro de la junta directiva de Madrid Laica, señaló que en contra de lo que a veces se hace creer, el laicismo no va en contra de nada, sino que "sólo pretende la libertad de conciencia de cualquier ciudadano, religioso o no, y eso requiere la neutralidad del Estado".


López López piensa que la universidad tiene un papel dentro de este laicismo, ya que "debe ser muy combativa en la defensa de la libertad de conciencia y alentar con vigor la razón y la ciencia".


Según el representante de Madrid Laica, en la universidad se deberían evitar la simbología religiosa, los lugares de culto y los "currículos sobre la fe". Con respecto a esto, Fermín Rodríguez Castro, responsable del área de Educación de Europa Laica, explica que en los acuerdos con la Santa Sede se dice que la religión debe estar en las escuelas educativas de formación del profesorado, y eso ha llevado a que se ofrezcan asignaturas optativas de religión en las universidades, "que luego se convierten en obligatorias, si se busca trabaja en una escuela concertada".


En esos centros, según Rodríguez Castro, el arzobispado exige a los profesores, "aunque no vayan a impartir religión", que tengan la Declaración Eclesiástica de Competencia Académica (DECA) en Educación Infantil y Primaria, e "incluso que estén bautizados".


En los acuerdos con la Santa Sede también se dice que la Iglesia puede organizar cursos y actividades religiosas en centros universitarios públicos. Algo que se ha demostrado, de acuerdo con López López, con cursos de verano como los celebrados los últimos años en El Escorial, entre el titulado "Fe en dios creador, ciencia y ecología en el siglo XXI".


Ciudadanos con sentido común

Manuel Álvaro Dueñas, decano de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, reconoció que existen esas asignaturas religiosas en su titulación, pero también que de los 400 alumnos que hay en cuarto curso, donde se ofertan, "sólo 26 han elegido esa optativa".


Según el decano, es así, porque "los estudiantes son ciudadanos con sentido común que optan por otras asignaturas que les van a capacitar mejor para su trabajo como maestros y maestras". Considera, por tanto, que esa presencia en la universidad es más "simbólica que efectiva, al menos en la universidad pública", ya que los títulos de profesor se otorgan también en decenas de centros religiosos en toda España.


Asunción Bernárdez Rodal, profesora titular de la Universidad Complutense y directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense, mostró su asombro antes que las universidades públicas tengan que ofertar obligatoriamente asignaturas religiosas, y lo consideró una "situación de locos".


En su intervención quiso ir al fondo de la cuestión del laicismo y recordó que ya en su origen laikos hacía referencia a todo el pueblo de verdad, mientras que demos no incluía ni a las mujeres, ni a los esclavos ni a otras muchas personas. Por eso, para ella, "la laicidad es un deseo de igualdad, lo mismo que el feminismo", y la única manera de conseguirlo es "radicalizando los principios democráticos y los de igualdad".


Normalizar legalmente lo que ya es normal
El decano de la Facultad de Geografía e Historia, Luis Enrique Otero Carvajal, confía en que la sociedad española ya está lo bastante avanzada como para dar el paso al laicismo, ahora lo que hace falta es "que se normalice legalmente lo que ya está normalizado en la sociedad".


Relató, a modo de ejemplo, cómo fue el cambio de lugar de la parroquia de su Facultad, "para trasladarla a un espacio más pequeño que se corresponda con su uso real y efectivo", y para dejar el espacio "a la función docente e investigadora que le corresponde a la universidad". Reconoce que hubo alguna protesta, pero "con participación muy minoritaria", y al final todo se hizo sin demasiado conflicto.


El único defecto que ve el decano a la secularización de la sociedad es que "hay un profundo desconocimiento de la Historia de las religiones y eso lleva a un problema que es la comprensión de nuestra propia civilización". Gran parte de la culpa de ese desconocimiento, no obstante, es de la propia Iglesia, "que ha hecho adoctrinamiento y no conocimiento del hecho religioso, y el adoctrinamiento, en una sociedad secularizada, sólo produce rechazo".


La situación en la Complutense

En nuestra universidad, como recordaron los participantes en la mesa redonda, todavía hay unas cuantas capillas abiertas y se imparte, al menos, una asignatura optativa sobre didáctica de la religión, pero como resaltó Otero Carvajal, "ahora mismo no hay ningún acuerdo en vigor con el arzobispado". Según él, el anterior, de 1993, "firmado por el rector Villapalos, ya había terminado su vigencia y además fue denunciado", así que ahora mismo no hay acuerdos con la Iglesia Católica.


El debate llegó también al público con participaciones de más miembros de Madrid Laica, sacerdotes que ejercen su oficio en la Complutense, y profesores como Felipe Hernández Muñoz, de la Facultad de Filología, que alegó a la tradición para mantener las capillas, y Charo Otegui, del Departamento de Antropología Social, que abogó porque "el fenómeno religioso se explique con criterios científicos y académicos".

 

Vídeo del encuentro (DEIC)

Manuel Álvaro Dueñas, Fermín Rodríguez Castro, José Manuel García Vázquez, Asunción Bernárdez, Pedro López López, Luis Enrique Otero Carvajal, Juanjo Pico y María José Fariñas El profesor complutense Pedro López López moderó una mesa redonda muy intensa sobre el tema del laicismo en la universidadAsunción Bernárdez, directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la UCM considera que la laicidad es un deseo de igualdad, lo mismo que el feminismoPara María José Fariñas Dulce, subdirectora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III, la solución pasa por modificar la Constitución e impugnar los acuerdos con la Santa Sede El decano de la Facultad de Geografía e Historia, Luis Enrique Otero Carvajal, opina que hoy en día la sociedad española se caracteriza por su elevadísimo nivel de irreligiosidad, algo que no se refleja en las leyesManuel Álvaro Dueñas, decano de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, reconoce que existen esas asignaturas religiosas en su titulación, pero también que de los 400 alumnos que hay en cuarto curso, donde se ofertan, sólo 26 han elegido esa optativa Fermín Rodríguez Castro, responsable del área de Educación de Europa Laica, explicó los muchos privilegios que todavía tiene la Iglesia Católica con respecto a la educación en nuestro país
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Comentarios - 3

Felipe Hernández Muñoz

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Felipe Hernández Muñoz - 8-07-2017 - 16:41:25h

La libertad inundará todo con su luz. Las palabras que no pudo pronunciar el catedrático abucheado en el debate Universidad Laica

 

«La censura no debe tener cabida en la universidad», escribe el catedrático de Filología de la Complutense, Felipe Hernández. Encuentros Complutense organizó el 9 de mayo, con la asociación Europa Laica, un debate en la Biblioteca Histórica con el título Universidad laica, en el que todos los participantes se pronunciaron a favor de la eliminación de las capillas y símbolos cristianos de la universidad. En el turno de intervenciones del público el catedrático pidió la palabra para argumentar sus discrepancias, pero tuvo que dejar su discurso a medias por los gritos y abucheos de muchos de los asistentes. En este artículo expone lo que ese día le impidieron decir

 

Como otros muchos colegas, yo también había recibido un correo institucional con la invitación al acto organizado por la Universidad Complutense de Madrid, el 9 de mayo, sobre Universidad laica. Allí acudí con la esperanza –que luego resultó frustrada– de asistir a algo parecido a un debate, a un verdadero encuentro, con intercambio razonado de ideas y argumentos sobre un tema, organizado en un ámbito tan proclive al debate como es –o debería serlo– la propia universidad. Pero la verdad es que el acto, de debate o diálogo tuvo poco: los seis miembros de la mesa, incluido su moderador –profesor de la Complutense, pero integrante también de la junta directiva de Madrid Laica, ya representada en la mesa por otro miembro–, hilvanaron un largo monólogo de casi dos horas de duración con un mismo hilo conductor: que la existencia de capillas y otros símbolos cristianos en la Universidad Complutense, como en otros espacios públicos, es un hecho anacrónico y singular de España, herencia de su nacionalcatolicismo, a diferencia de lo que ocurre en el resto de países civilizados, y muestra de los privilegios que aún conserva la Iglesia católica en nuestro país.

 

Como al finalizar las intervenciones el moderador abrió el turno para que lo hiciera el público asistente –por cierto, poco numeroso–, pedí la palabra para, en uso de una legítima libertad de expresión, exponer educadamente mis discrepancias sobre mucho de lo que allí se había manifestado. Se me concedió, pero en pleno uso de la palabra tuve que interrumpirla abruptamente y abandonar el micrófono por las protestas y gritos de la mayoría del público y la pasividad de la mesa. Agradezco, pues, que se me dé ahora la oportunidad que entonces no tuve.

 


Oxford, Cambridge, Harvard… mantienen los símbolos cristianos
Comencé mi intervención aclarando que mi intención no era provocativa, sino deseosa en lo posible de enriquecer el debate, poniendo sobre la mesa ideas diferentes a las que se habían expuesto hasta ese momento. En primer lugar, que la Universidad Complutense no es una rara avis en el panorama occidental, sino que universidades tan prestigiosas como Oxford, Cambridge o Harvard, por citar algunos ejemplos, siguen manteniendo sin problemas esos símbolos cristianos que se quieren eliminar de la Complutense. Recordé, en concreto, el lema del escudo oficial de la Universidad de Oxford (Dominus illuminatio mea, El Señor es mi inspiración); del Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge, institución germinal de la física moderna, en la que trabajaron Newton y tantos premios Nobel, cuya entrada está enmarcada por un versículo del salmo 111 de la Biblia («Grandes son las obras del Señor para los que se deleitan en su estudio»); e incluso del lema, bajo una cruz, del escudo oficial del Ayuntamiento de Londres: Domine, dirige nos (Señor, dirígenos).

 

Como en la mesa había representación académica del ámbito jurídico, mostré también mi extrañeza de que nadie se hubiera referido a la sentencia de marzo de 2011 del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, que, casi por unanimidad y a propósito de la presencia de crucifijos en la escuela pública italiana, determinó que dicha presencia no viola en modo alguno el derecho a la libertad de pensamiento y religión, sino que, por el contrario, sintetiza los valores sobre los que se apoya la cultura europea y la propia civilización occidental, como son el respeto a la dignidad de la persona humana y su libertad.

 

Después me referí también al escudo oficial de la propia Universidad Complutense, que presidía el acto, y recordé que si figura en él un gran cisne es en recuerdo y homenaje a su fundador, el cardenal Cisneros –de cuya muerte se cumple precisamente este año el quinto centenario– y que lo que hay bajo ese cisne es el cordón de san Francisco, orden a la que pertenecía Cisneros. Aludí también a la magna obra filológica que intentaba promover Cisneros cuando fundó la Complutense, la Biblia políglota, y recordé asimismo el lema central del escudo de la universidad, tomado del poeta latino Lucrecio II, 148: Libertas perfundet omnia luce (La Libertad inundará todo con su luz). En nombre de esa libertad reivindiqué, hasta donde me dejaron, el derecho que tenemos todos los universitarios (estudiantes, profesores…) católicos –religión mayoritaria en España y, por tanto, también en la Complutense– a ejercer nuestra fe también en los espacios públicos, incluida la universidad, como garantiza el artículo 16 de la Constitución Española.

 

La iglesia, fundadora de universidades
A las dos representantes feministas de la mesa quise también recordarles que el cristianismo no va contra los derechos humanos y, más en concreto, de la mujer, sino que, por el contrario, como han reconocido incluso filósofos e intelectuales alejados de él, hay una cadena de eslabones luminosos. Se inicia con el Evangelio, continúa con la fundación de las universidades por la Iglesia durante la Edad Media y el Renacimiento, prosigue con los principios rectores de los pensadores y legisladores ingleses, americanos y franceses (y, antes, también españoles: recuérdense las admirables aportaciones de la llamada Escuela de Salamanca, de Domingo de Soto, Luis de Molina, Francisco Suárez o Bartolomé de las Casas, con esa primera gran reivindicación de la libertad individual y de la soberanía del pueblo, inusitada para su época) que abolieron la esclavitud y definieron la esencia de la democracia, y que han tenido su última plasmación en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por supuesto, en esa historia de grandes luces también ha habido, y hay, espacio para las sombras, pero ¿qué institución en la que participen seres humanos no las tiene, sobre todo si es milenaria?

 

Entre esas luces quise referirme particularmente a lo que supone la consideración, fundamental en el cristianismo, de hombre y mujer como imagen de Dios, lo que confiere al ser humano una dignidad sagrada (res sacra, que diría Séneca) e inalienable, con los mismos derechos y obligaciones; que, al ser todos hijos e hijas de Dios, somos también hermanos y depositarios de su Espíritu que vivimos en una casa común que debemos cuidar y estamos unidos por un vínculo, también sagrado, de amor y fraternidad; y que esta consideración se extiende, sin excepciones, a todos los seres humanos, particularmente a los más excluidos y vulnerables, tanto en aquel mundo en el que históricamente surgió el cristianismo –mujeres, niños, esclavos, refugiados, emigrantes, pobres, ancianos, enfermos…–, como en este, esas periferias que tanto preocupan al Papa y para los que la Iglesia debería ser siempre un acogedor hospital de campaña.

 


La censura no cabe en una universidad
Lo último que a duras penas pude decir a ese público, ya sin micrófono, es que la censura no debe tener cabida en la universidad, porque lo propio no solo de la universidad, sino de cualquier ámbito civilizado, es un verdadero encuentro, un dia-logos, un intercambio razonado, respetuoso y libre, y a ser posible amable, de argumentos y opiniones. En este tema, ¿es también España diferente? ¿Algún presidente español podrá acabar algún día sus discursos, como la hacía el presidente –demócrata– Obama, con un «Dios bendiga América», sin que nadie se rasgue las vestiduras?

 

Tengo, por último, la impresión de que este debate no preocupa actualmente demasiado ni a la sociedad española en su conjunto, ni particularmente a sus campus universitarios, por más que una minoría, muy mediática e influyente, se empeñe continuamente en reavivarlo. Al menos, las encuestas que diversos medios de comunicación han realizado sobre el tema muestran a una inmensa mayoría que no ve problemas en que haya capillas y otros símbolos religiosos en los espacios públicos. Otra cosa es la composición de las juntas de facultades y otros órganos de representación, que quizá no reflejen del todo esa realidad, en buena medida por la desidia de los que erróneamente suelen inhibirse –y me incluyo entre ellos– en los procesos electorales que periódicamente se convocan. No es, en definitiva, una cuestión de derechas ni de izquierdas, sino de derechos y libertades, en mayúsculas, y de que, en el ámbito concreto que nos ocupa, la universidad sea verdaderamente eso, universal, y nos represente y acoja a todos como alma mater que es o debería ser.

 

Si alguien lee la reseña tan parcial que del acto ha publicado la revista oficial de la Universidad Complutense, la Tribuna Complutense (reproducción exacta, por cierto, de la publicada por Laicismo.org), verá que, al menos en este caso, no se han respetado esos principios de libertad y pluralidad que deben iluminar toda universidad, máxime si es pública, como la Complutense.

 


Felipe G. Hernández Muñoz
Catedrático del Departamento de Filología Griega y Lingüística Indoeuropea. Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid

Alexis

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Alexis - 19-05-2017 - 23:42:47h

-¿Un debate donde todos piensan igual? Vaya debate... Falta de equilibrio en la esencia misma del debate y un redactor de la noticia como eco del sesgo.

Un orgulloso alumno de la Complu

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Un orgulloso alumno de la Complu - 19-05-2017 - 11:41:05h

Un artículo igual de sesgado que el ""debate"". Se ve que la Complutense ha editado su propio diccionario, donde debate ha adoptado el signifcado de "circlejerk". Si no, no me explico que no haya nadie en la mesa con una postura contraria a la de los demás. Ni siquiera un capellán universitario , por eso de que les toca de cerca el tema...
Debió ser interesantísimo ver a todos decir lo mismo con distintas palabras y a los demás protestar: "¡Yo estoy de acuerdo!" "No, ¡yo estoy más de acuerdo! Digo más, pienso exactamente lo mismo."
Lo de que la universidad es para fomentar el pensamiento crítico y las distintas opiniones ¿es sólo para el folleto, o también se va a aplicar en la práctica algún día?
Delicioso el momento de abucheo a la excelente intervención de un profesor del público, que se atrevió (¡insolente!) a decir algo distinto a lo que se llevaba repitiendo hora y media. Representativo de la Complutense, por desgracia.
https://youtu.be/BUhmDaxXe5E?t=5440 (min 1:30:40)


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