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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 16 de diciembre de 2019

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La caza y la deforestación, principales factores de la destrucción de la biodiversidad

Pedro Jordano, investigador de la Estación Biológica de Doñana y Premio Nacional de Investigación 2018 en Ciencias y Tecnologías de los Recursos Naturales, ha impartido la conferencia "Los retos de conservación de la biodiversidad en el antropoceno" en el salón de actos de la Facultad de Ciencias Biológicas. Jordano centró su conferencia en una concepción de la biodiversidad que va más de allá del número de especies existentes, y que se centra en las "interacciones ecológicas entre esas especies". Tiene claro el investigador que la presión de caza es "una de las más influyentes del antropoceno, que no sólo destruye el propio hábitat, sino también las especies, y eso es algo que ocurre desde el final del pleistoceno".

 

Antropoceno es el término con el que se conoce, por una parte creciente de la comunidad científica, a la época actual, una época marcada por el impacto de la actividad humana sobre nuestro planeta. La presencia humana ha tenido aspectos positivos, como el hecho de poder utilizar nuevas técnicas de secuenciación masiva, para "ver que la biodiversidad planetaria es mucho más alta de lo que se pensaba" y que estamos hablando de "alrededor de 8 millones, quizás 11 millones de especies en nuestro planeta". Pero también aspectos negativos, como ser los posibles causantes de un evento de extinción masiva de esa biodiversidad.

 

Explica Pedro Jordano que se considera un evento de extinción masiva cuando "tiene un tiempo de actuación reducido a escala geológica, cuando afecta a un amplio espectro de la biota, no a un único grupo concreto sensible al cambio, y por último cuando no afecta a una localidad concreta, sino que se produce en un ámbito geográfico muy amplio". Con esas mismas características hay cinco grandes eventos definidos a lo largo de la historia de nuestro planeta "y algunos investigadores hablan de uno nuevo, en el antropoceno, que tiene que ver con un incremento de las temperaturas y el aumento de la población humana desde hace unos 15.000 años".

 

Añade Jordano que en los últimos 40 años se han visto tasas de pérdida de diversidad en distintos organismos con cifras que son muy preocupantes, "no sólo en invertebrados, sino también en mamíferos y aves, observando además que asistimos a una pérdida de fauna que afecta inequívocamente a las especies de mayor tamaño desde el pleistoceno". Asegura el Premio Nacional que "hay una especie de enanificación, así que el árbol de la biodiversidad no se está podando al azar, sino que se podan las especies de mayor tamaño, aunque otros taxones también están siendo muy afectados".

 

Además, esa pérdida de biodiversidad acontece a la vez que la pérdida de hábitat, con la deforestación de amplias zonas, no de forma homogénea, sino de forma fragmentada, sobre todo en América y el sudeste asiático.

 

Interacciones ecológicas

Más allá de la biodiversidad entendida como número de especies, existen otras maneras de verla, referidas a su reparto, a su diversidad filogenética o a la genética. E incluso a las interacciones ecológicas entre las especies, aspecto preminente en el trabajo del propio Jordano. Como él mismo aclara "no hay ninguna especie en el planeta que viva sin interaccionar con otras especies, que pueden ser de taxones muy poco relacionados filogenéticamente con ellas y eso ya lo sabía Darwin en 1862 cuando escribió sobre la polinización de las orquídeas por los insectos". En su famoso y concienzudo libro sobre la fecundación de ese tipo de flores habló de las interacciones de las especies que forman una red de relaciones complejas, "y esas interacciones son el soporte de la biodiversidad, sin ellas no hay ecosistemas funcionales".

 

Una idea similar la repitió tiempo después el profesor Ramón Margalef en 1983, en un trabajo conjunto con Emilia Gutiérrez, donde comparaban los patrones de biodiversidad de artefactos que funcionan, como un mando a distancia, con ecosistemas naturales. "En cualquiera de ellos hace falta algo más que la diversidad de piezas, no es suficiente con el inventario de piezas, hace falta saber cómo interaccionan las piezas entre sí para entender cómo funcionan", aclara el conferenciante.

 

De hecho, "hay muchas especies cuya evolución no se puede entender como una interacción del genotipo y el ambiente, sino que hay interacciones con otras especies que nos ayudan a explicar la diversificación biológica". Entre los muchos ejemplos biológicos, se pueden destacar las mitocondrias o los cloroplastos, que regulan el metabolismo celular de organismos superiores y de la fotosíntesis, respectivamente, pero "también las interacciones de polinización y dispersión de semillas por animales, ya que sin ellas muchos de nuestros bosques colapsarían".

 

Trabajos de campo

Cuenta Jordano que en los últimos 20 años, con otros colegas como Jordi Bascompte, se ha dedicado a trabajar sobre patrones de interacción en hábitats determinados entre aves que se alimentan de frutos carnosos y cómo proveen el servicio de dispersión de esas plantas, algo que él mismo denomina "la red de la vida".

 

Esas interacciones especie-especie se observan en la naturaleza, aunque "en realidad no son entre dos especies determinadas, sino entre individuos". A partir de ahí, algunos de los retos que tienen los científicos es descifrar cómo se estructuran esas interacciones, y ver qué ocurre si se pierde una parte de esa estructura, si quizás se destruye la red de la vida. Explica Jordano que "son redes además altamente complejas, en las que no se puede sumar cómo se comporta cada una de sus partes, son sistemas complejos que son mucho más que la suma de las partes, lo mismo que las interacciones en nuestro cerebro".

 

Los trabajos del Premio Nacional y su grupo se están realizando tanto en la Península, como en Canarias y en Brasil, y en ellos están "aplicando técnicas de topología matemática y de las redes complejas, viendo cómo se modifican cuando se alteran los entornos, para con todo ello poder modelar y hacer simulaciones, así que desde la mecánica estadística de la Física y la topología matemática se quiere llegar a la ecología".

 

Para comprobar la robustez de las redes, por ejemplo, "un ejercicio muy sencillo parte de una misma red de interacciones con polinizadores y flores que visitan. Se hace una simulación extrayendo un nodo, una especie, al azar, en cada paso de la simulación, con un algoritmo aleatorio. Se ve que durante bastante trayectoria de la simulación se preserva la estructura inicial, pero si se cambia el algoritmo y se simula un proceso quitando los nodos más conectados, rápidamente se deconstruye la red, y basta correr muy poco tiempo el algoritmo de simulación para que se destruya la red".

 

Animales más pequeños

Considera el investigador que "la especie humana es una especie central dentro de la cadena trófica y tenemos que aprovechar nuestra capacidad de conservación, y no la de destruir, aunque eso está por ver". De hecho, el antropoceno no sólo lleva a la pérdida de especies, sino que "también se extinguen las interacciones, que como afirma Daniel Janzen, es una forma insidiosa de extinción". Además, la pérdida de una interacción se puede producir mucho antes que la extinción local de una especie en un ecosistema determinado, como por ejemplo en la deforestación por zonas que dejan a animales aislados.

 

Entre los estudios de Jordano realizados en la sierra de Cazorla, en las islas Canarias o en Brasil se ha descubierto que han ido desapareciendo los animales más grandes responsables de dispersar semillas. Por ejemplo, en una investigación reciente con la universidad de Sao Paulo sobre la selva atlántica, se ha visto cuáles son las consecuencias de esa pérdida de animales. Allí, el 18% de las especies tienen un tamaño de semillas grandes, y el bosque pluvial atlántico ya se ha quedado acantonado a lo largo de la costa con espacios de muy poca extensión, ocupando sólo un 12% del bioma, y el 80% de lo que queda está en fragmentos de menos de 50 hectáreas. Reconoce el Premio Nacional que "esa pérdida de bosque ha ido acompasado por una presión de caza, una de las más influyentes del Antropoceno".

 

Un tipo de palmito de esos bosques es una fuente fundamental de alimento para muchos frugívoros, y se ha visto que "en áreas bien conservadas donde la presión de caza no es tan alta y la deforestación es más reducida se conservan un gran número de especies de aves, pero cuando hay esa presión, sólo quedan unos pocos, los más pequeños, que no son dispersores de las semillas". De hecho, "en los ambientes más fragmentados quedan los pequeños túrdidos, que no pueden dispersar las grandes semillas, y eso tiene unas consecuencias bastante drásticas desde el punto de vista de la funcionalidad de los servicios de dispersión". Jordano pone un ejemplo muy gráfico para que se entienda la pérdida de aves grandes: "Se reduce el tamaño de aves frugívoras en hasta siete veces el tamaño, es como si un rottweiler lo cambias por un pug o carlino".

 

Un fenómeno curioso, que se ha visto también en otros ambientes y con otros animales, es que donde se ha perdido el hábitat "hay un truncamiento y no existen semillas de gran tamaño, como si hubieran desaparecido los palmitos que producen semillas de gran tamaño en muy pocos años, como un evento de evolución muy rápida. En muy pocas generaciones vemos esa coevolución en los últimos 500-200 años, coincidiendo con la fragmentación del bosque".

 

Ante esta pérdida de biodiversidad y de hábitats a veces se ha optado por introducir especies, como ha ocurrido en el Teide, donde se ha autorizado la instalación de colmenas en épocas concretas para favorecer la polinización con abejas no nativas de esas islas. El resultado no ha sido el esperado, porque realmente esas abejas "causan una disrupción que favorece una pérdida de servicios ecológicos, ya que desaparecen los vertebrados polinizadores, como lagartos y aves. Se pierden también abejas solitarias. Quedan sólo pequeños coleópteros y en la red sólo quedan las abejas".

 

Recomendaciones para políticos

Considera Jordano que la biología de la conservación tiene la responsabilidad de poner los resultados científicos en un contexto político y hay que encontrar una forma de transferencia para ver cuáles son las acciones inmediatas al menos para frenar el escenario de pérdidas. Algo que choca, por ejemplo con lo que está haciendo ya el nuevo gobierno de extrema derecha de Brasil "que está desmontando todos los intentos que se habían realizado hasta ahora para la recuperación de la flora y la fauna".

 

Para el investigador, hay "otra vía de acción más compleja que es ver cuáles son los mimbres que hay que tocar para que la restauración sea lo más rápida y compleja posible. Es un gran reto para todos los sistemas complejos y como es obvio que no se pueden reconstruir todos, es fundamental ver dónde se ponen los recursos".

 

Reflexiona, por último, que es fundamental "hacer la mejor ciencia que se pueda, porque los grandes avances siempre han venido no por esfuerzos incrementados, sino por replanteamientos". Opina Jordano que "los grandes avances han provenido de retomar conceptos de otra área para pensar de manera diferente para resolver nuestros problemas, porque la ciencia tiene una componente creativa muy fuerte que proviene sobre todo de influjos externos". Aunque no le quita mérito a los que hacen ciencia continuando los trabajos de otros, considera que "hacen falta nuevas evidencias para explorar antiguas cuestiones, hacen falta respuestas rápidas, urgentes, basadas en ciencia absolutamente sólida, como la roca. ¿Cómo puedo cambiar mi disciplina? Eso es lo que más puede favorecer el desarrollo de cualquier ciencia".

Pedro Jordano, investigador de la Estación Biológica de Doñana y Premio Nacional de Investigación 2018 en Ciencias y Tecnologías de los Recursos Naturales, ha impartido la conferencia Los retos de conservación de la biodiversidad en el antropoceno en el salón de actos de la Facultad de Ciencias BiológicasEl salón de actos de Biológicas se llenó de estudiantes para escuchar al nuevo Premio NacionalEl grupo de Jordano realiza estudios tanto en la Península, como en las Canarias y en BrasilPedro Jordano junto al profesor Javier Pérez Tris, de la Facultad de Ciencias BiológicasPedro Jordano le presta especial atención a las interacciones ecológicas, porque no hay ninguna especie en el planeta que viva sin interaccionar con otras especies
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