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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 3 de agosto de 2020

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Los jóvenes, el grupo de edad que más sufrirá psicológicamente por la pandemia

Desde el comienzo de la pandemia, el grupo de investigación UCM "Psicopatología y salud mental positiva: mecanismos e intervenciones", ha realizado una encuesta con miles de personas para conocer cómo esta afectando la COVID-19, tanto por la enfermedad como por el confinamiento. El proyecto se realiza en paralelo, en la mayor de parte de las medidas utilizadas, con la University of Sheffield y la National University of Ireland at Maynooth, y la colaboración permitirá comparar los resultados de la UCM con los de las encuestas en esos países. La profesora Carmen Valiente, miembro del grupo de la Complutense, informa de que se han realizado 2.070 encuestas en España, de las que se han quedado con una muestra de 1.950, que han sido también algo más de 2.000 en Reino Unido y otras 2.000 en Irlanda, y "como los resultados son tan múltiples se han decidido partir en segmentos, para que no sea tan masivo". De momento se han publicado dos informes, el primero de ellos sobre el conocimiento general de la enfermedad provocada por el SARS-Cov2, y el segundo sobre los síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático. Valiente resalta que de este último ha sorprendido que el grupo más vulnerable no sea el de los mayores, sino el de la gente joven.

 

Carmen Valiente explica que esta conclusión se puede deber, quizás, a que "han pasado el confinamiento peor que la gente con mayores ingresos y mejores viviendas, además están en un momento en el que tienen que buscar trabajo o terminar sus estudios, y todo eso se ha visto truncado".

 

El grupo de la UCM, formado por las tres estudiantes de doctorado, Vanesa Peinado, Alba Contreras y Almudena Trucharte, además del profesor Carmelo Vázquez y de la propia Carmen Valiente, ha utilizado para este estudio "instrumentos de medidas de síntomas validados y estandarizados en la comunidad internacional y usados con frecuencia en protocolos de investigación anteriores". En el informe señalan que "la presencia de síntomas elevados no indica necesariamente la presencia de un trastorno mental diagnosticable, para lo que se requiere tener en cuenta factores como el funcionamiento general de la persona y el nivel de sufrimiento que esos síntomas conllevan.  De modo que los datos del informe han de interpretarse de modo cauteloso y asumiendo que son sólo síntomas indicadores generales de malestar, no diagnósticos de problemas mentales".

 

La muestra de esas 1.950 encuestas válidas está compuesta por personas entre 18 y 75 años, que es representativa de ciudadanos en España, tanto por edad como por sexo e ingresos en las distintas comunidades autónomas. Se realizó entre los días 8 y 10 de abril, es decir, veintiséis días después de la proclamación del primer estado de alarma, momento que coincidió con el pico de mortalidad diaria en nuestro país.

 

Como el estudio simplemente establece la foto fija entre esos días de abril, la idea es volver a contactar con los participantes en los próximos meses para analizar si cambian las respuestas psicológicas a medida que la pandemia progresa y las medidas de confinamiento y distancia social cambian.

 

Depresión, ansiedad y estrés postraumático

En el segundo informe se destaca que uno de cada cinco españoles presenta síntomas clínicamente significativos de depresión, sin diferencias por género estadísticamente significativas. En cuanto a la edad, los mayores de 45 años muestran tasas menores de depresión, siendo más frecuentes los síntomas en el grupo de edad más joven, el que va de 18 a 24 años.

 

Además, la presencia de problemas previos de salud mental duplica la probabilidad de tener síntomas depresivos y se aumenta considerablemente si ha habido un aumento de consumo de sustancias durante el confinamiento. Los síntomas se duplican y casi llegan a triplicarse en los grupos de personas a quienes les preocupa mucho o muchísimo la COVID-19, o sus consecuencias económicas de la pandemia, pero sin embargo no hay niveles más elevados de depresión en personas que tenían factores de riesgo asociados a la enfermedad ni en aquellos que han tenido una experiencia directa con la infección.

 

En cuanto a la ansiedad, los datos son similares a los de la depresión, aunque en este caso los síntomas son más frecuentes en mujeres y también aumentan si han sufrido personalmente la infección o si lo ha pasado un familiar o persona cercana.

 

En lo que respecta a los síntomas elevados de estrés postraumático también son los jóvenes los que más lo sufren y sobresale que "convivir con hijos aumenta algo la probabilidad de tener esos síntomas". En este caso concreto es en el único donde se muestran diferencias con los resultados de Reino Unido, con síntomas menores, aunque quizás es porque "en el momento de este estudio los británicos se encuentran en una fase más temprana con medidas de confinamiento más laxas".

 

Conscientes del riesgo

Del primer informe publicado, Valiente destaca que "la mayoría de los españoles conocen perfectamente los síntomas y cómo se transmite, están cumpliendo con los hábitos de higiene y con las recomendaciones hechas por el Ministerio; valoran bien el riesgo de peligrosidad; quizás sobrestiman el riesgo en embarazadas, pero esa es la tendencia habitual a la hora de proteger a ese colectivo, y en cuanto los hábitos de consumo no destaca la compra del papel higiénico, sino más bien del jabón, seguido por alimentos secos (arroces, pastas) y agua".

 

El estudio indica además que la mayoría de la población, por encima del 50%, y algo mayor en hombres que en mujeres, está dispuesta a que le administren vacunas que puedan desarrollarse para la COVID-19, tanto en uno mismo como en familiares cercanos. Esto se relaciona con que casi la mitad de los entrevistados perciben un elevado riesgo de ser infectados en el próximo mes, "lo que muestra la amenaza generalizada de la pandemia y la percepción mayoritaria de riesgo".

 

La principal fuente de información de los españoles es la televisión e internet, aunque el grado de confianza de los medios tradicionales sigue siendo superior al de los medios sociales. Sin duda, la fuente más fiable de información es la que proviene de sanitarios, incluido el propio médico, aunque a los encuestados les gustaría que se incrementase la cantidad de información proveniente de esta fuente.

 

Los mayores niveles de ansiedad se reflejan entre aquellos que tienen un menor nivel de ingresos familiar y es algo mayor en las mujeres, aunque en general no hay diferencias de género remarcables respecto al nivel de preocupación por el impacto de la COVID-19 en la economía familiar.

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