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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 23 de mayo de 2018

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El soplador científico

La UCM cuenta con un taller de vidrio que fabrica, diseña y repara los aparatos de dicho material que se usan en todos los laboratorios

Clase práctica de químicas. Los estudiantes realizan trabajos usando lo que se conoce como una instalación de vacío, que es una gran pieza fija de vidrio o cuarzo. Sin querer, el vidrio se quiebra y el experimento se pierde. ¿Se podrá reponer la instalación de vacío? O incluso aún más allá ¿de dónde salen estas piezas de vidrio que hay en todos los laboratorios y que utilizan todos los investigadores y estudiantes de la Complutense? La respuesta es sencilla: del taller de vidrio.

Dentro de los CAI (Centros de Apoyo a la Investigación) de la UCM hay una serie de talleres de apoyo a la investigación. El que aquí nos atañe es el taller de vidrio que tiene dos sedes, una en la Facultad de Químicas y otra en Farmacia. El personal es bastante reducido, ya que son sólo cuatro: Juan Francisco de la Calle Herranz, Emilio Elvira Muñoz, Israel de la Calle Costoya y Francisco García Berlanga, este último a punto de jubilarse.

La escasez de personal es uno de los grandes problemas de la profesión de soplador de vidrio científico y de hecho Juan Francisco de la Calle asegura que es "un oficio a extinguir". En toda España sólo quedan 25 y el más joven de todos ellos (Israel de la Calle) tiene 30 años. En nuestro país no existe una enseñanza reglada de este oficio, así que la única manera de aprenderlo es entrar de aprendiz en un taller. Allí el joven tiene que enfrentarse a un soplete que escupe fuego a 1.800 grados centígrados y aprender una técnica en la que lo básico es comprender que el vidrio no puede detenerse nunca. Hay que girarlo constantemente y si la pieza es grande y hay que agarrarla con las dos manos, hay que girar al mismo ritmo con las dos manos. En caso contrario el vidrio se derrite y no adopta la forma que uno quiere. Emilio Elvira explica que es un trabajo que requiere un aprendizaje duro y lento, más o menos unos cinco años, hasta que se comienza a trabajar bien con el vidrio.

Y eso es sólo para empezar, porque luego no se termina nunca de aprender. Juan Francisco lleva ya cuarenta años en el oficio y todavía se le presentan retos. Entre las funciones del taller está la de recuperar, reciclar y reparar todo tipo de material de vidrio para laboratorio, pero también diseñar y fabricar prototipos para todo tipo de laboratorios. Nos enseña un dibujo que les han enviado para que realice una sofisticada pieza de vidrio y luego nos enseña esa misma pieza ya realizada y en la que ha trabajado durante muchas horas. Lo bueno del soplado de vidrio con soplete, con respecto al que estamos acostumbrados a ver, el de caña (el que se usa para hacer artesanía), es que el material se puede calentar múltiples veces y eso permite crear trabajos de gran precisión.

Los trabajadores del taller, auténticos enamorados de su trabajo, sueñan con mejores condiciones laborales, pero sobre todo con la incorporación de jóvenes que no dejen que desaparezca su trabajo. El objetivo final es que siga vivo el leitmotiv de la profesión que afirma que "detrás de cada gran investigador hay un gran soplador de vidrio científico".

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