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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 16 de diciembre de 2017

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1,6 millones de euros para desvelar los misterios de la escritura cuneiforme

Enrique Jiménez es investigador Juan de la Cierva del Departamento de Estudios Hebreos y Arameos de la Complutense, y se dedica principalmente a estudiar la cultura cuneiforme, la de la antigua Mesopotamia, sobre todo la literatura babilónica. El 15 de noviembre, recibió en Berlín uno de los seis Premios Sofja Kovalevskaja que entrega anualmente la Fundación Alexander von Humboldt. El propio Enrique Jiménez asegura que este es "el galardón más importante que existe en Alemania para investigadores jóvenes, menores de 40 años, porque está dotado con 1,6 millones de euros para cada premiado, con el objetivo de que el científico vaya a una universidad alemana y allí empiece un proyecto de investigación, creando un equipo para trabajar en el tema elegido durante un periodo de cinco años".

 

El investigador complutense ha elegido, por mediación de la investigadora Karen Radner, la universidad LMU de Munich y se irá allí a principios de marzo de 2018 para desarrollar su proyecto. En su caso concreto se trata "de aplicar un algoritmo que se usa en la ciencia, sobre todo en genética, para encajar secuencias de ADN comparándolas con otras secuencias que se encuentran en bases de datos". Jiménez asegura que "es uno de los algoritmos más comunes en genética y ahora el reto es aplicarlo al cuneiforme, porque el problema que tiene esta escritura es que es una literatura muy fragmentaria, está todo muy roto, incluso en las grandes obras como El poema de Gilgamesh".


Enrique Jiménez saca una copia de ese libro, "que cuenta la historia de un rey babilónico que intenta buscar la inmortalidad y cuando se mira el texto se ve que está lleno de lagunas y no se sabe muy bien lo que dice". En la reproducción del poema se descubren, por ejemplo, "vacíos de treinta líneas o líneas con un solo signo". De ese libro, uno de los más conocidos de su época, se ha calculado que sólo se ha reconstruido el 60%, "lo que así visto no está mal, pero ha llevado 150 años reconstruirlo".


Según Jiménez, "lo más irritante" para los estudiosos de este campo es que la mayoría de los fragmentos no están enterrados, sino que están repartidos por museos, occidentales pero también orientales, porque hay muchos en Irak, pero no hay recursos ni la suficiente gente que se dedique a esto y lo reconstruya todo.


Por eso, gracias a su proyecto se va a ahorrar muchísimo tiempo porque incluye "crear una base de datos enorme de fragmentos a partir de cuadernos de estudiosos que hicieron en el pasado mientras estudiaban esas colecciones, y una segunda base de datos con los textos completos en la medida en la que se puedan reconstruir". Después, el algoritmo que se usa en genética los va a comparar para ver qué encuentran.


Explica el investigador que "hay muchísimos fragmentos que nadie ha estudiado". De hecho, él mismo acaba de sacar un libro sobre textos de disputas entre árboles (una palmera y una viña por ejemplo) o animales (un águila y un chochín), "que son líneas de texto que nadie había leído nunca desde hace milenios y es muy emocionante poder leer algo que nadie ha leído nunca y sobre todo si es una cosa tan bonita como esta". Explica Jiménez que los poemas de disputas son un género que está muy extendido en el oriente desde el año 2000 antes de nuestra era hasta ahora, "donde en Irak se siguen haciendo, ahora entre palmeras y viñas, entre una bicicleta y un burro, por ejemplo, o entre un pozo petrolífero y el buceo de perlas".


Enrique Jiménez empezó estudiando Clásicas y Hebreo en la UCM, pero desde muy pronto tuvo la impresión de que" en Clásicas se trabaja con un corpus que ya está hecho y si uno se interesa por los grandes textos, como la Ilíada, la Odisea o la Eneida hay muy poco que uno pueda decir nuevo, porque la inmensa mayoría ya se ha escrito". Reconoce que ese sentimiento de que uno está repitiendo algo, aunque no lo haya leído, le abrumaba un poco, y frente a eso descubrió "la belleza del campo de la escritura cuneiforme babilónica, donde uno es siempre un pionero y está leyendo cosas que nadie ha leído hace milenios y puede proponer ideas que nadie ha propuesto antes".


Este campo de "la siriología es diminuto, aunque muy internacional, y en la universidad española prácticamente no existe ni en forma de grado ni de posgrado", así que Jiménez sueña con poder fomentarlo en España, aunque eso será después de su estancia en Alemania, "y quién sabe, de aquí a cinco años, cómo han podido evolucionar estos estudios y su interés en el mundo".

Acto de entrega del premio. En la imagen, Johanna Wanka (Ministra Federal Alemana de Educación e Investigación), Enrique Jiménez y Enno Aufderheide (Secretario General de la Fundación Humboldt). © Humboldt-Stiftung/David Ausserhofer
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