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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 19 de octubre de 2019

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Teatro Real, del subsuelo al cielo de Madrid

La Semana de la Ópera 2019 ha culminado con una jornada de puertas abiertas en las que unas 4.000 personas han podido visitar el Teatro Real. Los afortunados han visto la zona de butacas, la de vestuario e incluso la caja escénica (al menos a pie de escenario) algo que el resto de los visitantes que pasan por allí a lo largo del año no suelen poder pisar. Los alumnos del Curso de Verano de la UCM La ópera en su multiplicidad, aprender a ser mortal, han ido bastante más lejos y han hecho una larga visita técnica que les ha permitido, no sólo pisar esa caja escénica, sino moverse por las siete plantas del subsuelo y las catorce que hay por encima del escenario, para disfrutar de todos los "entresijos" del Teatro Real desde que entra la escenografía en el edificio hasta que se ubica en dicho escenario.

 

El cicerone en esta visita tan especial ha sido Mariano Zapardiel, coordinador de prevención de riesgos laborales del Teatro Real, que ha dirigido al grupo desde el zaguán donde llegan los camiones con las diferentes piezas de los decorados. Allí ya es posible hacerse una idea de las dimensiones de un teatro que por fuera parece mucho más pequeño, pero que por dentro, desde el nivel freático hasta el casetón tiene un total de 77 metros de altura, como Torres Blancas o la Torre del Retiro.

 

En el zaguán donde se recibe el material hay una plataforma capaz de elevar tráileres hasta 2,70 metros de altura sobre el nivel de calle, que es donde está ubicado el escenario. Para ser más exactos, la plataforma permite descargar la escenografía detrás del escenario y parte del material, como las pesadas telas, se dejará allí mismo, en unos espacios denominados nichos, por su semejanza con estos, mientras que el resto se bajará a la zona de montaje a través de unas plataformas como las que permitirán hacer los cambios de escenografía.

 

Justo debajo del escenario hay una pequeña planta a la que se puede acceder por unas escotillas, lo que permite que los actores puedan entrar y salir sin tener que hacerlo por el foro. Zapardiel explica que es el mismo mecanismo que utilizan los magos para hacer desaparecer gente, animales y objetos y que aparezcan por cualquier otro lado.

 

Por debajo del suelo

Bajando a la planta menos 6, que se encuentra a algo más de 16 metros bajo el nivel del suelo, nos encontramos con muchos contenedores, de hecho en el Teatro Real hay hasta 500, donde se puede almacenar el material de cualquier producción musical. En el momento de este reportaje en esa planta se está montando ya, como si fueran piezas de un enorme puzzle, el escenario de Don Carlo, que se estrenará a comienzos de la próxima temporada, en concreto el 18 de septiembre.

 

Un sistema de plataformas permite subir el decorado completo hasta el escenario. Las cuatro plataformas que están más cerca del público se conocen como las rosas, que se pueden mover desde más cuatro metros por encima del escenario hasta esos menos 16 metros donde se montan los decorados. A ellas ese unen las cinco plataformas azules, cuyo recorrido es desde cero a menos 16 metros, y que se pueden mover tanto en horizontal como en vertical, mientras que las cuatro verdes sólo se mueven a nivel de escenario.

 

Los nombres de colores de las plataformas los puso en su día el jefe de proyecto porque resultaba muy difícil orientarse con otras denominaciones, al igual que ocurre con la orientación en el escenario, que se hace de acuerdo con las calles que rodean al edificio: Felipe V, Carlos III, Palacio y Ópera. Así, los técnicos jamás hablan de izquierda o derecha, delante o detrás, que son puntos que siempre dependen del hablante, sino que se denominan con esos cuatro nombres propios, y así no hay confusiones posibles.

 

Las plataformas que suben y bajan los decorados completos permiten intercambiarlos sin problemas durante los descansos, que suelen durar entre 20 y 30 minutos, o si el decorado es muy grande y muy complejo la pausa se puede alargar hasta los 40 minutos. Cuenta Zapardiel que en algunas óperas como La Bohème, de Puccini, se contó con tres escenografías diferentes, la buhardilla se montó en las plataformas rosas, la calle en las verdes (que en ese caso se ubicaron detrás del escenario) y la aduana, que estaba debajo esperando su momento. La velocidad a la que suben y bajan las plataformas es bastante rápida, de un metro por segundo, y una vez que los decorados llegan a la planta menos seis se pueden apartar o bien a mano, o bien sobre unos palés que se mueven gracias a un sencillo sistema mecánico con un joystick.

 

La caja escénica del Teatro Real es la más grande de los teatros de toda España y probablemente de Europa. Joan Matabosch, director artístico del Real que acompañó a los estudiantes del Curso de Verano en la visita técnica, informa de que el Liceo es más baja, pero tiene más hombro (es decir, el espacio entre los dos laterales del escenario) y eso permite que los decorados se muevan hacia los lados y que no haga falta un sistema tan complejo de plataformas.

 

El nivel freático

Por debajo de esa planta menos seis, a veinte metros bajo tierra, se llega al nivel freático, ya que por aquí justo pasaba un río que ahora está desviado por los laterales del Teatro, lo que provoca que en los alrededores haya muchísima agua y que a veces haya filtraciones.

 

En lo que Zapardiel denomina "el corazón del Teatro Real" descubrimos que hay un punto en el que es imposible horadar más la tierra, así que para subir y bajar las plataformas no se ha podido hacer con un ascensor normal que necesita más profundidad para instalar la caja. Por eso se decidió utilizar un mecanismo que se inventó para los portaviones, conocido en el Teatro Real como "espirulinas", que permite subir y bajar plataformas con muchísimo peso encima. A simple vista parece estar formado por unas columnas macizas, pero en realidad están huecas y pasan de diez metros de altura hasta ochenta centímetros, "gracias a un mecanismo telescópico, como si se fueran generando y degenerando a sí mismas".

 

Como es lógico, para mover todas estas maquinarias y las plataformas hace falta mucha energía y unos contrapesos, que en este caso son unas cadenas enormes. Zapardiel explica que hay generadores de emergencia en el teatro por si hay un apagón, pero que no tendrían la fuerza suficiente como para mover los decorados.

 

A las alturas

A 31 metros de altura está el sistema de todos los elementos que sirven para colgar la escenografía, con unas 130 máquinas y varas que sujetan hasta 750 kilos cada una y que se pueden electrificar para suministrar energía. Una sola persona, o dos, depende de los elementos que haya que mover, ubicadas en la galería dos, a 15,4 metros sobre el escenario, pueden moverlos todos, gracias a cuatro joysticks. Este movimiento general se consigue gracias a un sistema por el que se pueden definir cuántas máquinas se mueven con cada joystick, el recorrido que van a hacer, a qué velocidad y cuánto tiempo van a tardar en hacerlo.

 

Una planta por encima de donde cuelgan las varas se ve el sistema de poleas que están construidas de tal manera que no tienen elementos que se puedan caer al vacío cuando es necesario cambiarlos. Gracias a todo este sistema, de las plantas más altas se pueden colgar, de manera segura, parte de la escenografía, las luces, los textiles o incluso a veces algunas personas. Álvaro Torrente, director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), que también acompañó en la visita a los estudiantes, recuerda que eso de colgar actores se hacía ya en el siglo XVII y que escenarios que giraban con ruedas (aunque mucho menos sofisticados, por supuesto) ya existían en Roma.

 

Más arriba todavía, desde la Parrilla 0, que es el punto más alto al que se puede ascender por dentro del Teatro, ya sólo quedan algunos mecanismos de poleas e incluso se puede observar el interior del tejado del Teatro Real. Desde allí, si uno no tiene vértigo, puede observar, por un suelo de rejilla, el escenario que está a 41 metros de distancia. Y lo que se nota desde aquí, tocando ya casi el cielo de Madrid, es que los arquitectos del Teatro Real hicieron que toda la caja escénica fuera diáfana, de tal manera que todo el peso lo sujetan las paredes.

 

Tras descubrir los misterios de uno de los teatros más importantes del mundo, ahora ya sólo queda bajar, volver al suelo y quizás comprar alguna de las entradas para la próxima temporada de ópera, y disfrutar alguna obra sentados tranquilos desde el patio de butacas.

Los alumnos del Curso de Verano de la UCM La ópera en su multiplicidad, aprender a ser mortal llegan al Teatro Real para la visita técnicaMariano Zapardiel, coordinador de prevención de riesgos laborales del Teatro Real, recibe a los estudiantes para comenzar la visita técnica. A su derecha, Joan Matabosch y frente a él Álvaro Torrente, codirectores del cursoLa planta menos 6 se encuentra a algo más de 16 metros bajo el nivel del sueloA veinte metros bajo tierra, se llega al nivel freático en lo que Mariano Zapardiel denomina el corazón del Teatro RealA simple vista este mecanismo parecen ser unas columnas macizas, pero en realidad están huecas y pasan de diez metros de altura hasta ochenta centímetros, gracias a un mecanismo telescópico, como si se fueran generando y degenerando a sí mismasA 31 metros de altura está el sistema de todos los elementos que sirven para colgar la escenografía, con unas 130 máquinas y varas que sujetan hasta 750 kilos cada unaDesde la Parrilla 0, que es el punto más alto al que se puede ascender por dentro del Teatro, ya sólo quedan algunos mecanismos de poleas e incluso se puede observar el interior del tejado del Teatro RealÁlvaro Torrente, director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), y el profesor Víctor Sánchez posan con los alumnos tras la visita técnica al Teatro Real
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