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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 19 de octubre de 2019

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Javier Suárez Pajares y el legado del maestro Rodrigo

Hasta el 8 de septiembre la sala Hipóstila de la Biblioteca Nacional acoge la exposición "El paisaje acústico de Joaquín Rodrigo", una ocasión única para conocer en la proximidad a uno de los más destacados compositores españoles del siglo XX. "A la altura de un Falla o un Albéniz", puntualiza el catedrático complutense de Musicología Javier Suárez Pajares, quien en estos calurosos días de julio ha dirigido en la sede madrileña de Noviciado un seminario sobre Joaquín Rodrigo dentro de la programación de los Cursos de Verano de la UCM. Nos citamos con él para visitar la exposición, acompañados de una de las comisarias de la muestra, Ana Benavides, y de algunos de los asistentes al curso, a quienes no les ha importado alargar la jornada matinal del curso durante unas horas más por la tarde.

 

Suárez Pajares felicita a Benavides por el planteamiento de la muestra y disfruta de cada fotografía, instrumento, documento o partitura que la conforman. La comisaria explica que la exposición se ha estructurado en seis apartados: su vida; su mujer, Victoria Kamhi; su labor como compositor; su faceta de intérprete; su vertiente de escritor prolífico y de calidad, y, por último, su legado: "Rodrigo, músico de ayer y de hoy". Sobre su vigencia, Suárez Pajares apunta que el guitarrista de Queen, Brian May, es uno de los mayores admiradores de Rodrigo, y que solo la cargada agenda que le impuso el éxito de la película Bohemian Rapsody, ha evitado su presencia en el curso de verano.

 

Ana Benavides lleva la voz cantante durante la visita, pero, aunque se ve que intenta refrenarse, Suárez Pajares no puede evitar ir comentando, aclarando o contando alguna anécdota referida a lo expuesto. No en vano, Javier Suárez Pajares es sin ningún género de dudas el mayor experto mundial sobre la obra del maestro Rodrigo. "La verdad es que sí, que soy el mayor experto sobre Rodrigo -comenta con cierto rubor-.Empecé a estudiar Rodrigo en el año 96, creo recordar, en los Cursos de Verano de El Escorial. Era ya muy mayor y compareció por videoconferencia. Lo organizaba Raymond Calcraft, un profesor inglés, que por cierto en el curso que estoy dirigiendo ha impartido la que ha dicho que es su última conferencia, que ha sido magnífica. En estos veintitantos años no he dejado de trabajar en Rodrigo y ahora por fin he encontrado un buen editor en Nueva York, Norton, que es una editorial excelentísima, y he firmado una biografía que tengo que entregar el 15 de noviembre, y estoy aprovechando un sabático para escribirla".

 

- Háblenos del capítulo sobre Rodrigo y la Universidad Complutense

- Lo cierto es que es algo ya muy conocido. Pero sí, en el curso 1947-48 a Rodrigo le nombran profesor de la Universidad Complutense para impartir unas clases de música a alumnos que la eligiesen de forma libre. En el año 52 el rector Laín Entralgo crea una Cátedra Manuel de Falla y se la encomienda a Joaquín Rodrigo, quien la ocupa hasta su jubilación en 1976. Es muy interesante y muy bonita la labor que hace. Fue el primer profesor de música de la UCM.  Antes incluso ya había estado en la Universidad. En el año 1926, en la sede de San Bernardo, asistió a la lectura de la tesis doctoral de Leopoldo Querol, a quien luego dedicó su concierto para piano y orquesta, que era un filólogo, profesor de filología de instituto y que leyó una de la primeras tesis sobre música. Todos los gerifaltes del arte y de la historia de la época reivindicaron entonces la inclusión de la música en la universidad. Pensaban en Querol, sin darse cuenta de que bastantes años después iba a ser Rodrigo.

 

- ¿Qué tiene Joaquín Rodrigo para dedicarle veintitantos años de investigación?

- Pues yo creo que es uno de los temas más importantes de la musicología española. Es un compositor genial, de forma sólida, sin fisuras, como puede ser solo un Falla o un Albéniz. Lo que necesita son personas que le estudien, porque efectivamente a pesar de tener esa importancia y ser un compositor tan fenomenal no hay suficiente gente que le estudie. Quedan muchas lagunas en su estudio, no como Falla o como Albéniz, que tienen mucha bibliografía y muy buena. En cambio Rodrigo, no, y esa es una cosa inaudita.

 

- A Cervantes se le conoce por El Quijote, siendo mucho más que eso, y a Rodrigo por el Concierto de Aranjuez, siendo también mucho más que eso. ¿Es una comparación acertada?

- Es absolutamente certera, pero incluso yo diría que Cervantes no tiene nada mejor que El Quijote, pero sin embargo Rodrigo sí tiene una obra que él estimaba más que el Concierto de Aranjuez, y que yo también estimo más, y que cualquiera que la conozca, y la verdad es que no la conoce casi nadie, diría que es mejor. Se llama precisamente Ausencias de Dulcinea, que es una obra que aporta una lectura interesantísima sobre El Quijote. Es fantástica. Es una obra para cuatro sopranos, para bajo y gran orquesta, y es una obra que es carísima de hacer, porque para una obra que no dura ni media hora hay que contratar a cuatro solistas y una orquesta gigante. Por eso no se hace nunca, pero existen grabaciones que se pueden escuchar y yo creo que es la gran obra y Rodrigo pensaba también que era la gran obra. Es una vergüenza a nivel nacional que las orquestas nacionales españolas o estatales no hagan esa obra todos los años. Es cara, pero es magnífica. Hay otras muchas obras, que aunque poco sí se hacen. Este año la Orquesta Nacional de España ha hecho una obra que es alucinante, que está inspirada por su visita a Cabo Cañaveral y su excitación cuando le contaron los astronautas cómo era el espacio. Él, ciego, se imaginó muy bien ese espacio e hizo una obra que se llama La búsqueda del más allá, un poema sinfónico para orquesta, que se ha tocado este año y con muchísimo éxito, y siempre que se hace lo tiene y sobre todo en Estados Unidos. Allí es una obra que está considerada como de repertorio, cosa que aquí no.

 

- ¿Ser ciego condicionó la música de Rodrigo?

- Sí, claro, absolutamente. Aunque él pensaba que no. El decía que no, que no le condicionaba nada, pero por supuesto que ser ciego a cualquier persona le condiciona totalmente para todo. Esa es mi idea. La suya es que no le condicionaba para nada. Yo creo que hay un punto intermedio. Hay muchos elementos de su música que a mi entender lo dejan claro. Él tenía una concepción temporal de la música, no una concepción espacial. Es decir, las proporciones son proporciones que son musicales porque son temporales. Cuando muchos compositores componen viendo, él no. Él compone escuchando, pensando la música en su dimensión temporal, nunca jamás en su dimensión espacial. Y luego, la forma que tiene de acercarse a los instrumentos, que es figurándoselos espacialmente en su cabeza. Es decir, lo que él desarrolló fue unas habilidades de visión espacial a la hora de escribir para instrumentos. Por eso su lenguaje instrumental es tan complejísimo, pero porque es teóricamente posible en términos espaciales: dónde se colocan los dedos en la guitarra, en el piano, en los violines, en el violonchelo... Pero es efectiva. Es una aproximación original posible, pero muy poco convencional a la hora de hacer música con cada instrumento, sobre todo con la guitarra muy particularmente.

 

- Rodrigo abrió el camino de la musicología en la UCM. Pero tras su jubilación se abrió un vacío que hasta los años 90 no se volvió a comenzar a llenar. ¿A día de hoy, le quedan pasos por dar a la musicología en la universidad? ¿Está ya donde debe estar?

- Sí, absolutamente. Somos un grado. Tenemos un doctorado. Todo saludable. Hombre, queremos tener más importancia, queremos tener más número, más presencia, pero hemos llegado a la normalidad con el último plan. Desde que se han hecho los grados somos un grado normal y corriente, con nuestro máster, con nuestro doctorado, con una plantilla de profesores, que aunque nunca puedo decir que sea suficiente, sí es aceptable, y con una actividad investigadora muy notable. Para esto tuvieron que pasar 80 años de la tesis de Querol, y se hizo con mucha dificultad. Después de Rodrigo apenas quedó nada; una profesora, un profesor, pero no era lo mismo. Fue un momento de involución crítico. Luego, cuando la Complutense se reincorporó a los estudios de musicología fue ya muy tarde. Ya existían en Oviedo, en Granada, en Salamanca, en Valladolid... Y por fin la UCM decidió poner unos estudios de musicología. Muy tarde, sí, pero nunca es tarde si la dicha es buena.

 

La visita por la exposición de la Biblioteca Nacional hace las delicias de los estudiantes del curso de verano y de quienes les acompañamos. Las anécdotas respecto al maestro Rodrigo son numerosas. Tenía el carné nº 1 de la ONCE y fue poseedor del primer bastón extensible para invidentes. El tamaño de sus manos era similar a las de un niño de no más de 10 años; él mismo apenas sobrepasaba el metro y medio de altura... Pero era grande, muy grande: en apenas un año consiguió aprobar con las máximas notas todas las asignaturas del conservatorio; tocaba el violín, el piano, la guitarra..., puso banda sonora a varias películas, fue investido honoris causa por varias universidades -incluida la UCM en 1989–, sus obras se han escuchado en los mejores auditorios del mundo... "La verdad es que no es aún valorado en su justa medida", concluye Suárez Pajares, convencido de que la biografía que está ultimando servirá en buena medida para reparar esta situación.

 

El catedrático Javier Suárez Pajares posa ante el cartel de la exposición sobre el maestro Rodrigo en la Biblioteca NacionalAna Benavides y Suárez Pajares (ambos a la derecha) junto a los alumnos del curso que visitaron la exposiciónSuárez Pajares explica un detalle de la muestraAna Benavides es la comisaria de la exposición, junto a Walter Clarck
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