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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 31 de mayo de 2020

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Sumisión química y agresión sexual

En la cuarta parte de los delitos sexuales se detectan sustancias que disminuyen la conciencia y la capacidad de consentir ante cualquier acto o propuesta de carácter sexual. De forzar a que digan sí a lo que dirían que no. Tras este dato se esconde la denominada sumisión química, es decir la utilización de agentes químicos para manipular la voluntad de las personas o modificar su comportamiento con fines delictivos. Gabriela Peña, presidenta de la Comisión de Humanización del Hospital Infanta Leonor, de Vallecas, donde trabaja en el servicio de Urgencias, impartió el pasado 3 marzo una charla en el Pabellón de Gobierno de la UCM, organizada por la Unidad de Igualdad, para alertar de esta práctica, saber cómo identificarla y cuál es la mejor manera de ayudar a las víctimas.

 

La doctora Peña lleva ya una década trabajando en servicios de urgencia. Ella es una de las pocas médicas especializadas en violencia sexual, por lo que cada día o noche se topa con no pocas mujeres destrozadas. "Como mujer te afecta de manera bestial, profunda. Te causa un dolor innato, que tienes que saber cómo gestionarlo y, aún así, a veces colapsas", cuenta a la vez que confiesa que ella misma acude a terapia de manera regular para aprender a gestionar la manera de acercarse cada día a esa lacra que es la violencia sexual, en la que la sumisión química es una variedad al alza.

 

Difícil de identificar

Cuenta la doctora Peña que en muchas ocasiones la sumisión química no es identificada, ya que los médicos no tienen la suficiente formación en este campo. Es por ello, por lo que desde asociaciones o comisiones de los propios hospitales se está trabajando en dar a todo el personal sanitario esa formación, lo que a veces a día de hoy sigue sin ser fácil, sobre todo entre el personal de mayor edad. "Los jóvenes ya van llegando con una mayor sensibilidad y conciencia de género", apunta la médica, a la vez que señala la necesidad de que el personal de los hospitales conozca no solo cómo identificar este tipo de casos o de violencia sexual en su conjunto, sino también de cómo actuar con la policía, jueces, forenses, etcétera. "Lo más importante es ayudar a la víctima", concluye, poniendo como ejemplo que no todos los médicos de centros de salud e incluso de hospitales saben que si se les presenta un caso que consideran de violencia sexual es la policía quien debe trasladarse allí, que no hay que entregar el parte de lesiones sin una solicitud judicial o que la policía no debe entrevistar a la víctima a solas.

 

Tipos de sumisión

En lo referente a la sumisión química, Gabriela Peña informó de que existen varios tipos, de acuerdo tanto al momento como al objetivo que persigue el delincuente. La que no comienza en un ambiente en el que ya se está consumiendo alcohol o drogas recreativas, sino que su autor es quien propicia desde el primer momento la ingesta suele estar más relacionado con robos y dirigidos a personas mayores. En cambio si se aprovecha que la persona ya está borracha o drogada o en vías de perder el control, el objetivo suele ser sexual. Lo más común, según explicó la doctora Peña, es aprovechar el estado de semiembriaguez o de desinhibición que provocan las drogas recreativas más frecuentes para en ese momento suministrar otras drogas específicas, que se caracterizan por su efecto inmediato, desinhibitorio y que, incluso, provocan amnesia anterógrada (la que afecta al corto plazo).

 

Productos más utilizados

Los productos más utilizados son los BZP (flunitrazepan, alprazolam), hipnóticos (Zolpidem), cannabinoides, analgésicos-anestésicos (quetamina, fentanilo o escopolamina), barbitúricos, GHB (anestésico para caballos) y drogas de abuso (opiáceos, cocaína...). No obstante, el mayor porcentaje de casos de violencia sexual siguen vinculados a día de hoy con la ingesta de alcohol.

 

Hay que creerlas y actuar con rapidez

Las víctimas de sumisión química suelen llegar a los servicios de urgencia hospitalarios al día siguiente por su propio pie, y en los casos más graves en ambulancias del 112. En la mayoría de los casos llegan diciendo que creen que han sido violadas, pero no lo recuerdan con exactitud. Sus relatos suelen ser incongruentes, ya que precisamente muchas de las sustancias utilizadas tienen efectos alucinógenos. Este es el momento en el que el personal sanitario debe creerla y actuar con rapidez, ya que muchas de esas sustancias se eliminan con rapidez. Por ejemplo, la escopolamina, la popular burundanga, en apenas 4 horas ya no deja rastro en sangre.

 

Principales indicios

Como señala la doctora Peña, hay indicios que deben alertar de la posibilidad de que esa mujer haya sido víctima de violencia sexual, a través de sumisión química: amnesia completa o parcial, resaca desproporcionada o síntomas no acordes con lo que dicen haber tomado, agitación, alucinaciones, alteración del juicio, confusión...  Otras señales son incluso más claras: dice haberse despertado desnuda o con la ropa desarreglada, había fluidos en su cuerpo o ropa, presenta lesiones o alteraciones inexplicables, se ha despertado con un desconocido al lado... "Los médicos debemos creer a las víctimas. Si no es cierto lo que dicen, ya se encargarán en otras instancias de averiguarlo", sentenció la doctora.

 

Acompañarlas y escucharlas

La charla, además de para alertar de esta situación o de describir cómo se trata en los hospitales, también tuvo como objetivo dar una primera formación en este tema a las trabajadoras de la Unidad de Igualdad de la UCM. Así, se les indicó que en caso de que alguna persona de la comunidad universitaria denuncie, alerte o mencione haber sido víctima de violencia sexual por sumisión química o sin ella, es fundamental darlas acompañamiento, que se sientan seguras lo primero. No hay que emitir juicios de valor, hay que permitir el relato espontáneo, respetar los tiempos, tener actitud de escucha desde la valoración positiva de sus emociones; registrar el relato (de cara a denuncias o escritos a fiscalía), y en el caso de estar en el lugar de los hechos, no alterar el escenario pero garantizar su seguridad; avisar a quien ella pida, además de, por supuesto, al 112 para que proceda a su traslado al servicio de urgencias hospitalario. A día de hoy, lo mejor es que el traslado se haga al Hospital de La Paz, ya que en él en el único en el que se hacen los reconocimientos forenses, por lo que si se acude a cualquier otro de la ciudad de Madrid, la víctima de violencia sexual será trasladada posteriormente hasta La Paz, con la revictimización que ello supone, al tener que ser tratada de nuevo por personal médico, policía... Según señaló la doctora Peña esta situación está a punto de ser modificada, aunque la aprobación de la normativa que lo subsanaba estaba prevista para el pasado mes de febrero y parece que ya no lo será hasta el verano o incluso después.

 

No hay prototipo de mujer víctima

Lo último que quiso dejar claro la doctora Gabriela Peña es que  todo el mundo debe "tener claro que no hay un prototipo de mujer víctima de violencia sexual". Y en el caso de la sumisión química, hay que tener en cuenta que en muchos de los casos al haber drogas de por medio les persigue "un sentimiento de culpa bestial, sienten vergüenza, tienen miedo a no ser creídas... Necesitan nuestra ayuda", concluyó la doctora Peña su intervención en la charla organizada por la Delegación del Rector para Igualdad.

 

La doctora Gabriela Peña preside el Comité de Humanización del Hospital Infanta LeonorLa doctora Peña, con las trabajadoras de la Unidad de Igualdad. A la derecha, la directora de la Unidad, Magdalena Suárez
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