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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 4 de junio de 2020

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Juan Luis Arsuaga y Jesús Gallego comienzan sus cibertertulias de ciencia y ficción

Cuando Jesús Gallego, catedrático del Departamento de Física de la Tierra y Astrofísica, ocupaba el cargo de subdirector en la Fundación General de la UCM, ideó una serie de tertulias científicas con Juan Luis Arsuaga, catedrático del Departamento de Paleontología, con quien tiene "amistad desde los años noventa". Se plantearon incluso la posibilidad de hacerlas en la sala Galileo, siempre con la idea de que fuesen "unas tertulias informales en las que tratasen temas de manera conjunta", Gallego hablando desde el punto de vista de la astrofísica, y Arsuaga dese el punto de vista de la paleontología humana y la filosofía. La opción de la sala Galileo no salió, pero "sí un par de pruebas que han  tenido muy buen resultado", una de ellas en el Museo de Evolución Humana de Burgos, y la otra en la Facultad de Físicas, dentro de la XIX Semana de la Ciencia. Al llegar el confinamiento por la COVID-19, los dos científicos, motivados por sus ganas de aportar algo a la sociedad, han decidido retomar estas charlas, pero ahora por videoconferencia. La idea inicial es "realizar una por semana, mientras dure la reclusión, y luego irlas espaciando quizás a quince días o a un mes". La primera de estas charlas científicas, enmarcadas bajo el nombre "Cibertertulias complutenses de ciencia... y un poco de ficción" se ha celebrado este viernes 1 de mayo a las 18 horas en torno a "Blade Runner: ciencia y conciencia", acompañados por María Martinón, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana.

 

Juan Luis Arsuaga aclara que en esta primera sesión lo que se ha querido es plantear una serie de preguntas que se irán intentando responder en las próximas sesiones. Para ello han decidido moverse en el terreno de la ciencia ficción, "lo que permite charlar sobre el futuro de la humanidad, a partir de películas, muchas de ellas basadas en novelas". La primera de las elegidas ha sido Blade Runner, de Ridley Scott, "no sólo porque es una de las grandes películas de la historia del cine, sino porque además se usa en algunas universidades americanas en los cursos introductorios de Filosofía, como una introducción amable, contemporánea, divertida, moderna, a los grandes problemas del ser humano". Y es así porque en el filme "están implícitas muchas de las grandes preguntas del ser humano".

 

El paleoantropólogo comenzó situando en su contexto histórico a la novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en la que se basa la película. El libro apareció en 1968, "cuando se estrenó 2001, una odisea del espacio, otro de los grandes hitos de la ciencia ficción, justo el año anterior al alunizaje". En ese año, de acuerdo con Arsuaga, "ocurren cosas muy tremendas que mantenían a la humanidad en vilo, es un año de revoluciones, como la ofensiva del Tet en Vietnam, la gran ofensiva del Vietcong, que produce un punto de inflexión, por las muchas bajas que produce y porque la sociedad americana se da cuenta de que esta guerra tiene un coste enorme en las vidas humanas". Ese año además se produce también la invasión de Praga por los tanques rusos; el mayo del 68, "aquella revolución tan parisina, que conmovió al mundo"; asesinaron a Bobbie Kennedy y a Martin Luther King; es el año de la matanza de la Plaza de las Tres Culturas de México, y el del black power en los juegos olímpicos de México. La humanidad vive además "aterrorizada ante la posibilidad de un holocausto nuclear, era el miedo a la bomba".

 

La novela, de hecho, se sitúa en un San Francisco postnuclear, donde la sociedad humana se ha destruido tal y como la conocemos. Los supervivientes que han podido hacerlo han emigrado a otros planetas, a los mundo-colonia, y "en la Tierra han quedado los que no pueden ir a esos mundos y viven en unas condiciones muy poco agradables. Es un momento pesimista, trágico, donde la humanidad se pregunta cómo va a acabar la Historia tras una guerra nuclear que ha destruido a la sociedad humana. Así que está llena de pesimismo y se plantea muchas cuestiones dentro de un ambiente postapocalíptico".

 

Jesús Gallego señala que eso contrasta con el año en el que se distribuye el filme, que es "1982, mucho más optimista, con Michael Jackson triunfando en su música, con un actor del western en la Casa Blanca, y con el público mundial se ha quedado boquiabierto hace muy poco con la proyección de La guerra de las galaxias". Hoy en día, Blade Runner ya no es un futuro, es una distopía, un futuro diferente, porque tiene lugar en una fecha que ya hemos alcanzado. María Martinón es quien recuerda que "la película está ambientada en 2019, lo que deja al futuro obsoleto muy pronto, porqque las predicciones apocalípticas casi siempre se nos quedan antiguas".

 

Deckard = Descartes

Arsuaga destaca que "hay una cosa muy curiosa que no es una coincidencia, aunque no lo dijera jamás el autor, y es el parecido asombroso entre el nombre del protagonista que se dedica a retirar a los androides que es Rick Deckard, y del filósofo francés René Descartes". Según el catedrático complutense para Descartes, lo que nos diferenciaba del resto de los seres del universo es que somos seres pensantes, lo que expresó con la famosa frase "Cogito, ergo sum". En la novela, somos incapaces de distinguir a los replicantes de los seres humanos, y de hecho "no habría manera de identificar por la conversación a un ser artificial, con lo que se diluye mucho la frontera y no se sabe si algo o alguien que no sea humano piensa".

 

La tecnología actual, recuerda Arsuaga, ya ha producido máquinas capaces de ganarnos al ajedrez, algo que en la época de la película no se podía ni imaginar. La pregunta que surge de ahí, según el conferenciante, es si las máquinas pueden ser consideradas humanos y viceversa, porque "para jugar al ajedrez las máquinas usan algoritmos y hay que saber si nosotros usamos también esos algoritmos en nuestra mente, como una programación informática. Es una pregunta metafísica, así que hace falta buscar algo que una máquina nunca pueda hacer y un humano sí, que nos haga disipar nuestro temor a que seamos máquinas producidas por la evolución".

 

Martinón reconoce que uno de los aspectos que más le inquieta es esa idea de que los humanos, frente a los androides, envejecen, mientras que los androides ni siquiera saben que no son humanos, porque tienen recuerdos, aunque son implantados. "Al final más allá de la mente y la consciencia nos identificamos con nuestros recuerdos, porque si no los tienes y los pierdes dejas de ser tú, como decía el filósofo John Locke". Para la científica, "la memoria humana es muy dinámica, y quizás ahí se puede encontrar la diferencia, que va más allá de los datos, es casi un acto creativo, selectivo, que permite que el cerebro nos engañe". Para Gallego, eso recuerda a Desafío total, donde implantan unos recuerdos y el protagonista no sabe si lo que recuerda es real o implantado.

 

Arsuaga trae a la charla las investigaciones de Facundo Manes, el neurocientífico argentino que trabaja en Oxford precisamente sobre los recuerdos, que se almacenan en el hipocampo, y que se pregunta no tanto cómo se almacenan, sino cómo se borran. Un tema que aparece también el famoso cuento de Borges, Funes el memorioso, que trata sobre una persona incapaz de olvidar nada, "lo que es un horror, porque se trata de olvidar cosas en nuestra memoria, por selección, por cribado, porque no todo puede ser recordado".

 

Cosmos y Alan Turing

Jesús Gallego viaja atrás en el tiempo para informar de que antiguamente "había una relación muy concreta con la naturaleza y fue ya en tiempos de la Grecia clásica, en concreto el filósofo Anaximandro, cuando se introdujo la palabra Cosmos, que "tiene un significado de orden, porque el mundo tiene ese orden y las personas intentamos conocer cómo funciona". En esa misma época, Tales de Mileto, "sin que sepamos cómo lo hizo, predijo un eclipse total de Sol, dándose cuenta de cómo los planetas y los astros funcionaba". Añade Gallego que un eclipse de Sol total es uno de los mayores espectáculos de la naturaleza y al menos hay que ver uno en la vida. ¿Cuándo será el próximo? No habrá que esperar mucho, porque en 2026 habrá uno que cruza la Península Ibérica y que pasa por las Baleares, así que ese será nuestro mejor momento.

 

Retomando el tema de la naturaleza humana y si seríamos capaces de distinguir a una máquina de un ser humano los cibertertulianos coinciden en que es algo imposible metafísicamente hablando y por eso en la película se plantean una serie de tests. Gallego introduce aquí a un matemático, filósofo, que fue Alan Turing, "un personaje fundamental en la Historia y que no suele recibir el reconocimiento que se merece". Turing nació a comienzos del siglo XX y ahora, con la perspectiva de los años que ha pasado, le califican como fundamental para la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. "Desde pequeño había sido un espíritu indomable, con mucho interés en los temas de los algoritmos y la inteligencia artificial y fue quien inventó un sistema para romper el código secreto de la Alemania nazi, en concreto las máquinas Enigma que mandaban datos, por ejemplo, para el desarrollo de las batallas de los submarinos en el Atlántico". Una de las cosas más famosas por las que el matemático ha pasado a la posteridad es porque ideó el "test de Turing, un procedimiento para saber si se está conversando con un ser humano o una máquina. Hasta 2014 una máquina no fue capaz de engañar a un grupo de personas, haciéndoles creer que era un chaval de Europa del Este".

 

Informa Martinón que el test que se usa en la novela y en la película es el de la máquina Voight-Kampff, con la que tratan de descubrir si existe empatía, "aunque hay que ver si esa empatía es una característica exclusivamente humana, lo que es dudoso, porque los estudios de la biología evolutiva dicen que no es exclusiva de nuestra especie, sino que es la clave del éxito en animales sociales". El test de Blade Runner "mide reacciones a las que se espera que uno reaccione como humano, y no sólo mide esas reaccionan, sino la rapidez, que salga de dentro, de la naturaleza de cada uno y si eres un replicante quizás tardas un poco más porque estás tratando de fingir esa reacción".

 

Más preguntas que respuestas

¿Al final Deckard es un replicante? ¿Somos nosotros androides biológicos? ¿Cómo se programa la duración de la vida en cada especie? Estas y otras muchas otras preguntas sobre técnica y neurociencia quedan en el aire, pero como asegura Arsuaga "la novela y la película no resuelven los problemas, sino que plantean las preguntas, y eso es lo más importante que puede hacer una obra de arte, que nunca está cerrada, no resuelve los problemas".

 

Por ejemplo, ni a Ridley Scott ni a Philip K. Dick se les ocurrió jamás que una sociedad estructurada viera trastocada sus relaciones por un virus, les hizo falta la existencia de una gran bomba para modificar la sociedad. Bromea Arsuaga que "si lo hicieran ahora, las preguntas serían las mismas, pero cambiaría el contexto, los protagonistas llevarían mascarilla quizás, por esa amenaza de los virus".

 

Quizás no todas las preguntas tengan respuestas, pero algunas de ellas se intentarán contestar en las siguientes sesiones, que se celebran a través del canal de Youtube de la UCM todos los jueves a las 19 horas. La próxima cibertertulia, del día 7 de mayo, tratará los aspectos más tecnológicos de la sociedad del futuro.

Juan Luis Arsuaga, Jesús Gallego y María Martinón, en la primera de las cibertertulias del cicloJesús Gallego y Juan Luis Arsuaga en la tertulia científica que celebraron en Físicas, dentro de la XIX Semana de la CienciaJuan Luis Arsuaga plantea la hipótesis de que el nombre de Rick Deckard sea una réplica de René DescartesJuan Luis Arsuaga, en un momento de su charla en la XIX Semana de la Ciencia
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