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Lunes, 26 de febrero de 2018

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Crítica de cine. Route Irish, de Ken Loach

Texto: Jaime Fernández, - 15 DIC 2011 a las 13:51 CET

Fergus y Frankie son dos vecinos de Liverpool que lo han compartido todo en la vida. El gancho del dinero fácil les lleva a Irak a trabajar como mercenarios, pero lo que parece sencillo tiene realmente un alto coste.

Paul Laverty, guionista totémico de Ken Loach, vuelve a escribir una historia para su compatriota. Esta Route Irish la escribió antes incluso que También la lluvia, y de hecho, en Reino Unido Route Irish ya salió en DVD hace tiempo. En España, por fin AltaFilms ha encontrado un hueco para estrenar el filme, algo que cada vez es más difícil en nuestro país para todas las películas que no llevan el sello "made in USA". Y con eso no me meto con el cine yanquie (que tiene películas tan buenas como las que se puedan hacer en cualquier otra parte), lo único que hago es constatar una realidad. La historia de Laverty ahonda en una idea común y es que la violencia engendra violencia. No sólo eso, sino que además transmite la idea de que la violencia te va a perseguir aunque tú intentes dejarla atrás. Comparte con la oscarizada En tierra hostil el escenario iraquí y también esa idea de que la guerra se convierte en un vicio del que uno no puede apartarse. Unos porque se quedan enganchados en su adrenalina y otros porque viven muy bien, parapetados tras sus trajes, y llenándose los bolsillos con las muertes de los demás. Laverty incluye en la película una extraña historia de amor a tres bandas que flota en el ambiente durante todo el metraje, pero que nunca llega a hacerse realidad.
En cuanto a la dirección, quizás sea mi impresión personal, pero me da a mí que Ken Loach cada vez hace menos concesiones a la audiencia. Este filme carece casi por completo de banda sonora y los personajes son oscuros y es muy difícil identificarse con ellos o con sus sentimientos. Es cierto que la violencia se hace mucho más realista cuando no está aderezada con musiquita hortera, pero también es verdad que la película produce una tensión constante que puede desquiciar a algún que otro espectador. No pido yo una escena de slapstick tipo Jim Carrey, pero sí echo de menos algo del humor que había en sus antiguos filmes de denuncia social al estilo de Riff-Raff o Lloviendo piedras, aunque lo cierto es que el guionista Paul Laverty no suele dar tregua al espectador, y parece ser que Loach tampoco le insiste para que lo haga.
La mayor parte de los actores del filme me son totalmente desconocidos, y parece ser que todos son más o menos habituales en series de televisión o en películas poco taquilleras. Eso sí, el director logra que den esa imagen de desesperanza y angustia que transmiten al espectador.

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