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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 17 de enero de 2018

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Crítica de cine. A Roma con amor, de Woody Allen

Varios personajes, no relacionados entre sí, pasan unos días en Roma, disfrutando de la ciudad y de las relaciones humanas (sobre todo las sexuales).

Woody Allen escribe y dirige la que probablemente sea su última película producida por Mediapro, y yo creo que en el guión deja un par de perlas dedicadas a la productora y al trato que le dieron en España, que para él fue bastante absurdo. Por un lado, está el acoso salvaje de los paparazzi, que además acosan sin razón y crean iconos a partir de la nada. Por otro, y yo creo que esa es la referencia más clara, está la mención a la Sagrada Familia. Recordemos que en Vicky Cristina Barcelona una de las protagonistas venía a estudiar la "idiosincrasia catalana" y la obra de Gaudí. En A Roma con amor Ellen Page interpreta a una joven esnob que se sabe de memoria un verso de cada poeta famoso y que conoce nombres y obras célebres. Entre esos elementos de esnobismo destaca Gaudí y su Sagrada Familia. Eso sí, Woody Allen tampoco duda en reírse de sí mismo, algo que ha hecho en gran parte de sus películas, y se muestra encantado cuando los críticos le llaman "imbecille".
El rodaje es correcto, como siempre, aunque esta vez hay que achacar al director el haberse pasado de duración, son casi dos horas de película, que se podrían haber reducido si hubiese quitado la historia de los paletos y la prostituta (Penélope Cruz), que no aporta nada en absoluto. Es además una historia que no encaja ni siquiera temporalmente, porque mientras que en el resto de historias se supone que pasa el tiempo, en esta sólo pasa un día. Parece como si esta parte pastiche del filme hubiera sido una obligación de la productora para que Allen incluyese a alguien español. Además de ese defecto, el filme también tiene algún que otro momento aburrido, como la reiteración abusiva del tenor que sólo es capaz de cantar bajo la ducha.
Lo más original es que, por una vez, y sin que sirva de precedente, Allen rueda algunas escenas en pisos normalitos e incluso en oficinas sin glamour.
Entre el reparto, la sorpresa más grata es la vuelta del propio Woody Allen, algo que no ocurría desde el año 2006, en Scoop, con un papel muy parecido de un viejo un tanto paranoico con la muerte y con ideas un tanto disparatadas. Del resto destaca la buena química que hay entre Jesse Eisenberg y Ellen Page, que además son totalmente creíbles en sus papeles de estudiante atolondrado y de actriz esnob totalmente irresistible.

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