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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 22 de mayo de 2018

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Pacific Hope, un proyecto para trabajar por y para los animales en la Polinesia

Nomuka es una pequeña isla del reino de Tonga, uno de los países integrados dentro de la Polinesia. Allí conviven unas 350 personas con más de 200 perros. Esa superpoblación canina está en estado de abandono, desnutridos, sarnosos y "sobreviviendo a duras penas en unas condiciones lamentables". En octubre de 2018, Alice Forrest, una bióloga marina y de conservación, junto a Ángel Grimaldi, veterinario de vida silvestre, visitaron la isla y decidieron crear el proyecto Pacific Hope con la intención de paliar ese problema. Manuel Gago, veterinario clínico y compañero de estudios de Grimaldi en la Universidad de Santiago de Compostela, puso en contacto a Pacific Hope con la complutense Marta Pedraja, que cuenta con una amplia experiencia en proyectos de cooperación veterinaria al desarrollo en países como Nepal y Tailandia. Pedraja, que realiza una tesis sobre desarrollo de listas de medicamentos esenciales en veterinaria, pasó así a formar parte de este proyecto que trabajará sobre tres pilares fundamentales: "el control de la población canina mediante esterilización quirúrgica, el tratamiento de las enfermedades más comunes y la mejora del bienestar animal y la educación y concienciación de la comunidad".

 

Marta Pedraja, la única complutense en Pacific Hope, explica que "la superpoblación canina es inherente a muchas ciudades de países en vías de desarrollo". Es así, porque la actividad del ser humano proporciona a los perros todo lo necesario para prosperar como población siempre que no haya un control de la reproducción y "mientras haya comida (residuos, basura), agua y refugio, la población canina crecerá de manera exponencial ocupando este nicho ecológico perfecto para la especie, acostumbrada a coexistir con las comunidades humanas".


Frente a sus lugares de cooperación previos, Nomuka tiene la particularidad de ser una isla, así que "la capacidad de migrar de los animales a otros parajes más prósperos está bloqueada". Eso lleva a "una población canina, con un crecimiento descontrolado y una situación sanitaria precaria, en la que los perros de Nomuka sufren desnutrición, parasitaciones masivas y otras enfermedades infectocontagiosas que podrían ser transmitidas a las personas".


Aclara Pedraja, que esas enfermedades hacen que "los perros son despreciados y considerados un foco de problemas y enfermedad por la población humana, que no se hace cargo de sus cuidados básicos ni de su control poblacional". En Nomuka no se concibe al perro como una mascota o compañero de vida, o "solo lo consideran así algunas familias".


Por si eso fuera poco, en Nomuka no existe ningún tipo de presencia veterinaria, "por lo que esta situación se prolonga en el tiempo y se agrava cada vez más, sobre todo teniendo en cuenta que la isla está repleta de cachorros que en pocos meses se convertirán en adultos fértiles capaces de producir más y más cachorros. Y lo único que puede asegurar la salud de las poblaciones caninas y, por ende, de la población humana, es la actuación veterinaria".


Medicina poblacional

Como el perro no está considerado como una mascota, o como parte de la familia, "la medicina individual del perro con nombre y familia se convierte en una medicina poblacional, tratando colectividades con un gran número de perros".


Aclara Pedraja que "puedes ir a un sitio, castras cientos de perros, los vacunas y los desparasitas pero cuando vuelves a casa, la situación será la misma en poco tiempo si la comunidad que convive con ellos no interioriza que el cuidado y sanidad de estos es un seguro para su propia salud. Por lo tanto cualquier acción de manejo humanitario de poblaciones caninas "necesita la colaboración de actores locales para repercutir de manera positiva en la comunidad". Tiene claro la complutense que, por tanto, uno de los pilares fundamentales de estos proyectos es la concienciación de la población, de hecho "la educación y la concienciación de la comunidad son las herramientas más potentes con las que puede contar un equipo veterinario, para asegurarse que en las próximas intervenciones no habrá que partir de cero".


En esa labor de concienciación hay un objetivo principal: los niños. De acuerdo con Pedraja, "las charlas y talleres en los colegios son básicas para todas estas acciones por muchos motivos porque los niños son los que más contacto suelen tener con los animales, así que lo que son los más expuestos a ataques, mordeduras y contagios". Si se previenen estos incidentes y se les educa en el respeto y la convivencia con las poblaciones caninas se mejora su salud y "eso se traduce a una comunidad más tranquila y feliz compartiendo entorno con los perros, puesto que dejan de verlos como una amenaza para sus hijos".


Además, "los niños son una puerta de entrada a la comunidad, con la que a veces es difícil transmitir información por barreras lingüísticas y culturales". Y, por si fuera poco, estos jóvenes serán los futuros adultos, por lo que "sembrar en ellos la semilla de la tenencia responsable de animales y la convivencia saludable con poblaciones caninas controladas y sanas perpetúa el trabajo del veterinario".


Y ya que esa figura, la del veterinario, no existe como tal en Nomuka, es importante instruir a otros actores locales como los alimentadores que puedan cuidar, alimentar y administrar cierto tipo de tratamientos preventivos (vacunaciones, desparasitaciones) a los animales. "Es una parte muy importante para mantener controlada y sana la población canina en los intervalos de tiempo en los que no se desarrolla una acción veterinaria externa", asevera Pedraja.


Trabajando por y para los animales
Marta Pedraja cuenta que ha tenido la suerte de trabajar en hospitales veterinarios con mucho personal, con grandes especialistas y cientos de pacientes. Aunque allí ha aprendido mucho, algo cambió en su concepción de la profesión desde su primera experiencia como veterinaria voluntaria en Nepal.


Cuando se fue allí, "sobre un suelo de barro, bajo la intensa lluvia del monzón estival frente a decenas de perros agotados, golpeados, con enormes heridas cubiertas de gusanos, sin apenas pelo por la intensa sarna y llenos de garrapatas", pensó que todo lo que había estudiado en sus años de Facultad era insuficiente.


Añade que "hay algo en esos perros que te motiva para superar lo incomodo de la situación, la ausencia de recursos y la incertidumbre de desarrollar una medicina puramente empírica. Algunos de ellos nunca habían tenido una interacción positiva con el ser humano y, aún así, aunque las curas y los tratamientos fueran dolorosos, te agradecían a su manera lo que hacías por ellos". Si algo hay en común en todas sus experiencias en este tipo de escenarios es "la plena satisfacción que se siente cuando trabajas solo, por y para los animales".


"Muchos creen que vamos a Nomuka de vacaciones, a disfrutar de las playas paradisiacas, pero la realidad es que vamos a trabajar sometidos a altas temperaturas, a una elevada humedad, con largas jornadas bajo el sol, con escasez de agua potable y comida (es una comunidad autogestionada, que come lo que cultiva y pesca) y una higiene deficiente", aclara Pedraja. En esos lugares, "siempre hay que partir de cero, desarrollando toda la infraestructura y logística necesaria para las castraciones y los tratamientos; todo el material viajará con los cooperantes durante un viaje que dura casi 3 días".


Por último, Pedraja afirma que todos los miemboros de Pacific Hope "tienen mucha ilusión y muchas ganas de demostrar que un pequeño equipo de personas comprometidas con un problema real y mensurable puede devolverle, a base de trabajo, la esperanza a la comunidad animal y humana".

 

Marta Pedraja es la única complutense que participa en el proyecto Pacific HopeEn Nomuka conviven unas 350 personas con más de 200 perros. Esa superpoblación canina está en estado de abandono, desnutridos, sarnosos y sobreviviendo a duras penas en unas condiciones lamentablesMarta Pedraja tiene una amplia experiencia en la cooperación veterinaria al desarrollo, en lugares como Nepal y TailandiaEn Nomuka los perros son despreciados y considerados un foco de problemas y enfermedad por la población humana, que no se hace cargo de sus cuidados básicos ni de su control poblacionalLos perros de Nomuka sufren desnutrición, parasitaciones masivas y otras enfermedades infectocontagiosas que podrían ser transmitidas a las personas
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Comentarios - 1

Mar

1
Mar - 12-04-2018 - 18:27:42h

Lamentablemente el respeto y la responsabilidad de la tenencia o convivencia con animales falta no sólo en poblaciones en desarrollo, incluso en las más desarrolladas, donde te puedes encontrar animales en un estado de abandono lamentable, por no decir que se prefiere en muchos casos el exterminio sistemático de camadas a la esterilización de un macho o una hembra.
Por tanto abordar estas cuestiones en lugares donde no se cuenta ni con infraestructuras básicas para personas es algo muy loable y de mucho mérito.
Sin duda, un gran proyecto.


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