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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 18 de octubre de 2019

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La comedia, una buena manera de divulgar la ciencia

El Jardín Botánico de la UCM ha acogido, en la tarde del 26 de febrero, un Taller de monólogos científicos, organizado por Encuentros Complutense y la Casa del Estudiante. Álvaro Morales, biólogo sanitario y doctorando del ISCIII (Instituto de Salud Carlos III); Álvaro Viudez González, psicólogo, y Laura Parro, investigadora de la UCM, han sido los responsables de impartir este taller. Y aunque a priori parezca que entre ellos no hay ningún lazo de unión, lo cierto es que a los tres los une Famelab, un concurso internacional de monólogos científicos. Morales fue el ganador de FameLab 2015, Viudez fue finalista en la edición de 2016 y Parro ha participado en la edición de 2018. Los dos Álvaros, que llevan desde 2018 impartiendo talleres de manera conjunta, explican que esta iniciativa sirve para aprender a elaborar monólogos científicos, usando las estrategias del humor, que en realidad se pueden aplicar a cualquier tema. El monólogo, de acuerdo con Viudez, es la ciencia de provocar la risa, con estructuras y herramientas concretas. 

 

Un monólogo, de acuerdo con los responsables del taller, se divide en dos partes fundamentales, la primera de ellas cabe en el papel (texto, material y estructura) y la otra es la transmisión una vez que se está sobre el escenario. En un taller como el impartido en la UCM se han centrado en la parte de papel, ya que "la mejor manera de aprender la transmisión es buscar a alguien que haga teatro, que esté hecho al escenario día a día".

 

La parte que cabe en el texto debe tener  una estructura concreta para hacer reír, en concreto una basada en que "cada línea, cada chiste, tiene una premisa y un remate". El remate, de acuerdo con Álvaro Viudez, es donde el monologuista busca que la gente se ría, "ese remate es lo inesperado, lo que rompe las expectativas, pero no puede ser gracioso sin unapremisa que no lo es, que crea antes un contexto informativo, creíble y que crea las expectativas".

 

Por lo tanto, "las buenas premisas son informativas, y aún mejor si son emotivas, algo que luego se puede romper con un remate inesperado, con un giro que no se derive de la premisa". Para hacer esto existen una serie de fórmulas como la exageración, la comparación ("que funciona muy bien en ciencia porque al hablar todo el tiempo de una misma situación científica, una recurrencia, la comparación ayuda a ir haciendo paralelismos para que sea divertido"), el juego de palabras entre la premisa y el remate y, por último, el absurdo.

 

Además, en el taller enseñaron otras dos fórmulas más que son el callback y el running gag. El callback es hacer un remate con una premisa que se dijo ya hace tiempo, "es muy común conectar el principio con el final, y ese es un clásico callback". Por su parte, el running gap es lo mismo, pero de manera constante, creando remates consecutivos de una premisa.

 

Los participantes en el taller

Los tres científicos que impartieron el taller quisieron, desde un primer momento, integrar a todos los participantes. Para ello les propusieron un sencillo juego en el que se iban presentado uno a uno, contando algo raro de ellos mismos para enganchar con sus compañeros.

 

De ese modo, Álvaro Viudez consideró que "la pizza con piña es una mierda", Álvaro Morales informó de que no sabe diferenciar las tonalidades y Laura Parro, que también odia la pizza con piña, como sus compañeros, confesó que tiene "un problema bastante grave", porque no puede doblar la lengua.

 

De entre el público, Minerva afirmó que "es lo que todo el mundo querría ser: jubilada"; Paloma, estudiante de Biología Sanitaria, explicó que le suelen decir que es bastante graciosa "aunque ahora no lo sea"; José, informático, confesó que ha venido a este taller a ver si le "normalizan el frikismo"; Alejandra, estudiante de máster, contó que se solía caer mucho; Carlos Pimentel, quien se definió como "mercenario de la ciencia, que vende sus servicios de cristalógrafo a cualquiera", dijo que su excusa para llegar tarde, o no llegar, es que se tiene que quedar viendo cómo crecen los cristales; y, por su parte, José Antonio, licenciado en Periodismo, Diplomado en Lingüística y Graduado en Farmacia, con un programa de radio de divulgación en la UCM, aseveró que tiene una teoría sobre por qué en el metro hay más feos por metro cuadrado que en ningún sitio en el mundo, y es en resumen "porque los feos tienden a la gruta".

 

Miriam, responsable de las redes sociales de la Fundación General de la UCM, confesó que odia hablar en público, mientras que Elena, que se dedica a la gestión de la investigación, reconoció que a ella lo que le cuesta mucho es callarse; Alba, que estudió bioquímica en Valencia, y trabaja en el CNIC en Madrid y realiza un máster en Bioinformática, aseguró que hoy pensaba que era miércoles porque esta mañana se ha puesto la camiseta que se suele poner los miércoles para ir al gimnasio; a José Luis, geólogo, le gusta "perder el tiempo con tonterías, con Google" y contó que ha habido un corte de luz en la Facultad, que ha echado al traste el trabajo de horas, pero para alegrarse un poquillo ha venido silbando, algo que hace fatal, porque no es capaz de encadenar dos notas seguidas; a Prado, física teórica, le gusta la divulgación aunque tiene un sentimiento raro porque le gusta y no le gusta hablar en público, porque cuando se pone nerviosa tiende a hablar más, y aparte es capaz de perderse en su barrio si cambia de ruta, y Carmen, socióloga jubilada es hiperactiva, y entre las cosas que le gusta hacer estar bailar.

 

Juan está en una estancia corta en la UCM, llevaba cinco años sin venir a Madrid y le ha llamado la atención que "ahora es muy raro ver a alguien leyendo un libro en el Metro"; Alicia, que ha decidido estudiar en la Universidad de Mayores, "sin nervios de examinarse", cuenta que su gran manía es que ya no compra a saco, compulsivamente; Josefa, profesora de Química e investigadora, docente y escritora, confiesa que le gusta todo, incluida la divulgación de la química y aunque todavía no sabe lo que quiere llegar a ser el día de mañana si tiene claro que quiere ayudar a todos los alumnos que quieran llegar a ser como ella; Yuting, la única extranjera en el taller, y también estudiante en la UCM, se declara amante del humor y sabe que no entenderá todo lo que diga en el taller; Ana, de Geológicas, da clases y bastante divulgación, "coordinando el Geolodía, llevando al campo 10.000 personas cada año para que vean la geología in situ". Aparte de esoes anósmica, es decir no tiene olfato, ni lo ha tenido nunca y aparte cree que tiene muy mal gusto; José Luis replica que él si tiene olfato, pero no sentido común, y aparte que es estudiante en la Universidad para los Mayores, a la que se ha apuntado para aprender lo que no aprendió en su momento. Su rareza es que suele leer SINC, el Servicio de Información de Noticias Científicas.

 

Patricia está haciendo una tesis doctoral, metida en muchos talleres con niños de divulgación de ciencia., le gusta la ciencia y enseñar, y por eso está aquí, porque cree que el humor ayuda a los más pequeños; José piensa que no todo el mundo es muy gracioso, y a él, que es profesor de la Facultad de Medicina, le cuesta hablar en público cuando no conoce a la gente a su alrededor, y por último, Claudio, biólogo, asegura que se acerca peligrosamente al lado oscuro de la Bioinformática, aunque no le gustan nada las redes sociales.

 

Los monólogos

Tras la presentación los responsables dieron dos minutos para que los asistentes pensasen algún tema científico que les guste o que les dé mucha rabia. De allí surgieron nanorrobots inteligentes, células madre, la tierra plana y la tierra hueca, desastres y pandemias, homeopatía, química farmacéutica, teorías de gravedad alternativa, singularidades...

 

Viudez les anima a no tener miedo de hacer comedia sobre cualquier cosa, porque es la mejor manera de divulgarlo, "además si tocas un tema que nadie conoce, tienes un margen de mejora absoluta y no hay forma de que te evalúen mal".

 

Morales opina que hay gente que es graciosa por naturaleza, pero "crear un monólogo, como cualquier otra obra, es cuestión de trabajo, de conocer las herramientas, de darle mil vueltas para llegar a tu público". Es decir que, cualquiera se puede hacer comediante y divulgador, pero con mucho esfuerzo detrás, "los profesionales pueden estar hasta tres o cuatro meses para conseguir cinco minutos de buen material". Por lo tanto, recomiendan que en los inicios dejen de lado la improvisación, porque puede llevar a un fallo crítico.

 

Álvaro Morales pasa el texto con el que ganó el Famelab para que ahí busquen puntos como la captura de atención, la presentación del tema, el primer mensaje, el nudo, la utilidad y la despedida. Explica Morales que "intentar captar la atención de la gente es la regla de oro de la charla en público, no sólo de un monólogo, hay que intentar hacer partícipe al público, entablando un contacto con él, aunque se les descoloque un poco".

 

Entre los consejos está el incluir bromas con políticos, que son sencillas, pero siempre hacen mucha gracia. Además, el final tiene que ser muy llamativo, más corto que el resto de párrafos, haciéndolo muy calmado para que la gente sepa que se está llegando a la conclusión, "y aquí se puede utilizar el callback, que hace que mucha gente piense que ha quedado el texto muy redondo".

 

Con esas normas básicas, los asistentes del taller, prepararon, de manera muy rápida, unos cortos monólogos, y los tres mejores, gracias a la Casa del Estudiante se llevaron un pack de regalos. Los premiados fueron un monólogo sobre la penicilina, en el que incluyó a la infanta Elena y a Cifuentes; otro sobre la financiación y "eso que es común a los italianos y a los científicos: la pasta", y el último para un texto sobre el ADN "común a todos los organismos, con toda la información como tu 'cuñao'".

 

Recomendación final

Laura Parro, que cuenta con un canal de divulgación en Youtube, confesó que comenzó a hacerlo para perder la vergüenza. Hoy tiene más de 11.500 suscriptores, y aunque le sigue "dando la misma vergüenza la interacción con la cámara y el público ya es diferente".

Asegura que además se puede divulgar ciencia a través de la UCM, que es "un buen ejemplo de Universidad con su divulgación a través de la OTRI y de su concurso de divulgación científica", que ella misma ha ganado en su última edición. Por último, Parro considera que "todos los investigadores tienen el deber de divulgar la ciencia que hacen", por eso animó a que prueben los diferentes canales y que si tienen dudas se pongan en contacto con la OTRI para que les ayude a hacerlo.

Álvaro Viudez, Laura Parro, Álvaro Morales y José Manuel García Vázquez, director de Encuentros ComplutenseMinerva, una de las participantes en el Taller de monólogos científicosÁlvaro Morales ganó el Famelab, un concurso internacional de monólogos científicos, en 2015Álvaro Viudez fue finalista de Famelab en 2016Laura Parro ha participado en la edición de 2018 de FamelabYuting, estudiante de la UCM, y la única extranjera que participó en el Taller de monólogos científicosÁlvaro Viudez y Álvaro Morales llevan impartiendo talleres de manera conjunta desde 2018Foto de grupo tras el Taller de monólogos científicos. Fotografía: Elvia Andújar Espada (EC)
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