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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 17 de octubre de 2019

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Alumni homenajea en la Universidad a las primeras parlamentarias de la democracia

De las 570 personas que eligieron los españoles como sus representantes en el Congreso y en el Senado en las elecciones constitutivas de 1977, solo 27 fueron mujeres. Su contribución apenas es destacada cuando se habla de aquel periodo que cambió para siempre España, pero sin ellas muchas de las medidas que se introdujeron entonces en la Constitución, el Código Penal o el Código Civil para hacer efectiva la igualdad, al menos jurídica, entre hombres y mujeres, muy posiblemente no se habrían producido. La periodista Magis Iglesias, licenciada por la Universidad Complutense, ha querido rendir homenaje a aquellas veintisiete mujeres con el libro "Fuimos nosotras. Las primeras parlamentarias de la democracia". Como contó la propia autora en la presentación de su obra el pasado 28 de marzo en la Biblioteca Histórica de la UCM, en un acto organizado por el programa Alumni, su intención al reunir las biografías y testimonios de catorce de aquellas mujeres -once ya fallecieron y dos no han querido participar en el libro- es que "las chicas jóvenes que disfrutan hoy estos derechos, sepan que se pueden perder, sepan que hay que defenderlos, sepan que hay que conservarlos y que su obligación es ampliarlos".

 

Un tiempo que abrió espacios definitivos

La autora estuvo acompañada en la presentación por una de aquellas primeras parlamentarias, María Teresa Revilla, quien además fue la única mujer que formó parte de la Comisión Constitucional; la catedrática de Historia de la UCM, Rosa Capel; la también periodista Carmen del Riego, primera mujer en presidir la Asociación de la Prensa de Madrid; la directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la UCM, Asunción Bernárdez, y la vicerrectora de Relaciones Institucionales, Isabel Fernández. Fue precisamente la vicerrectora quien abrió el acto, no destacando la labor realizada por aquellas veintisiete mujeres para "defender y hacer efectivos los derechos de las mujeres" más allá de las posiciones que les marcaban sus propias siglas políticas. "Fueron agentes de un tiempo que abrió espacios definitivos. Es cierto que aún no hemos alcanzado la igualdad real y efectiva, pero sin su esfuerzo y el de otras antes, no habríamos llegado hoy hasta aquí", subrayó Isabel Fernández.

 

Un ejemplo claro de hasta dónde llegó esa defensa de los derechos de las mujeres por encima de los dictados de sus partidos se encuentra en la propia experiencia de María Teresa Revilla, diputada en aquella legislatura constituyente. Según hizo partícipe al público que se acercó a la Biblioteca Histórica de la UCM, las propias diputadas y senadoras de 1977 tenían esa percepción de que como mujeres debían contribuir a cambiar las cosas y que al menos la legislación contemplara la igualdad entre mujeres y hombres. Revilla recuerda que entre todas se marcaron la necesidad de estar presentes en todas las comisiones, incluso en las que se tenían entonces menos relacionadas con la mujer, como podían ser las de Hacienda, Defensa, Asuntos Exteriores... Tampoco había ninguna mujer en la denominada Comisión Constitucional, es decir en la que trabajaba en la redacción de la Constitución. La propia Revilla se encargó de evitarlo, llamado al jefe de su grupo, Calvo Sotelo, y diciéndole que "eso era una vergüenza".

 

La desobediente María Teresa Revilla

Calvo Sotelo eligió finalmente a María Teresa Revilla como una de las representantes de la UCD en la Comisión Constitucional. Allí su papel no fue ni mucho menos de "florero", sino que incluso llegó a protagonizar un sonado "revuelo" al no estar de acuerdo con la inclusión en el artículo 52 de la Constitución de la prevalencia del hijo varón en la línea de sucesión de la Corona. "Contradecía al artículo 10, cuando dice que todos los ciudadanos somos iguales sin importar nuestro sexo, raza o religión", explicó. Revilla llegó a presentar una enmienda sobre ese artículo, pero finalmente presionada por su propio partido y "convencida" por su marido la retiró y así se evitó que se tratara la enmienda en la Comisión. Este "affaire" y "mi apoyo en contra de la postura de mi partido a una propuesta de Roca Yunyent, que no recuerdo ni sobre qué era, pero que me pareció muy acertada, llevaron a que en las listas de UCD en las siguientes elecciones ya no figurase la "desobediente" María Teresa Revilla. "De todo aquello saqué mis conclusiones y decidí que no me gusta la política", concluyó.

 

El relato de María Teresa Revilla y el del resto de parlamentarias que cuentan sus experiencias en el libro de Magis Iglesias, tiene, de acuerdo con la historiadora Rosa Capel, una enorme importancia, ya que hasta ahora la historia de la Transición es un relato contado y protagonizado exclusivamente por hombres. Según subraya Capel, es característico de las mujeres sentir una "especie de vergüenza" que les impide, salvo casos excepcionales, contar sus experiencias o publicar sus biografías. "Por esto hay que agradecer a Magis su capacidad para persuadir a estas mujeres, por la importancia que ello tendrá para las siguientes generaciones". Y es que, como coincidió en señalar la directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la UCM, Asunción Bernárdez, es imprescindible que exista también una memoria femenina de los hechos históricos. Para Bernárdez, la prensa tampoco ayuda a dar su protagonismo a las mujeres e incluso las "maltrata" bajando sus relatos al terreno de lo privado o siempre explicando el poder que alcanzan como una cesión que les hace algún hombre. "Ahí está Vilma Rousseff con Lula, Hillary Clinton con Bill Clinton, el caso de Cristina Kirchner o ahora cada vez más con Irene Montero con Pablo Iglesias, como antes le sucedió a Carme Chacón, de quien se decía que se lo debía a su marido, el director de Comunicación... O el caso de Susana Díaz con Felipe González".

 

Feministas sin saberlo ni contarlo

Carmen del Riego, amiga y compañera de Magis Iglesias durante décadas en la información parlamentaria, considera que el libro es "riguroso y apasionado, como todo lo que ella hace". Ni Magis Iglesias ni Carmen del Riego vivieron aquellos primeros años de la Transición, pero sí pudieron comprobar que sin aquellas primeras parlamentarias nada habría sido igual. "Es de justicia homenajear lo que hicieron tanto ellas, como también ellos, porque la Constitución la hicieron entre todos, y eso fue lo importante. Este libro es una contribución muy importante para conocer lo que pasó en aquella época, en esta ocasión a través de voces femeninas y feministas, porque todas ellas, muchas sin saberlo, ni decirlo ni contarlo eran feministas", concluyó del Riego.

 

"Lo que me llevó a escribir este libro fue la voluntad de descubrir cómo fue posible que tras 40 años de oscuridad de la Dictadura estas mujeres lograron estar ahí". Magis Iglesias sitúa a quienes la escuchan en la presentación de su libro en aquella España de mediados de los 70, en las que las mujeres necesitaban permiso paterno o marital para poder trabajar, abrir una cuenta bancaria o pedir un préstamo. Que veintisiete mujeres ocupasen puestos en las listas de los partidos políticos de la época que les permitieran ser elegidos es algo que aún cuesta creer. "He querido hacer periodismo de relato, de ese que hoy ya no está de moda, para contar la historia de estas mujeres que nadie apenas dos años antes, en 1975, nadie podría siquiera haber imaginado que iban a sentarse en el Parlamento".

 

La historia necesita testimonios humanos

La primera característica, a juicio de Magis Iglesias, que engloba a las primeras parlamentarias es, salvo pequeñas excepciones y junto a su "desobediencia" a lo establecido, su anonimato entonces e incluso ahora. Salvo Dolores Ibarruri, Pilar Bravo o Soledad Becerril, y quizá Carmen García Bloise o Marta Mata, que es conocida en el campo de la pedagogía, poco se sabe de ellas. Ese es uno de los objetivos del libro: acabar con ese anonimato. El segundo es contar sus historias. Para ello Iglesias, según explica, les preguntó por sus abuelos, por sus padres, su infancia, sus referentes, qué hacían con los niños cuando fueron parlamentarias... "La historia necesita testimonios humanos", concluyó, antes de pedir a esas chicas jóvenes a quien en realidad está dirigido este libro "que no miren atrás con rencor, que miren con admiración, porque ellas se lo merecen".

 

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