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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 18 de octubre de 2019

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“Dicen”, una crónica literaria de la represión franquista que no aparece en los archivos

Cuenta Susana Sánchez Arins, la autora de Dicen, que el libro surgió en una de sus clases de secundaria, cuando llegó un alumno y comentó, para el estupor y la incredulidad de sus compañeros, que los restos de uno de los desenterrados en una fosa común eran de un tío abuelo suyo. Sánchez Arins añadió a la historia que probablemente el asesino había sido el tío Manuel, un falangista hermano de su abuela. Tras el revuelo normal que esa declaración puede provocar en un grupo de adolescentes, la autora comenzó a contar historias de asesinados en las rías gallegas y se dio cuenta de que tenía a toda el aula escuchando y queriendo saber, necesitando conocer esa verdad que muchas veces queda oculta. En torno al origen y el contenido del libro que de allí salió versó el Encuentros Complutense celebrado en la tarde del 27 de mayo en la Biblioteca Histórica.

 

Silvia Bardelás, editora de De Conatus, considera que "este libro se hace una pregunta fundamental que es cómo podemos llegar a una situación tal como para matar a gente que piensa diferente". Y eso Susana Sánchez Arins no lo ha hecho como si fuera una novela histórica, "que no tiene demasiado interés, porque alguien de su edad es imposible que sepa cómo se sentía alguien realmente en 1936", sino que lo ha escrito como la poeta que es, "y eso es una suerte porque es algo excepcional, ya que el poeta se borra como autor y consigue que el lenguaje sea el creador".

 

La autora siente que la guerra sigue allí y aunque ella ya sea de una tercera generación, nieta de personas que estuvieron en la guerra considera que sus propias sobrinas o sus alumnas y alumnos de secundaria no tienen que seguir cargando con el trauma, que es algo que se cura hablando, y su manera de hablar es, por supuesto, escribir.

 

Antes de comenzar la escritura del libro ella ya comenzó a sospechar de su tío Manuel, del que se contaba que había sido una mala persona. Algo que le ratificaron las primeras fosas desenterradas en Galicia en 2010 y con las que descubrió, tras leer la crónica de la muerte de los fusilados, que para llevarlos del sitio de la detención al del asesinato tenían que pasar, inevitablemente, por las tierras de sus bisabuelos.

 

Comenzó entonces a investigar si su tío había sido partícipe en aquellos crímenes para escribir con ello una novela o un ensayo, pero descubrió que "el tío Manuel inescribió su historia, y no aparece en ningún registro, más allá de que fue militante de Falange y alcalde". Explica Sánchez Arins que "el terror de 1936 fue brutal y los torturados de tío Manuel aparecían en los árboles atados cuando la gente iba a la feria por las mañanas", así que mucha gente decidió desaparecer mimetizándose con el entorno para sobrevivir.

 

De todos modos, ese no fue el caso de su familia que era "falangista de corazón", algo que no aparece en los archivos, porque gran parte de los papeles referentes a las pequeñas historias de la guerra civil están desaparecidos. Tiró entonces de algunos testimonios orales de su familia que sí señalaban al tío Manuel como un asesino, aunque eso sí, cada persona, cada testigo indirecto, le deba una versión diferente.

 

Con todo lo que recopiló intentó escribir un novelón "tipo Víctor Hugo o Almudena Grandes", pero no le salió eso, sino más bien "esta novela que es más fiel a la realidad de los hechos actuales de que en la tercera generación somos incapaces de tejer una historia completa porque no tenemos toda la información, así que hay que hacer un esfuerzo para imaginar lo que pudo haber pasado".

 

Patricia Simón, redactora de lamarea.com reconoce que "es muy difícil escribir sobre la memoria histórica de tal manera que resulte atractivo, aunque no es este el caso". Lo que provoca el libro de Sánchez Arins es que el lector o lectora tenga que pensar, y generarse su propia realidad, porque el libro te guía y te mete en el papel de los protagonistas. Para Simón Dicen cuenta algo tan universal como cualquier otra guerra, y le ha recordado a lo que consiguió en su día Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, "que nos hizo interesar por la historia de América Latina, aunque era en realidad un interés por la historia de la humanidad".

 

Bardelás tiene claro que si no leemos los libros, la cultura se termina irremediablemente, porque "la literatura es una investigación de la condición humana, no sólo un entretenimiento o una forma de experiencia estética individual". Por eso le sorprende que nadie haya hecho referencia a la parte literaria del libro, que entre sus novedades "incluye un narrador comunitario, algo muy propio de nuestra época, que recuerda a Walter Benjamin, con la subjetividad de la novela que se había olvidado de los problemas de la comunidad. Eso hace que de manera natural, uno tenga la sensación de que está escrito en tercera persona, aunque no lo esté".

 

La redactora de lamarea.com añade que necesitamos libros como este en el que hay muchas voces, donde se explica que la memoria no es única, que es compartida, y además en sus páginas "nos habla de los silencios y de cómo generan traumas que se heredan en cuatro generaciones". Para Sánchez Arins, "lo que explica estos 80 años de silencio sobre la guerra es la familia que fue organizada por el estado fascista como la primera célula de represión". Por ejemplo, en su caso, era el tío Manuel quien controlaba a la familia de manera patriarcal y absoluta, y también lo hacía con otras familias del entorno. De tal manera que cualquiera que no estuviera de acuerdo debía mudarse de la zona para no enfrentarse a esa figura de la familia que era la base absoluta de la represión.

 

Como casi todo libro que habla de Historia, Dicen además tiene un reflejo en la actualidad, con esos movimientos políticos intransigentes que se expanden por toda Europa, incluida España, y con otros aspectos como la economía o la religión. La editora del libro piensa que la economía actual tiene mucho que ver con todo lo que se montó en los años treinta, porque "hay muchos trabajadores sin poder ni capacidad social para ser personas, y necesitan unirse para formar asociaciones que no les gustan a los grupos de poder".

 

Sánchez Arins está de acuerdo con estas interpretaciones y habla también de la necesidad de pedir disculpas, pero unas disculpas que se complementen con hechos, porque aunque ella misma no es responsable de los crímenes de su tío Manuel, si habría sido culpable de callárselos si lo hubiera sabido y no lo hubiera contado.

Susana Sánchez ArinsSilvia Bardelás, Susana Sánchez Arins y Patricia Simón, en la presentación del libro DicenPatricia Simón, periodista de lamarea.com
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