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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 9 de diciembre de 2018

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Una apuesta por que sean los Estados los que regulen las drogas, y no el narcotráfico

Los días 22 y 23 de noviembre, la Facultad de Derecho ha acogido el I congreso internacional Siglo XXI: cambio de paradigma en las políticas de drogas, organizado por la cátedra extraordinaria UCM "Drogas Siglo XXI" y por el proyecto I+D+i "Fiscalización internacional de drogas: problemas y soluciones". La profesora de Derecho Penal y directora de dicha cátedra, Araceli Manjón-Cabeza, aseguró, en la inauguración de las jornadas, que quienes reclaman la reglamentación de todas las drogas lo hacen porque saben que son peligrosas y por eso desean que "sea el Estado el que las regule y no los narcotraficantes". La prohibición, "que es el sistema que todavía hoy está vigente, no ha servido para acabar con las drogas, y por el contrario sabemos que cada vez hay más drogas, más baratas, más disponibles, más peligrosas... La química no tiene límites, así que por muchos que se pongan y se fiscalicen por Naciones Unidas siempre saldrán productos nuevos".

 

Tiene claro Araceli Manjón-Cabeza que "la fiscalización, por tanto, nunca será completa y no se conseguirá un mundo libre de drogas, por eso hay ya algunos países que han optado por opciones distintas a la prohibición, fundamentalmente en el continente americano".

 

Recordó la profesora de Derecho Penal que "hasta finales del XIX las drogas no estaban prohibidas, se vendían en farmacias, y todo ocurría sin grandes problemas de salud". La prohibición apareció por diferentes razones entre las que no estuvo la salud pública, pero sí el prohibicionismo moral, incluso motivos racista y, razones económicas. El gran motivo, de todos modos, fue que "Estados Unidos se dio cuenta de que podía afirmar su hegemonía política en todo el planeta so pretexto de que era el único país que podía hacer frente a las drogas".

 

De ese modo, se lanzó la guerra contra las drogas por parte de Nixon, que "ha sido un fracaso absoluto, porque se perdió el mismo día que se declaró". Es así, porque el enemigo real no son las drogas, sino los narcos, que por ejemplo en México tienen abierta una triple guerra: contra el Estado, contra otros narcos y contra la población civil. De acuerdo con Manjón-Cabeza, "sólo ha producido unos ríos de sangre espectaculares y además cada vez hay más drogas, no sólo para la venta, sino también para el consumo".

 

Esa política antidrogas de Estados Unidos además nunca ha evaluado sus resultados. Sí ha analizado los resultados parciales de otros países como Colombia y México, pero jamás ha evaluado sus efectos antidrogas y "si tuviésemos que medirlo, tendríamos que concluir que los resultados han sido nefastos dentro de las fronteras de Estados Unidos, donde jamás se ha detenido a un capo de la droga, no ha habido esfuerzos en ese sentido".

 

El mayor negocio del planeta

Continúa la profesora de Derecho afirmando que la política exterior de Estados Unidos siempre ha tenido un pretexto: tráfico de drogas, lucha contra el comunismo, contra el yihadismo... Esta guerra ha provocado un desastre absoluto, y muchos efectos negativos como la merma de los Derechos Humanos, la creación de víctimas de fuera de Estados Unidos en su mayoría, la circulación por el planeta de auténticos venenos que son "consecuencia de las porquerías con las que se corta la droga prohibida", unos sistemas judiciales y carcelarios que no soportan tanta represión, la creación de un crimen organizado absolutamente devastador, la corrupción de voluntades públicas y privadas, el dejar la gobernabilidad en manos del crimen organizado...

 

Opina Manjón-Cabeza que un hipotético régimen de reglamentación de todas las drogas "no acabaría con el crimen organizado, que es algo que va a existir siempre, pero se le quitaría la parte más lucrativa de todos sus negocios, porque producir drogas te cuesta lo mismo que producir perejil, pero el precio final es brutal". De hecho es un negocio fantástico, "el mejor que hay en el planeta, porque tiene el mayor margen comercial de cualquier producto existente".

 

Las sustancias prohibidas

La prohibición que existe hoy en la mayor parte de países se ha conseguido poner en pie con listas de sustancias muy peligrosas, con gran potencial de adicción, y con utilidades médicas, y en función de esos parámetros las sustancias están en una u otra lista de las Naciones Unidas y eso implica un régimen de circulación más o menos estricto.

 

Considera la profesora de Derecho que "esa clasificación no se ha basado nunca en evidencias científicas. Por ejemplo, la hoja de coca, que no es una droga, tiene la misma clasificación que la heroína y al cannabis no se le reconoce ningún efecto terapéutico, cuando sabemos que sí los tiene".

 

La clasificación se ha puesto en pie utilizando el instrumento penal contra la oferta, no contra la demanda. Si se ha hecho así, es porque "los parámetros de éxito de la lucha contra las drogas se miden en cuanto a incautaciones, detenciones, fumigaciones... Con ello se han olvidado de actuar en el otro elemento fundamental del trasiego de drogas, que es la demanda, y ha hecho renuncia al instrumento de la reducción de daños, que es el más eficaz".

 

Las sustancias que están fiscalizadas conforman una lista que hay que modificar constantemente, porque en cuanto se cambia una molécula de la sustancia sale una nueva. Las drogas inteligentes, de acuerdo con Manjón-Cabeza, imitan a los cannabinoides, pero son muy peligrosas porque se les puede dar la potencia que se quiera, mucha más que el THC, que de manera natural no tiene dosis letal. Si se hace en un laboratorio lo manipulas como quieras, y eso son drogas inteligentes que, por ejemplo, hoy "se consumen en el Silicon Valley, porque es la forma de que los creativos tengan una capacidad creativa muy grande y prácticamente no dormir, como la cocaína en los 80, cuando la usaban los yupis". Por tanto, son drogas peligrosísimas que provocan una gran preocupación internacional, al igual que las sustancias psicotrópicas, que en principio son para investigación científica, pero que se están usando para consumo humano.

 

La regulación

"No hay ningún sentido para que en el siglo XXI todavía siga prohibido el cannabis en su uso terapéutico, en niños con epilepsia refractaria o en mujeres con cáncer de mama", asevera la conferenciante. Añade que esta es "una sustancia natural de facilísimo control y producción, y además baratísima, que es absurdo que no esté permitida y lleve a que haya que recurrir a estas drogas en el mercado negro". Reconoce además que nunca pondría la marihuana en el comercio, sino que la dejaría en manos hospitalarias. "Habría que domesticar a los consumidores y habituarles al mercado legal frente al ilegal. Hay pistas de que eso es posible, que dicen que el mercado regulado es menos dañino que el no regulado".

 

Mientras que la prohibición tiene la "característica de talla única, se cogen todas las sustancias y países y a todo se le aplica el mismo tratamiento, equiparando todo cuando sabemos que no es lo mismo y ha convertido a países en víctimas, la permisión operaría dentro de un gran margen de incertidumbre, pero la ventaja de un régimen permisivo es que cada país y cada sustancia se trataría de manera diferente en cada uno de los países. En Colombia, por ejemplo, el cultivo de la marihuana medicinal puede ser una gran baza política, que sustituya las plantaciones de cocaína".

 

Es evidente que no hay garantía de éxito, pero "los pocos datos que tenemos nos dicen que donde ha habido un mercado regulado ha habido menos problemas sociales". En nuestro país, sin ir más lejos, "ha habido menos problemas porque no se ha encarcelado al consumidor, que es la peor respuesta que se puede dar".

 

Para Manjón-Cabeza un régimen ideal sería el que juntase la regulación recreativa de Uruguay con la medicinal de Colombia. A lo largo del congreso internacional se habló de esos modelos, pero también de la política pionera de Holanda, "con un régimen de permisión fáctica", de Bolivia y de Canadá, donde en cada provincia hay un sistema diferente de regulación, desde una sociedad pública que controla todo el proceso hasta provincias que "sólo autorizan la venta por Internet, lo que hace que pueda comprar las drogas cualquiera, sin tener en cuenta su edad".

 

Todos esos modelos, junto a la regulación de Estados Unidos, son todavía escasos, pero "los pocos indicios que tenemos es que es mejor la regulación que la prohibición". Araceli Manjón-Cabeza confiesa que llegar a la regulación internacional de las drogas es "una aventura en la que no estamos todavía", y pone un punto pesimista asegurando que no cree que ella vaya a ser testigo.

Augusto Vítale, Carlos Brito, Araceli Manjón-Cabeza, Marzia Anna Rosti y Adrián Restrepo antes de la inauguración del congreso internacional Siglo XXI: cambio de paradigma en las políticas de drogasAraceli Manjón-Cabeza tiene claro que la prohibición no ha llevado más que a la aparición de nuevas drogas y más peligrosasLa profesora Marzia Anna Rosti habló sobre la situación actual del cultivo de coca en BoliviaEntre los asistentes, muchos alumnos, pero también alguna profesora como Margarita Martínez EscamillaAugusto Vítale expuso las lecciones aprendidas de la ley de regulación del mercado del cannabis en Uruguay
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