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Viernes, 17 de agosto de 2018

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Crítica de cine: El capital, de Costa Gavras

Texto: Jaime Fernández, - 11 DIC 2012 a las 13:45 CET

Marc Tourneuil ha ido trepando poco a poco dentro del gran banco europeo Phenix. Cuando el director enferma de gravedad eligen a Marc para sustituirle pensando que va a ser un pelele, pero no cuentan con su desaforada ambición.

La historia de esta película está basada en el deprimente y devorador mundo real de los bancos, lo que le sirvió de inspiración a Stéphane Osmont para escribir su novela El capital. A partir de dicho libro, Costa-Gavras elabora un guión en compañía de su colaborador habitual Jean-Claude Grumberg (con quien ya ha hecho títulos como Amén, Arcadia y Edén al Oeste) y del novato Karim Boukercha. En la historia se nos presenta un deleznable mundo en el que lo único que interesa es el dinero por el dinero. El protagonista, frente al estupor de todos los que le conocen, acumula millones y más millones (consigue bonus incluso hasta por despedir gente), y considera que es esencial tener mucho dinero, cuanto más mejor, para que te respeten. En ese "juego" en el que la gente se queda en el paro, se suicida, pierde su casa, él no es más que un ganador sin escrúpulos que no duda en afirmar que su banco es ético (esto suena mucho) a pesar de los miles de despidos, de dejar de conceder créditos a las pymes, y de especular con todo lo especulable. A pesar de todo eso, el protagonista tiene un discurso muy parecido al del sarcástico Banquero Anarquista del homónimo libro de Fernando Pessoa. El mensaje es que la única internacional que realmente existe es la del dinero y si estás fuera de ella estás muerto.
Costa-Gavras lleva ya 54 años haciendo películas. En todas ellas hay un poso político muy claro, muy humanista y muy de izquierdas. De esas izquierdas que van desapareciendo poco a poco y que son críticas con todo lo que vaya en contra del ser humano, sin importar si son políticas aceptadas por un partido determinado. Eso ha hecho que a lo largo de su carrera haya sido tildado de anticomunista, antidictarorial e incluso falsario. A él todo eso le da igual y tiene claro que en sus películas jamás ha "manipulado la historia". Quizás El capital tampoco guste a un determinado público, pero desde luego falsa no es.
En cuanto a los actores, el marroquí Gad Elmaleh borda su papel de tiparraco sin principios; y lo mismo se podría decir de Gabriel Byrne. De hecho la peli vale la pena solamente por ver a estos dos trabajando.

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