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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 17 de enero de 2019

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El escritor Luisgé Martín se confiesa ante los estudiantes de Filología

La Facultad de Filología ha acogido un coloquio con el escritor Luisgé Martín, en torno a su libro El amor del revés, como una actividad, abierta a toda la comunidad complutense, de la asignatura que imparte Santiago López Ríos, Literatura: Marginación y Protesta. Martín ha confesado que tras irse de la Facultad no apareció por aquí durante un periodo largo de quince años, y cuando volvió a impartir una especie de máster de edición tuvo "la fase de llorera, de vuelta de la nostalgia, de recuerdos de todo lo vivido aquí". Reconoce que, aunque no se prodiga mucho, cada vez que viene tiene "ese aguijonazo de tristeza", porque al final, y eso está en su literatura, "la vida es un sumidero de mierda aunque uno la viva bien, porque supone un proceso de ir perdiendo, de ir alejándose, de ir despojándose, y eso no deja de ser un proceso de desolación".

 

Tras ese arranque un tanto deprimente, Luisgé Martín, añadió que siente una felicidad especial de ser llamado para hablar de su obra, y también "un poco intimidado, por el hecho de que eso no es una charla normal", sino una en la que fue su casa y donde pasó tantos años, que aunque en su momento no se sepa, "se viven de una manera especialmente intensa, por la formación de la propia sentimentalidad y por la educación". Reconoció además que entre sus mejores amigos siguen estando algunos de los que conoció durante sus estudios en la Complutense.

 

El decano de la Facultad, Eugenio Luján, consideró el privilegio de poder presentar a Luisgé Martín, "como decano y como lector, que ha leído casi todo lo que ha publicado". Consideró Luján que Martín es "una de las voces relevantes de la narrativa actual". Por su parte, el profesor Santiago López Ríos aseguró que la presencia del escritor en esta charla ha sido promovida por los propios alumnos de la Facultad de Filología, ya que "en la asignatura de Marginación y Protesta el libro El amor del revés es una lectura obligatoria, como parte del estudio de la identidad española y de la literatura LGTB".

 

Comenzó confesando Luisgé Martín que cuando escribió El amor del revés empezó su reconciliación con su yo de quince años, que aunque es diferente en muchas cosas, "en lo esencial, en lo que tiene que ver con lo que siente, no ha habido modificación. De hecho, todo lo que tiene que ver con la inseguridad, con determinadas carencias afectivas... permanece desde los veinte casi sin modificarse". Reconoce el escritor que sí "se aprenden las trampas del disfraz y de las habilidades sociales, la propia experiencia  le da a uno mecanismos a cómo reaccionar ante determinados estímulos, pero se siente igual de vulnerable que con veinte años".

 

Si tuviera que hacer un perfil psicológico cree que era el mismo a los veinte que ahora, "no intelectualmente claro, en eso sí es como la noche y el día, son personas distintas y esa evolución no ha parado, tiene que ver con las propias circunstancias vitales, con el trabajo, el dinero, las responsabilidades, la pareja, loshijos el que los tenga... Todo eso lleva a que lo que uno hace y decide es completamente mudable, pero hay algunas cosas que son incorregibles y vienen en el temperamento, las cosas importantes, las que tienen que ver con cómo uno se comporta, se gestan en la última infancia o en la pubertad".

 

Escribir sin sufrir, por una vez

Confiesa Martín que él es del tipo de escritores que siempre sufre escribiendo, pero esa experiencia no la compartió durante la redacción de El amor del revés. Eso que quizás pueda parecer paradójico, por lo mucho que expone su vida en el libro, se debe a que en esta ocasión ya sabía lo que pasaba, porque era su vida y lo único que tenía que hacer era escribir. Añade eso sí, que aunque no sufrió sí lloró muchísimo en el proceso de escritura, en revivir con otros en charlas aquello que pasó, y "hubo momentos emocionales muy fuertes y algún descubrimiento como que no recordaba que había confiado su destino al tarot en algún momento". A pesar de eso "no hubo dolor, no hubo sufrimiento ni una vuelta a la angustia que vivía en aquella época".

 

Durante muchos años no pensó que fuera a escribir unas memorias sentimentales como estas, pero a partir de un determinado momento, "desde los 40 y pocos años" pensó que ya no hacía falta buscar disfraces porque en realidad su literatura ya hablaba de lo que él quería, de la identidad, de la marginalidad, de los sentimientos, del amor... Decidió entonces que no tenía ninguna necesidad de seguir construyendo ficciones cuando podía contar aquello con toda la naturalidad con lo que ocurrió, con episodios como su amor por un chico del que estuvo enamorado como si fuera lo más maravilloso del mundo sin conocerle. O capítulos más duros como "la terapia de reeducación, algo que sigue estando ahí y que fue muy sintomático que alguien llegara a plantearse cambiar de sexualidad".

 

Asevera Martín que en principio pensó que "ese libro llegaría más tarde, cuando fuera ya un viejecito", pero hubo un momento tras La vida equivocada en el que estaba ya un poco cansado de sí mismo, de exprimir fórmulas, de autoficción en la que se disfraza el personaje y "necesitaba hacer algo distinto, que era ese libro que estaba en la recámara desde hace tiempo".

 

La felicidad

Hace unas semanas ha publicado El mundo feliz. Una apología de la vida falsa, un ensayo que "reflexiona acerca de toda una serie de aspiraciones, de ambiciones, que tenemos, algunas grandilocuentes como la libertad, la fraternidad, que parecen que justifican nuestro movimiento en la vida, y la auténtica búsqueda que es la de la felicidad".

 

La felicidad literaria que sintió al escribir El amor del revés, para Martín es "la máxima felicidad, la que nos levanta del suelo". Es consciente, eso sí, de que el concepto de la felicidad es voluble "y uno puede tener la esperanza de reconocerla cuando la ve". En su momento vital actual para él la felicidad es "el sentimiento de paz que el de júbilo, que no es más que un momento, un fogonazo".

 

Aparte de la felicidad de escribir, Martín confiesa que cuando tuvo la sensación mayor de plenitud y júbilo, fue "durante la época universitaria y la escolar, porque fueron aquellos momentos en los que tenía la capacidad de fantasear vidas prodigiosas y creerlas". Eso, como es lógico, se pierde con la edad porque el margen de acción que uno tiene es distinto, y "mientras que en aquella época imaginaba que iba a ser un escritor maravilloso y conocido en el mundo entero, que iba a viajar por todo el planeta, que iba a tener diner, lo que nunca imaginaba es que iba a estar casado con alguien y tener una vida feliz en el sentido convencional".

 

Memorias LGTB

Informa el escritor de que en España hay, y eso "los académicos lo saben mejor, una carencia de literatura confesional, de literatura intimista", aunque es cierto que no escribió El amor del revés porque detectara esa ausencia, sino porque era su vida y "un escritor escribe para ordenar el mundo, y el primero que tiene que ordenar es el suyo propio".

 

El libro se ha colocado en los estantes de las librerías de literatura LGTB, algo que según Martín es "un veneno para las ventas, porque hay mucha gente que sigue pensando que libros como este no tienen sentido para un lector que no sea homosexual". Cree que una etiqueta como esa cada vez es menos útil y "el final de todo el proceso, es que la literatura gay desaparezca como literatura de conflicto, porque cada vez hay más libros en los que el personaje es gay, pero esa no es la parte fundamental de la historia".

 

Recuerda que cuando se aprobó el matrimonio homosexual hubo un cierto alboroto dentro del movimiento, con autores como Álvaro Pombo, que decían que casarse destruía su capacidad de subversión social y todo un discurso que a él mismo le "enfadaba bastante porque partía de un análisis sociológico que no se correspondía con la realidad, porque la homosexualidad no da a nadie capacidades ni de sensibilidad ni de subversión ni de cultura". Considera además que "la igualdad de la que hablamos no obliga a la alienación, porque el poder casarte no te obliga, y el poder morrearte en el campus no hace que luego no puedas ir a fiestas de sado maso". A pesar de todo ello, Martín reclama "el derecho a la diferencia, porque eso es lo único que nos salva la conciencia, aunque partiendo siempre de una igualdad legal".

 

La sexualidad

En un ejercicio de sinceridad, Luisgé Martín reconoce que tiene un defecto, que él considera una virtud, y que es "ser muy transparente". A pesar de eso, cuando publicó El amor del revés, su madre empezó a decir que tenía cuatro hijos, los tres que ella conocía y el cuarto que había descubierto al leerlo, porque a ella "no le había contado esos detalles escabrosos ni de lejos".

 

A pesar de que en el libro hay largos pasajes dedicados al sexo, Martín siempre tuvo "el deseo de que el libro no se convirtiera en un relato porno, aunque lo sexual era un gran pivote y no podía estar ausente". Reconoce que a pesar de eso, y por su transparencia, "ni fue difícil contarlo ni ha tenido luego ninguna reacción problemática", de hecho tuvo más problemas cuando publicó Los amores confiados, una novela que cuenta su relación con un personaje que fue su primer y único novio serio hasta que encontró a su marido. En aquel libro se permitió las licencias de la novela, y una de las cosas fue que tenía un amigo alemán que vivía por Chueca y tenía relaciones sadomasoquistas e incluso un esclavo atado. Confiesa, entre risas, que aquello le costó estar a punto de que su madre le dejara de hablar, aunque lo contado fuese una mentira, que sólo formaba parte de su "sucia mente".

 

Para Martín "la belleza sexual es aquello que está en el centro de nuestra estructura, es ese descubrimiento de algo absoluto que se siente al ver el rostro o el cuerpo de alguien". Esa sensación de absoluto es lo más cercano que él ha tenido a "una experiencia mística, que sostiene casi la supervivencia de la especie, es el instinto que nos hace seguir vivos", lo que hace que sea tan difícil racionalizar la belleza. Explica que como escritor le fascinan tanto la belleza  como la fealdad, porque "implican hablar del tiempo y de la muerte, que son los grandes temas de la literatura".

 

A la pregunta de quién querría que leyera ese libro, Martín responde que le gustaría "que lo leyeran los homófobos o los padres desorientados, porque ahí puede ver la constatación de que no son nada más que personas que quieren amar a personas de su mismo sexo, y para alguien que no esté cerca del mundo homosexual este libro puede revelar mucho".

 

Por último, y aunque no se considera la persona más adecuada para dar consejos, reconoce que la gran enseñanza que ha sacado de su propia vida, es que "al final lo que es, es lo que va a ser, es decir que por mucho que quieras tapar y disimular algo, al final la felicidad depende de que eso quede al descubierto, y cuanto antes lo hagas más feliz vas a ser. Con la propia identidad es imposible negociar".

Santiago López Ríos, Luisgé Martín y Eugenio Luján en la Facultad de FilologíaLuisgé Martín leyó un fragmento de su libro de memorias El amor del revésLos estudiantes de la asignatura Literatura: Marginación y Protesta disfrutaron de la conversación con Luisgé MartínSantiago López Ríos, vicedecano de Relaciones Internacionales de la Facultad de Filología, y profesor de la asignatura Literatura: Marginación y ProtestaEl decano Eugenio Luján, en primera fila, opina que Luisgé Martín es una de las voces relevantes de la literatura actualEugenio Luján, Luisgé Martín, Santiago López Ríos y Rebeca Sanmartín, del Departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía
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