CV / ARTES Y HUMANIDADES
Noemí Trujjillo y Lorenzo Silva: “Intentamos interpretar, a través de la ficción, qué es lo que cuentan los crímenes sobre la condición humana”
Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Aída Cordero - 23 jul 2026 13:46 CET
Lorenzo Silva y Noemí Trujillo. O Noemí Trujillo y Lorenzo Silva. Él ha escrito cerca de setenta libros, fundamentalmente de narrativa, pero también algunos ensayos de no ficción. Ella es autora de catorce poemarios, de algunas novelas y de un libro de no ficción sobre la maternidad. Juntos han creado el universo narrativo de la policía Manuela Mauri, de la que ya se han publicado tres novelas y la cuarta está en proceso creativo. Su versatilidad les ha animado a dirigir en los Cursos de Verano de la UCM en San Lorenzo de El Escorial el taller “Investigación Criminal, ficción histórica y autoficción: algunas claves sobre los géneros literarios”.
El título de este taller es muy ambicioso. ¿Por qué habéis decidido englobar en un par de días prácticamente todo lo que está de moda en la literatura actual?
Noemí Trujillo: La idea de este taller es hablar de algunas claves de los géneros literarios, porque escribir es tomar decisiones: ¿Qué quieres contar? ¿Cómo quieres contarlo? ¿Quién es el narrador de tu historia? ¿Quién es el narratario? ¿Qué personajes son? Pero hay una decisión muy importante, sobre la que a veces no reflexionamos lo suficiente, que es en qué género vas a contar esa historia, en el sentido de qué horizonte de expectativas le vas a dar al lector. En función del género que elijas, vas a ser un escritor u otro, porque cambia radicalmente, y por eso en este taller hemos hecho un recorrido de algunos autores que han aportado una singularidad, una mirada distinta en estos tres grandes géneros, en la ficción criminal, en la novela histórica y en la autoficción.
Lorenzo Silva: Sobre novela negra y ficción histórica se hacen muchos talleres, así que la idea ha sido lanzar una mirada un poco más compleja, en un momento en el que se asiste, por lo menos en el panorama editorial, a muchos fenómenos de hibridación entre géneros. También ahora hay una reflexión que puede emerger del conjunto del examen de estos tres géneros, porque son los que ahora mismo mandan en las librerías, en las listas, en las preferencias de los lectores, y por tanto en las preferencias de los editores. Ahora, la gente quiere hablar y leer más sobre crímenes, sobre el pasado y sobre el yo, y eso debe significar algo que yo no sé muy bien lo que es, pero si podemos avanzar algo en la pregunta, aunque no lo hagamos en la respuesta, algo habremos aportado.
En 2013 hicisteis vuestra primera colaboración literaria juntos, Suad, un libro de narrativa juvenil. Luego habéis coescrito cinco más, la mayor parte de novela negra y policiaca. ¿Os veis escribiendo autoficción los dos juntos?
L. S.: Lo veo complicado, porque eso es difícil de compartir.
N. T.: Yo soy poeta, pero cuando escribo novela negra con Lorenzo, o promociono cualquier obra de la serie de la inspectora Manuela Madri con él no tengo espacio para hablar de mi poesía, ni de mi trayectoria como poeta, pero reconozco que soy poeta de la cabeza a los pies. Lo que ocurre es que yo no puedo pagar facturas con la poesía, tengo que escribir más cosas, así que también escribo novela negra y autoficción. Lorenzo es muy conocido por su serie de novela negra de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, pero también ha escrito mucha novela histórica. El género autobiográfico lo ha trabajado menos, y creo que incluso cuando él está presente en sus novelas, habla a través de otros, a través de los hechos que está reivindicando, quizás porque es el género donde menos cómodo se siente. Tampoco podría escribir poesía, porque, aunque él la ha escrito, no es su género, hace una poesía muy prosaica, muy diferente a la mía, así que tenemos que escribir en lo que nos entendemos, y al final, ese entendimiento ha venido con la novela negra.
¿Y cómo es eso de escribir a cuatro manos? ¿Cada uno se centra en una parte? ¿Consensuáis todo lo que va a aparecer en el libro?
L. S.: Consensuamos todo de entrada, tanto el personaje principal como los secundarios y, por supuesto, la historia, porque una novela, en la que inviertes muchas horas, la haces por y para algo, y ese por qué y ese para qué deben ser compartidos. A partir de ahí, lo que intentamos hacer, y creo que nos apañamos, es reconocer qué es lo que puede aportar el otro y qué es lo que le puedes aportar al otro, aunque también en sentido negativo, porque es importante reconocer qué es lo que tú puedes proponer, pero que al otro no le vale, y guardártelo para tus libros, que para eso ella ya tiene los suyos y yo tengo los míos, sin generar espacios de conflicto. Es verdad que cuatro ojos ven más que dos, en la vida, en una historia y también en la construcción del personaje, y aprovechamos esa fortaleza que te da contar cada cosa que aparece en la historia con una doble perspectiva, para enriquecer cómo lo vamos a presentar al lector.
Las tres novelas de la serie de Manuela Mauri están basadas en algún crimen real. ¿No os da un poco de angustia introduciros en ese lado oscuro de los humanos?
N. T.: Yo mejor que basadas, diría inspiradas o sugeridas por casos reales, como hizo Manuel Vázquez Montalbán en Tatuaje o Federico García Lorca en La casa de Bernarda Alba.
L. S.: La inspiración está ahí, solo hay que leer la prensa, y es normal que haya casos que te llamen la atención, porque plantean preguntas muy incómodas, de cómo ha podido suceder esto, y decidimos escogerlo para intentar responder a esa pregunta. Por ejemplo, en el primer caso de la inspectora Manuela Mauri, aparece una mujer que está en situación de prostitución, que ha hecho un viaje muy largo para llegar a España, y que luego muere a manos de su cliente, y no solo muere, sino que su cliente la descuartiza y la tira a la basura. Bueno, esto sucede, está en la prensa, lo que ocurre es que lo leemos y olvidamos todo lo malo, lo macabro.
N. T.: Las muertes de las prostitutas son olvidables al día siguiente, nadie las recuerda, nadie piensa en ellas, porque si pensáramos en ellas, saldríamos a la calle a decir que hay que abolir la prostitución en España. Si contáramos las mujeres que mueren a manos de sus clientes, nos indignaríamos, pero lo olvidamos. La novela negra te permite rescatar estos interrogantes. ¿Cómo puede suceder que alguien que sea una persona normal acabe haciendo esto? Que acabe despersonalizando tanto a una persona como para descuartizarla y tirarla a la basura como si no fuera nada. Nos inspiramos en la realidad, en cosas que han sucedido, que llaman nuestra atención, que no queremos olvidar, pero luego cambiamos, ficcionamos muchísimas cosas porque no hacemos true crime, no es lo que queremos hacer, sino que lo que queremos es trasladar la pregunta al lector.
L. S.: Eso es. No queremos contar la historia real, por muchas razones, entre otras, porque creo que todo relato de una tragedia real, en cierto modo, la revive, la recrea, y sobre todo si queda alguien que puede participar de ese dolor, pues se lo suscita, y eso es algo que no queremos hacer. Aparte, también, cuando tú cuentas una historia, la cuentas con cierta profundidad, tienes que entrar en la intimidad, y yo no quiero entrar en la intimidad de personas que además han sufrido, ni siquiera de los culpables, tampoco tengo esa necesidad. Así que, de los casos reales, lo que extraemos son los conflictos y los móviles por los que se producen crímenes, e intentamos interpretar, a través de la ficción, qué es lo que cuentan los crímenes sobre la condición humana, en general, y sobre nuestro tiempo y nuestra sociedad en particular.
Los tres títulos de la serie de Manuela Mauri son versiones femeninas de títulos de novelas conocidas de Primo Levi, Arturo Barea y Samuel Beckett. ¿Elegís esos títulos antes o según vais desarrollando la novela pensáis que os puede encajar?
N. T.: Los elegimos antes, de hecho, ya tenemos pensado el de la cuarta novela, pero no te lo puedo decir. En esta serie queríamos fusionar la novela negra con la gran literatura del siglo XX, porque yo he estudiado mucha teoría de la literatura y mi campo de especialización es el siglo XX, y me da mucha pena la tiranía de la novedad que vivimos en el que se publican muchísimos libros, llegan a la mesa de novedad y son desplazados por la novedad siguiente en una semana. Tenemos mucha presión por leer la novedad y hay libros estupendos del siglo XX con una calidad extraordinaria que no leemos porque siempre tenemos esta obligación de leer lo último.
L. S.: Esto es una idea de Noemí, yo al principio no la veía, pero me convenció y creo que entre otras cosas ha servido para que gente que no había leído a Primo Levi, a Arturo Barea o a Samuel Beckett lean libros fundamentales para entender el siglo XX. Es cierto que El innombrable, de Beckett es un libro bastante difícil, pero seguro que alguien ha tenido una lectura interesante a través de esa referencia.
N. T.: En la presentación de La forja de una rebelde me vino una chica y me dijo que se había leído el libro de Arturo Barea porque se lo recomendó su profesor, el historiador Ángel Bahamonde, que fue quien también me lo recomendó a mí, como lleva haciendo bastantes generaciones. De hecho, en los agradecimientos de nuestro libro aparece Bahamonde, porque al igual que él me animó a leer La forja de un rebelde, con nuestra novela aspiramos a que otros también lo hagan.
En la segunda década de este siglo hubo un bache importante en la lectura y en las ventas, que parece que se ha superado. ¿Por qué pensáis que ha ocurrido eso?
L. S.: Ese bache no fue por la crisis del 2008, porque las ventas de libros se hundieron en el 2012, coincidiendo con la aparición del iPad. La quiebra de las ventas fue claramente por el trasvase de mucha venta de librería al abastecimiento pirata, que para mí es ilegal y delictivo, además de inmoral. Ahora estamos recuperando las cifras previas a aquella pérdida de un 30% en el sector editorial, y se ha recuperado, yo creo, por dos factores. Por un lado, porque alguien dio por muerto el libro de papel demasiado pronto, cuando en realidad es un artefacto demasiado potente para leer literatura, y mientras quede gente a la que le guste la literatura y que no tenga problemas de vista muy graves, el libro en papel resistirá y es el principal soporte de esta industria. La otra razón es que el sector editorial se ha movido y ha publicado o ha hecho apuestas comerciales que a lo mejor no son muy literarias ni muy sofisticadas y que a lo mejor no son lo que entra dentro de nuestras preferencias como lectores, pero que les han permitido recuperar su facturación.
N. T.: Vivimos en un momento donde lo extraliterario tiene mucho peso. Nosotros somos dos escritores que tenemos ambición literaria, que queremos escribir bien y transmitir cosas con la literatura, que no queremos bajar el nivel, que creemos en un lector inteligente, que estamos haciendo esa analogía con el siglo XX y proponiendo grandes obras de la literatura para releerlas e reinterpretarlas. Pero el mercado editorial es muy darwinista y lo extraliterario tiene mucho peso, tiene mucho peso la ropa que lleva puesta el escritor, si es mujer el vestido que lleva puesto la escritora, el escaparate en redes sociales, el tatuaje, la camiseta... A mí me da pena que sea eso lo que al final determine una polémica y ventas, y no el discurso literario o lo que tiene que decir un escritor. Yo me promociono con ideas, no con vestidos y no con calcetines, aunque me han regañado porque en un vídeo para Instagram mis calcetines eran muy feos, cuando lo que importa es que yo sea capaz de transmitir un discurso al lector.
