CULTURA

El Archivo de la Palabra de la Facultad de Filología

Filología da a conocer el Archivo de la Palabra

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 27 nov 2020 12:20 CET

De acuerdo con José Lázaro Rodrigo, director del Archivo de la Palabra, su origen habría que buscarlo en el año 2010 en lo que se conocía como Corpus Oral Complutense y que tenía, fundamentalmente, una utilidad de investigación para profesores y estudiantes de la Facultad. Ocho años después, en un acto homenaje a Pablo Neruda, organizado por la Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR) en la Facultad, se unificaron los intereses de las dos instituciones y nació ese Archivo de la Palabra, a iniciativa del vicedecanato de Biblioteca, Cultura y Relaciones Institucionales de Filología. En la presentación de su trabajo se ha podido escuchar tanto a Lázaro Rodrigo como al propio Baltasar Garzón y a Rodrigo Lledó, director de la FIBGAR, quien presentó el proyecto Memorízate.

 

Recuerda José Lázaro Rodrigo que en principio los propios estudiantes se grababan entre ellos para tener una idea de su interés por la lengua, pero tras 2018 comenzaron a grabar también a sus mayores, algo que en principio nació con un interés filológico para comparar registros del habla de dos épocas distintas. Al poco tiempo, sin embargo, empezaron a descubrir que en esas grabaciones surgían historias muy interesantes, con testimonios incluso de la guerra de los Balcanes o de la represión en Alemania en la postguerra.

 

Al entrar en la web del Archivo de la Palabra se pueden ver grabaciones de actividades que se llevan a cabo en la Facultad y también se almacenan trabajos filológicos sobre los discursos, pero “además de estudiar el lenguaje en esas grabaciones hay una Historia, o más bien una intrahistoria”. El director de la iniciativa asegura que “existe la necesidad de mantener esa intrahistoria que hacemos todos y cada uno hoy en día, porque constituye un documento emotivo, tanto para los que escuchan a sus mayores, como para los demás”.

 

Informa Lázaro Rodrigo que desde 2011 están confeccionando carpetas con grabaciones y transcripciones, que “tienen que ser la base de nuevos trabajos”. Animó a los estudiantes de la Facultad, especialmente a los que ya están cursando los dos últimos años, a que indaguen en “un material que nos está llamando para meter las manos e investigar, porque esa es la manera de seguir teniendo la llama viva, es un acicate para que los estudiantes tomen el testigo para seguir haciendo de la universidad una institución viva que tiene la obligación de formar ciudadanos y personas que sepan pensar con rigor, que distingan lo verdadero de lo falso. Y ahí los filólogos tienen mucho que decir, como cuidadores de la palabra”.

 

Ese trabajo hace, según el vicedecano José Manuel Lucía Megías, que la universidad tenga el sentido esperado de que “el estudiante no sólo aprende, sino que forma parte de la institución, porque esos archivos personales se convierten en institucionales y pasan a la difusión e investigación”. Incita, por tanto, a los alumnos a que rescaten “la cotidianidad, el día a día de las personas anónimas que construyeron nuestra sociedad, nuestro país, para que los demás ahora tengamos las oportunidades que ellos no pudieron tener”.

 

Memorízate

Alentó también Lucía Megías a los estudiantes a que se metan en Memorízate “para oír en primera persona lo que ha ocurrido en el pasado, ya que como ciudadanos tenemos que hacer un esfuerzo por escuchar, porque lo que a veces parecen batallitas forman parte esencial de nosotros”.

 

Rodrigo Lledó, director de la Fundación Baltasar Garzón, presentó precisamente en este acto el proyecto Memorízate, que nació con el objetivo de recuperar la información reunida para la causa que llevó adelante Garzón contra el franquismo, donde había un catastro bastante exhaustivo de fosas, desaparecidos y bebés robados, y que fue construida, en gran parte, por las asociaciones de víctimas. La idea de este proyecto, de acuerdo con Lledó, fue darle un carácter audiovisual para acercar la memoria a los jóvenes, con recursos a los que se puede acceder de manera sencilla a través de su web y de la base de datos que hay en la misma. La misión final de Memorízate es “armar la huella completa de nuestra historia para que todos nos reconozcamos en esa verdad y asegurarnos de que no vuelva a ocurrir, por eso se hace de forma participativa, colectiva y colaborativa, creando así lo que se podría considerar una comisión de la verdad virtual”.

 

Lucía Megías añade que estamos en una sociedad donde “tenemos que dejar de pensar siempre que son los otros los que tienen que hacer el trabajo y debemos reflexionar sobre lo que podemos aportar nosotros para recuperar esa memoria, testimonios y recuerdos”, así que animó de nuevo a toda la comunidad complutense a participar, pero también a “buscar y leer esos testimonios y esos relatos grabados que hacen que te salten las lágrimas, por tanto dolor y necesidad que existe por sentirte escuchado en un momento dado”.

 

El decano de la Facultad, Eugenio Luján, brindó también todo su apoyo a este tipo de iniciativas, colaborando desde su centro con lo que mejor saben hacer, es decir, “tratar la palabra, registrar los testimonios, documentarlos y hacer que tengan la visibilidad que merecen”. Cree además que grabar testimonios de víctimas puede contribuir a darles voz, uno de los elementos clave en la reivindicación, con lo que la universidad puede ayudar en el aspecto en la justicia reparadora”.

 

Memoria y lenguaje

El jurista Baltasar Garzón reflexionó sobre lo que entendemos por el lenguaje y por lo que supone en nuestras vidas, ya que “si lo pensamos bien, la mayor parte de los problemas que tenemos en el devenir diario se debe al mal uso de ese lenguaje. Cuando se aborda la memoria democrática, la memoria histórica, ya jugamos con el lenguaje, porque memorias hay de muchos tipos, y no todos son buenos en lo que en sí mismo han supuesto históricamente, aunque es cierto que de todas las memorias se pueden sacar consecuencias, y eso es lo importante”.

 

Reconoce que le cuesta enorme trabajo, a él que le gusta la Historia, asumir determinadas historias, porque “producen dolor, agobio, opresión, algunas son ominosas hasta el punto de decir basta”. Pero al mismo tiene claro que “desde esa aproximación surge el lenguaje adecuado de la memoria, no sectario, no destruyendo mitos o historias, no acabando con una resolución municipal en la que se decide quitar una placa de un líder socialista”.

 

En España, frente a otros países como Argentina, “en la oficialidad todavía se usa el lenguaje sectario por parte de quienes se instalan en la negación más absoluta y ni siquiera respetan los hechos fijados históricamente”. De hecho, parece que “no interesa que la memoria se siga construyendo y por eso están en contra de cualquier legislación o acto a favor de la verdad. Institucionalmente ni siquiera hemos llegado a la pubertad ni en lo legal ni en lo judicial, porque incluso los más progresistas te dicen lo que han logrado, pero sin pedir perdón porque casi durante 80 años no se ha hecho nada”.

 

Rememora Garzón que en el año 2000 comenzaron las exhumaciones en nuestro país y que el primer abordaje, la ley de Memoria Histórica de 2007, fue “una primera aproximación que no se refería a la justicia, ni siquiera a la restaurativa”. En estos momentos hay un nuevo proyecto de ley en tramitación que tampoco recoge la comisión de la verdad, aunque “por fin se establece un sistema sancionador, fundamental en una ley de memoria histórica”.

 

Informa el jurista de que con esa nueva ley las autoridades tendrán que asistir a la exhumación, hacer las pruebas de ADN y resarcir a las víctimas con esas iniciativas, y el que no cumpla deberá ser sancionado. De todos modos, asegura que nuestra obligación como ciudadanos es conseguir una ley más importante que no olvide la reparación simbólica y las garantías de no repetición.

 

Denuncia además que todavía hay archivos militares clasificados como secretos de la guerra civil española y no se prevé jamás la desclasificación de los mismos, y de hecho no entiende que “un gobierno progresista no haya abierto esos archivos, porque no hay ninguna razón para no hacerlo más que tapar aquello que consideran que no debe ser conocido”.

 

Insiste Garzón en que “el principal derecho de las víctimas que era el de la verdad ni estaba ni se esperaba, y el de la investigación se cercenó ya desde la Ley de Amnistía de 1977. Lo más grave es que hoy en día siga siendo así, y que no se haya dado respuesta por consideraciones ideológicas”.