CULTURA

Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025

Gonzalo Celorio, fiel al encuentro del Premio Cervantes en la Complutense

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Jesús de Miguel - 28 abr 2026 11:35 CET

Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948), Premio Cervantes 2025, ha visitado este 27 de abril la Universidad Complutense para mantener un encuentro con profesores y estudiantes en el Paraninfo de las Facultades de Filología y Filosofía. La visita del Cervantes de cada año a la UCM está incluida desde 2016, con Fernando del Passo como premiado, en el programa oficial de actos que diseña el Ministerio de Cultura en los días previos y posteriores a la tradicional entrega del premio el 23 de abril. No obstante, ya en 2014, la escritora mexicana Elena Poniatowska ya estuvo en el Paraninfo nada más recibir el Cervantes. “Es un regalo, un privilegio, un gesto que engrandece a la universidad pública”, subrayó la decana de Filología, Isabel Durán.

 

El formato elegido se viene repitiendo desde hace muchos años: el premiado es entrevistado por profesores y estudiantes de la Facultad de Filología, familiarizados con su obra. En esta ocasión, las encargadas de indagar en la literatura de Gonzalo Celorio fueron la catedrática Esperanza López, la profesora Alexandra Saavedra -quien fue alumna de Celorio en la Universidad Autónoma de México (UNAM)- y la estudiante del máster en Literatura Hispanoamericana Soledad Bernal. La catedrática presentó al premiado: novelista, ensayista, crítico literario, editor y profesor. Especial referencia a su paso, hasta hace escasos meses cuando se jubiló, por la UNAM, donde fue profesor, decano de su Facultad de Filosofía y Letras, y, entre otras muchas cosas más, director de la Cátedra Extraordinaria Maestros del Exilio Español. “Él -subrayó Esperanza López- se considera hijo y discípulo del exilio español”.

 

No obstante, a lo largo de sus extensas respuestas a las preguntas que le fueron haciendo sus “entrevistadoras” –“Contesto muy largo. Soy novelista, si fuera cuentista…”, bromeó- el último Premio Cervantes no dudó en situar sus mayores influencias literarias en los grandes autores del boom latinoamericano, y en especial en Julio Cortázar. “Mi vida la divido en antes de JC y después de JC. Hay escritores que te hacen pensar, mover tus posiciones. Otros, como Julio Cortázar, te modifican la conducta. Para mí, después de JC ni subir una escalera, ni oír una pieza de jazz, ni hacer el amor, ya era lo mismo”, sentenció Gonzalo Celorio, aun admitiendo que pese a ese gran influjo por JC, también fue capaz de “valorar mucho” a Vargas Llosa, García Márquez y Carlos Fuentes, los otros grandes autores del boom.

 

Celorio hizo una reflexión sobre la percepción extendida en España, y a su juicio errónea, de considerar que tras los grandes autores del boom la literatura latinoamericana cayó en depresión. Aún considerando la enorme calidad literaria de Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez o Fuentes, estos se aprovecharon del apoyo editorial que recibieron desde España, en especial del editor Carlos Barrall, quien apostó por ellos para sortear la censura de la España franquista. La muerte del dictador hizo, según señaló Celorio, que las editoriales españolas virarán hacia la literatura del centro de Europa, dejando de “iluminar” a los escritores del post boom, que “eran tan buenos y con tanto talento” como los anteriores. Él mismo se sitúa entre esos autores del post boom, junto a escritores como Leonardo Padura, Bryce Echenique, Ángeles Mastretta, Antonio Skármeta… Lamentó, eso sí, no haber podido vivir el hecho de ser partícipe de una generación, ya que en México la Matanza de Tlatelolco, en 1968, hizo que el miedo se apoderara de los intelectuales y devinieran en actitudes más individualista o pasivas.

 

Celorio habló de muchas cosas más. Del ensayo, uno de sus géneros más visitados, subrayó su hibridez “por naturaleza”, ya que al conocimiento previo y al análisis concienzudo une el brío narrativo e imaginativo. Permite escribir temas serios “sin tener que incluir notas al pie de página, que cuando estás leyendo son como una llamada telefónica en una noche de bodas”, bromeó. También permiten pese a esa seriedad el uso de un lenguaje espontáneo, que le aleja “del profesor de literatura, que explica la flor por el fertilizante”. El ensayista “viene de regreso de las cosas”, sentenció.

 

La novela, por su parte, no nació híbrida. Fue Cervantes quien la hibridó, mostrando que una novela puede ser muchas cosas a la vez: ensayo, comedia, crítica… “Él rompe con todos los cánones en El Quijote y establece el canon de la novela moderna”. La obra maestra de Cervantes cumple, a juicio de Celorio, con la máxima de Alejo Carpentier de que toda gran novela empieza por hacer exclamar a sus lectores que esto no es una novela. También, según añadió, le da la razón a quienes piensan como él, que la definición que da la RAE –“Cortázar decía que los diccionarios son el cementerio donde las palabras van a morir”- al término “parodia” no es acertada, sino que a la “burla de un referente” debería unir la acepción “homenaje”, ya que eso es lo que hacen, por ejemplo, El Quijote al parodiar las novelas de caballería o Joyce al Ulises.

 

También reflexionó sobre la palabra, para él la palabra más importante -en su discurso de aceptación del Cervantes señaló que su palabra favorita precisamente es “palabra”-, pero hay que distinguirla de la realidad. “La palabra no es la cosa, es la representación de la cosa”. Eso unido, a que el tiempo todo lo erosiona, lo distorsiona, le hace dudar de la verosimilitud de los libros de memorias o, al menos, de la certeza de todo lo que cuentan. Es por ello, por lo que su libro de memorias lo tituló Ese montón de cristales rotos, en claro homenaje a Borges, cuando afirmó que “la memoria es ese montón de espejos rotos”. Para Celorio los fragmentos que hay en nuestros recuerdos nos reflejan casi mejor que si estuvieran enteros o no distorsionados.