ÁGORA

El rector Goyache, durante el discurso de inauguración del Curso

Goyache reafirma en la apertura del Curso la vigencia de la universidad pública pese a los intentos por debilitarla

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Francisco Rivas - 25 sep 2026 13:26 CET

El rector Joaquín Goyache ha argumentado, en su discurso inaugural del curso académico, celebrado este 25 de septiembre en el Paraninfo Histórico de San Bernardo, una cerrada defensa del papel y el vigor de la universidad pública en la actualidad, pese a los constantes intentos de desprestigio que está teniendo que soportar. “Hay que decirlo con claridad. La crisis de las universidades públicas españolas en general y las madrileñas en particular no es enteramente accidental ni inevitable”, afirmó Goyache, no sin mostrase convencido de que “la educación superior, la ciencia y la cultura siguen siendo instrumentos insustituibles para mejorar la sociedad”.

 

Son muchas las razones que esgrime el rector para reafirmar la vigencia de la universidad, de la pública en especial, en el “mundo caníbal” que nos está tocando vivir, con bloques que resurgen y en el que aumentan las fronteras intelectuales y las físicas y cada grupo construye su propia versión de los hechos. En ese mundo, “la universidad debe seguir siendo un lugar de encuentro”.

 

También debe ser el espacio al que acudir en una época dominada por la ignorancia y la mentira. “La universidad -defendió Goyache- debe preservar espacios y tiempos para estudiar antes de sentenciar, escuchar antes de opinar y comprender antes de juzgar. Porque la verdad importa, puede ser compleja, provisional y revisable, pero nunca irrelevante”.

 

La Inteligencia Artificial debe ser un apoyo, pero nunca un oráculo. “Ninguna innovación tecnológica puede sustituir el juicio humano ni liberarnos de la transcendencia de nuestras decisiones”, recordó el rector complutense. "La universidad -continuó- no puede formar únicamente personas preparadas para hacer muchas cosas, debe también formar personas preparadas para preguntarse cuáles merecen ser hechas, con qué fin y al servicio de quién o de quiénes”.

 

Son tantas sus funciones sociales que cuesta creer que la universidad sea constantemente desprestigiada. De acuerdo con Goyache, “hay entidades como la nuestra que no hace falta cerrar para debilitarlas. Basta con conseguir que las sospechas se instalen sobre ellas. Una universidad que puede seguir abriendo cada mañana sus aulas, formando estudiantes, investigando y sirviendo a la sociedad, y mientras la simplificación y la confrontación erosionan lentamente aquello que más tiempo cuesta construir. su prestigio y la confianza social. Es una suerte de borrado civil, una muerte civil, si quieren ustedes decirlo. Se deteriora la capacidad de la sociedad para reconocer el valor de cuanto sucede dentro de esos espacios”.

 

La receta que da el rector para salir de esta espiral es “asumir nuestra responsabilidad y mejorar allí donde sea necesario: en la gestión, en la rendición de cuentas, en la atención a nuestra comunidad y en la relación con la sociedad, entre otras muchas cosas”. Pero sin olvidar que “las políticas públicas no siempre han acompañado a las universidades con la estabilidad, los recursos y sobre todo la visión de largo plazo que requiere una institución de conocimiento. Vivimos en una insuficiencia financiera persistente. La multiplicación de obligaciones sin recursos adecuados, la precariedad de las plantillas y una autonomía cada vez más limitada han creado una fragilidad que luego algunos presentan como prueba de incapacidad. Yo señalo esa contradicción. Señalo la distancia que todavía existe entre los discursos que reconocen el valor de la ciencia y los recursos que permiten sostenerla. Señalo la facilidad con la que se recurre a la universidad pública para responder a nuevos problemas sociales y la dificultad para proporcionarle marcos estables que permitan hacerlo. Y señaló el riesgo de que las controversias coyunturales terminen afectando a instituciones cuya misión y cuyo valor trasciende en cualquier coyuntura”, concluyó el rector Complutense, no sin recordar que “cuidar las instituciones de educación superior es una responsabilidad participada por los poderes públicos, las comunidades universitarias y la sociedad. Porque la universidad no pertenece a un gobierno, a un partido o a un equipo rectoral, ni siquiera a una generación. Pertenece a la sociedad y debe seguir sirviéndola cuando las diferencias que pueden surgir en el presente pertenezcan ya al pasado”.

 

La apertura oficial del nuevo curso académico también contó con la intervención del presidente de la Delegación Central de Estudiantes, Pablo Pezo, quien alertó de que pese a algunos avances el “sesgo socioeconómico en el acceso a la universidad” se sigue produciendo. “Necesitamos que la universidad pública cumpla con su función social, amplie oferta de plazas y nunca confunda excelencia con exclusión. Excelencia es facilitar oportunidades. Excelencia es no dejar a nadie atrás. Y excelencia, en definitiva, es que este viaje no esté reservado a unos pocos y que quienes lo inician puedan permanecer en él”. Por todo ello, Pezo reclamó un sistema sólido de becas y precios públicos accesibles.

 

El representante estudiantil reclamo también “criterios claros que eviten que la frialdad del trato administrativo derive en supuestos de indefensión”, la incorporación de la IA “con confianza y corresponsabilidad entre profesorado y estudiantado”; normas de evaluación que tengan un “marco claro y común”, o la participación de los estudiantes en la reforma de los Estatutos, cuya demora debe ser tomada como una oportunidad para ver “hacia dónde queremos avanzar de forma participativa”, ya que la “universidad debe construirse con los estudiantes". Para ello pidió una “financiación adecuada para soñar y emprender nuevos proyectos”.

 

El acto inaugural incluyó como es habitual la presentación de un avance de la memoria del curso pasado, que por segundo año se realizó a través de un vídeo, titulado en esta ocasión “Una comunidad que avanza”. De acuerdo con la secretaria general, Raquel Aguilera, la frase elegida representa la voluntad de la UCM, reflejada en sus acciones, de “mirar hacia el futuro sin dejar de cuidar lo que somos. Es reconocer lo conseguido y al mismo tiempo mantener la voluntad de seguir mejorando. Y es el reflejo de lo que somos: una gran comunidad universitaria”.

 

La lección inaugural del curso 2026/27 fue pronunciada por el catedrático de la Facultad de Ciencias Matemáticas David de Frutos, que con el título “Matemáticas y Ciencias de la Computación ¿O estamos diciendo dos veces lo mismo”, ha argumentado “el hecho de que todos estamos destinados a una evolución sincronizada de las matemáticas y la computación, pues en último término no son otra cosa que dos caras de la misma moneda”.

 

La toma de posesión de los nuevos catedráticos y profesores titulares, y la entrega de las medallas de honor a los decanos e integrantes del equipo rectoral que dejaron sus cargos el pasado curso, y de servicios prestados a los profesores y personal que se han jubilado, pusieron el colofón al acto de apertura, que como es habitual ha estado amenizado por la Orquesta Sinfónica y el Coro de la Universidad Complutense.