CULTURA

Figurines de Benjamín Palencia, colocados a la entrada del paraninfo de la Facultad, diseñados para el "Auto Sacramental de la Vida es Sueño"

La Barraca sigue de actualidad 90 años después de su creación

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 11 nov 2021 11:11 CET

Los días 10 y 11 de noviembre, la Facultad de Filología acoge las jornadas “Ante los 90 años de La Barraca (1932-2022)”, que el vicedecano de Biblioteca, Cultura y Relaciones Institucionales, José Manuel Lucía Megías, califica de “necesarias y queridas”. En la inauguración de las jornadas, el profesor Javier Huerta recordó que La Barraca surgió de los propios estudiantes universitarios que “tuvieron la iniciativa de crear un aula de teatro, motivados por Pedro Salinas, para que no se conformaran sólo con aprender desde el punto de vista teórico, sino que además lo practicaran”. Un espíritu que sigue vivo en la Complutense con iniciativas como la creación del ITEM (Instituto del Teatro de Madrid), el Aula de Teatro La Barraca, un máster, un doctorado y, probablemente, en un futuro cercano, un grado dedicado al teatro.

 

José Manuel Lucía Megías incide en que “el teatro es un elemento esencial para la universidad, porque fusiona también fuera del teatro, ya que aquí se pueden discutir las obras, y hablar de ellas, creando así un elemento de análisis más allá del espectáculo”. Para el vicedecano, “La Barraca no deja de ser ese lugar de conexión entre el antiguo San Bernardo y esta Ciudad Universitaria, donde se planteaba un nuevo modelo, pero con el golpe fascista se tuvo que hacer un largo paréntesis. A nosotros nos toca ahora recuperar a aquellos que tenían la ilusión de crear un nuevo modelo universitario y social”.

 

El director del ITEM, Julio Vélez ha recordado que será en octubre de 2022 cuando se cumplirá ese “momento mágico” del 90 aniversario, y se hará con diferentes actividades que pondrán en pie “obras e hitos históricos del teatro español”. Un anticipo de lo que está por venir son los figurines de Benjamín Palencia que se han colocado a la entrada del paraninfo de la Facultad, diseñados para el Auto Sacramental de la Vida es Sueño, que se va a reconstruir tal y como lo representó La Barraca en 1932.

 

Señala Vélez que aquella puesta en escena “rompió con los esquemas del teatro burgués y acomodaticio que se hacía en aquella época”. Idea con la que coincide, Purificació Mascarell, de la Universitat de València, quien añade que “La Barraca se anticipó en la recuperación decidida del teatro antiguo, y de hecho Lorca seleccionó un repertorio que a lo largo del siglo XX y del XXI se ha convertido en el canon del teatro clásico español en el teatro público, lo que marca una continuidad desde entonces”.

 

Volvió la vista atrás Mascarell hasta aquella España de los años 30 del siglo XX en la que “3 de cada 10 españoles no sabían ni leer ni escribir”, y donde el teatro tenía una aceptable consideración, por encima de otros espectáculos como el cine, aunque “era desconocido en los pueblos o villas con poca demografía”. En las ciudades ocupaba mayoritariamente el tiempo de la burguesía y había una “pulsión de ofrecer una protección especial al teatro, no apoyos puntuales, sino de crear una auténtica institución oficial, y ahí aparece la idea de Teatro nacional”.

 

En la década de los 20 ya lo apuntaron algunos intelectuales españoles, siguiendo el ejemplo de Francia, Alemania, Italia y la Unión Soviética, y con la llegada de Segunda República “seguía la idea revoloteando, pero nadie le daba un impulso definitivo”. Hubo diferentes ideas en torno al centenario de Lope de Vega en 1935, que luego tendrían continuación detrás de la guerra civil e incluso durante el conflicto como el Teatro Nacional de la Falange, creado en 1938, inspirado en parte en La Barraca.

 

La Fiesta del Romance

De todas las obras que puso en escena el grupo de García Lorca, Luciano García Lorenzo, investigador del CSIC, habló de La Fiesta del Romance, “quizás el espectáculo más cercano al pueblo”. Considera García Lorenzo que ese “fue uno de los proyectos más queridos por Lorca, por varias razones, quizás porque él fue el gran autor de romances del siglo XX”.

 

La obra estaba compuesta por una glosa romance de Las almenas de Toro, por el romance del Conde Alarcos y un tercero de Antonio Machado, “el poeta que más se acercaba al pueblo al mismo tiempo que lo hacía él”. Explica García Lorenzo que el romance del Conde Alarcos es una historia del siglo XVI plenamente dramática, y es “un romance de los más hermosos de la literatura española en general, que estaba pegado al pueblo desde sus inicios y al que se acercaron grandes dramaturgos de todos los tiempos”.

 

Hacer la nueva Barraca

El dramaturgo Álvaro Tato declara sentir el vínculo con La Barraca de una manera física, tanto él como su compañía Ron Lalá, que de acuerdo con él, es “la compañía de La colina de los chopos, que es esa colina de la Residencia de Estudiantes según la nombró Juan Ramón Jiménez”.

 

Reivindica Tato el aspecto público y el socioeducativo de La Barraca, y considera que sigue siendo un proyecto completamente sólido en el siglo XXI, con “algunas iniciativas como la Joven Compañía de Teatro Clásico o el proyecto escénico Tierra Cervantes del ITEM, que son semillas para cumplir ese sueño todos juntos, un sueño que tiene que ver con la cultura como razón de Estado”.

 

Para Tato, en La Barraca triangula el arte, el mundo universitario y el desarrollo social, al igual que ocurría en las Misiones Pedagógicas, y considera que ese es un triángulo perfecto que se podría implantar de nuevo, tanto a nivel local, como nacional e internacional. Cree Tato que “desde las escuelas de arte públicas, junto con las universidades públicas y con todo el peso de desarrollo social, podría dar lugar a girar repertorio y a jóvenes dramaturgo. Pero, ¡subámonos a la furgoneta! ¡Hay que hacer la nueva Barraca!”.

 

Por su parte, Lluís Homar, actual director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), coincide en destacar ese espíritu de servicio que tenía Lorca y que trasciende el éxito personal. Pensar en La Barraca le hace refrescar a Homar cuando “en los 70 estaba todo por hacer y había una gran ebullición”, no había diálogo con las administraciones, o al menos no lo había en el Teatre Lliure en el que él actuaba.

 

Cree Homar que “lo que somos es algo a lo que no podemos renunciar y eso configura algo que es único, como lo fue el Siglo de Oro en la Historia de la humanidad. Los grandes autores tienen esa sensibilidad, porque del pasado recogen el testimonio, lo hacen suyo, lo amplían y lo modifican y eso estaba en el espíritu de La Barraca, sobre todo con esa voluntad de hacerlo desde el teatro no profesional, sino del universitario”.

 

La idea de la divulgación de un teatro de arte para todo el mundo, de las giras, de ir a buscar al público… Está también detrás de ese espíritu que alimenta y sacude a Homar. Y si hace 90 años había en España muchísima gente que vivía en el campo, se puede hacer la traslación de lo que habría que llevar ahora, que es “el alma, esa espiritualidad laica que se ha ido diluyendo y nos lleva a una crisis de materialidad”. Tiene claro Homar, que desde el espacio público la obligación es que ese material llegue, y “ahí queda mucho para quitarse la tontería de encima, para limpiar egos, y para ser coherentes con lo que hay que hacer”.

 

Un grado futuro

Julio Vélez resume las intervenciones de estos cuatro ponentes en tres puntos fundamentales: en cómo La Barraca entendía el teatro como una identidad de comunicación con el público y la búsqueda de las raíces; que además era un lugar de intercambio y encuentro entre el mundo académico y el teatral, y con la idea de que hay que llevar el teatro a los pueblos. Por todo ello, se puede decir que “La Barraca representa al teatro con un espíritu de modernidad”.

 

Tanto Vélez como el propio ITEM esperan que en breve (tres o cuatro años) “se culmine o se jalone un paso más en esa unión entre el mundo académico y el teatro, con la implantación de un grado de estudios teatrales”. Aparte de eso, confía Vélez en que se pueda continuar con el espíritu de los barracos dentro de la Complutense con la parte académica, “para luego dedicarse a lo que vale la pena, que es la creación del arte dramático”.

 

Todas las ponencias de las dos sesiones se pueden ver en el canal de Youtube del ITEM.