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Sesión inaugural de las jornadas, celebrada en el RCG La Herrería

"Hablar de deporte también es hablar de ansiedad, de presión y de depresión"

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Aída Cordero - 14 jul 2026 16:01 CET

Juan José Cerrón recuerda que justo hace un año el relato de Lola Fernández Ochoa, en la última jornada del curso que dirigió sobre golf y sostenibilidad, le hizo ver claro que este año la temática del curso que dirige desde hace dos ediciones, en colaboración con el Real Club de Golf La Herrería, dentro de la programación de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense, tenía que estar dedicado a deporte y salud mental. “Hablar de deporte es hablar de esfuerzo, de ilusión, de disciplina y de sueños, pero también es hablar de dudas, de presión, de cansancio, de lesiones, de miedo a no llegar, de días buenos, menos buenos y de días muy difíciles. Detrás de cada deportista hay una persona y detrás de cada resultado una historia que muchas veces no se ve”, sitúa Cerrón a los asistentes en la presentación, este 14 de julio, de la jornada “Deporte, salud mental y gestión integral al deportista”.

 

En la mesa también está, por supuesto, Lola Fernández Ochoa. “La Fundación Blanca nace después del fallecimiento por suicidio de mi hermana Blanca, un referente de los años 80 y 90, la primera mujer que consiguió una medalla olímpica para España. Después de ese duelo, de ese dolor tan tremendo, quisimos hacer algo bonito de algo tan duro. Montamos la Fundación Blanca con el objetivo de ayudar a los deportistas. Porque detrás de cada maillot, de cada camiseta, de cada bañador, de cada prenda, hay siempre una persona. Y muchas veces perdemos el foco de que cómo tratamos a esas personas, cómo les insultamos, cómo muchas veces somos durísimos con ellos... Detrás de estos deportistas hay personas que sufren, que tienen problemas de verdad. Muchas veces desde pequeñitos les dicen que tienen que ser fuertes y que tienen que levantarse cuando caen, pero nadie les enseña a pedir ayuda, a entrenar su mente para los fracasos o los éxitos”.

 

Tania Lamarca ganó la medalla de oro con el equipo español de gimnasia rítmica en los Juegos de Atlanta ’96. Tenía 16 años y los anteriores los había pasado lejos de su familia, en una concentración continua con el oro como única meta. “El oro nos haría ver que todo había merecido la pena. El oro nos arreglaría la vida”. No fue así. Por supuesto, fue un logro, un momento de felicidad compartido con sus compañeras y también con mucha gente, que apenas conocía, pero “que nos trataba como diosas”. Pero aquello solo duró unos días. “Ni nos arregló la vida ni mereció la pena”, recuerda. Dos años después todo acabó. “Mi cuerpo cambió. Me dieron  una fecha para adelgazar. Pesé dos kilos de más y me expulsaron del equipo nacional. Todo se desmoronó. ¿Qué hago si solo se hacer gimnasia?”.

 

La vida siguió y como cuenta Tania aquellos años como deportista de elite le dejaron secuelas mentales que fueron apareciendo con el tiempo. “Un día conocí a Lola, mi reina maga, y me rescató”. Tania, como tantos y tantos deportistas, han necesitado ayuda psicológica después de su vida deportiva. Por suerte, como explican ahora tanto ella como el ex jugador de fútbol sala Julio García Mera, tres veces campeón del mundo, la situación está cambiando y ya el psicólogo forma parte del equipo de trabajo que rodea a la mayoría de los deportistas. No obstante, aún hay muchas barreras que derribar, tanto de los propios deportistas, que en muchos casos aún se sienten señalados, si no por sus propios compañeros, sí por una sociedad en muchos momentos inmisericorde con el deportista de elite. “Creo que es imprescindible concienciar no solo al deporte, sino a la sociedad de que hay que cuidar la mente y que no es un síntoma de fracaso, sino todo lo contrario, es de ser valiente a la hora de pedir ayuda”, enfatiza Lola Fernández Ochoa.

 

Julio García Mera también vio en su época de jugador que la “tenia, el bicho” le estaba comiendo, “me estaba convirtiendo en un cabrón”. Él buscó ayuda. Otros no lo hicieron y muchos “continúan hoy tocadillos”. La gran paradoja, y quizá lo que explica que hoy dedique parte de su tiempo a tratar de ayudar a deportistas de elite para que vivan su profesión de otra manera, para que estén también preparado para el día de después, es que quien le ayudó a él y a otros compañeros al poco tiempo se suicidó. “Ninguno lo vimos venir”, sigue lamentando hoy.

 

Julio y Tania coinciden en que el deporte no todo vale la pena, que el camino importa mucho más que el resultado, y que, por suerte, ahora hay “pedagógos, coachs, psiquiatras.., que ayudan desde cómo tirar el penalti decisivo hasta cómo digerir el éxito”, explica ex jugador de fútbol sala.

 

El curso, como explicó su director, Juan José Cerrón -quien compartió mesa inaugural con la presidenta del RCG La Herrería, Rocío Ingelmo; la vicerrectora de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria de la UCM, Isabel García, y la propia Lola Fernández Ochoa- va a analizar durante estos días todo “el ciclo de vida” de los deportistas, desde “la delgada y frágil línea de crecimiento del deportista, políticas, instituciones, entornos, familia, entrenadores, educadores, los valores de esta sociedad, el tratamiento que se hace de ello, la gestión patrimonial, la economía, la comunicación, la salud mental, sanitaria, los síntomas, los cuidados, las oportunidades o la empleabilidad”, enumeró Cerrón.

 

Tania Lamarca y Julio García Mera, como decíamos, fueron los encargados de hablar en primera persona. Ambos, de hecho, han relatado en forma de libro sus vivencias. La gimnasta lo hizo en Lagrimas por una medalla y el futbolista en Cuando el deporte te abandona. Lamarca aclara que el título fue una decisión editorial para una portada en la que se la ve llorando en el podio de Atlanta. “Aquellas eran lágrimas de emoción”. Luego llegaron las otras, las que la ocasionaron en más de una ocasión los entrenamientos, las privaciones, las decisiones difíciles de encajar. “Es un libro autobiográfico, terapéutico. Necesitaba expulsar todo lo que me había pasado”. García Mera, por su parte, trata de dibujar un manual de supervivencia para el deportista de elite, partiendo de un hecho incontestable para él: “Al deportista de elite todos le exprimen”.

 

En ese contexto es muy importante, como se mostró en la mesa que continuó la jornada, el entorno profesional y personal que rodea al deportista. Hoy la realidad es diferente a la de hace no tantos años. José María Villalón, jefe del equipo médico del Atlético de Madrid explica que hoy los psicólogos son una parte más de un equipo multidisciplinar. Cada futbolista -en el caso del Atlético de Madrid hay 20 equipos femeninos y 60 masculinos- requiere su propia atención. “Son personas”, resume como gran mensaje y gran verdad muchas veces olvidada.

 

María Martín, especializada en el acompañamiento a mujeres deportistas, aclara que si los casos relacionados con la falta de salud mental entre mujeres son estadísticamente mayores, esto ocurre no por vulnerabilidad por el hecho de ser mujer, sino por “el mayor desgate psicosocial” que sufren para llegar a la elite. Señala que un logro reciente es la obligatoriedad para clubes y federaciones de contar con la figura de “delegada de protección”, a la que pueden acudir mujeres y menores, como eje para generar espacios de confianza en los que puedan pedir ayuda si es que la necesitan.

 

Y es que, de acuerdo con la psiquiatra María López Ibor, el objetivo debe ser “generar el contexto para que sea el propio deportista el que pida la ayuda a los especialistas, porque si no la va a buscar en otros sitios”, afirmó en referencia con el que cada vez mayor peso que tienen las redes sociales entre los deportistas más jóvenes y la sobreexposición y el peligro que ello conlleva.

 

En ese contexto, las familias también deben ocupar su lugar. Jorge Martín, padre de la jugadora de golf Paula Martín, campeona de Europa, defiende que los familiares, “defensores incondicionales de nuestros hijos” pueden, deben, cumplir un papel muy importante en la preservación de su salud mental, ya que son quienes tienen información directa y pueden coordinar los distintos entornos que rodean al deportista: académico, social, deportivo y familiar. Esta supervisión va disminuyéndose y matizándose según los deportistas van teniendo mayor edad, pero aún entonces el entorno familiar es importante, aunque solo sea para “decir en ocasiones lo que no quieren oír o nadie se atreve a decirles”.

 

Por fortuna, como indicó María Martín, hoy cada vez son más quienes empujan en la dirección correcta, quienes se han dado cuenta de que, en primer lugar, “sin salud no hay rendimiento y eso empieza por la salud mental” y, en segundo, en que “el deporte está al servicio de la vida”.

 

“Hoy -indicó Juan José Cerrón- necesitamos una cultura deportiva más humana, más valiente y más consciente, una cultura que no idealice la victoria ni dramatice la derrota, una cultura que entienda que el rendimiento sostenible solo es posible cuando consiste en bienestar emocional. Una cultura que sepa prevenir, acompañar, formar, cuidar, escuchar, proteger y ayudar. Queremos un deporte que respete, y comprenda más y juzgue menos. Un deporte que escuche. Un deporte en el que se puede hablar de ansiedad, de presión y de depresión, de tristeza, de miedo, de agotamiento… Sin vergüenza. Porque cuidar la salud mental no es una debilidad, es una necesidad y también una forma de valentía”.