CULTURA

La creación de César Férnandez está muy vinculada a los talleres con niños que impartió durante toda su vida

c arte c se abre a la pureza creativa de César Fernández Arias

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Marina Sastre - 9 oct 2026 13:35 CET

Faltan pocas horas para la inauguración oficial y aún se están dando los últimos retoques para que todo esté dispuesto. Atenta a todo lo que sucede está Almudena Armenta Deu, catedrática de Escultura de la Facultad de Bellas Artes, y comisaria, junto a sus hijos Mateo Ray y Mauricio Fernández Armenta, de la exposición “César Fernández Arias. Laboratorio de creación”, que del 8 de octubre al 13 de diciembre se puede visitar en c arte c, la espectacular sala de exposiciones de la Universidad Complutense, ubicada junto al Museo del Traje.

 

Nos presentamos a la catedrática, quien nos comparte las “fantásticas” referencias que del trabajo de Tribuna Complutense siempre ha tenido de su compañero de Departamento Luis Mayo. Se lo agradecemos y se ofrece a mostrarnos la exposición. Como no puede ser de otra manera, aceptamos el privilegio.

 

- Aquí tenéis una introducción muy buena de quién era César Fernández. Nació en Caracas en 1952 y falleció súbitamente en Madrid, en 2023. “Fue -lee- uno de los creadores más singulares del arte español contemporáneo. Escultor, pintor, dibujante, ilustrador y pedagogo, construyó durante casi cinco décadas un universo propio en el que convivían la escultura, la ilustración, el diseño, la arquitectura, el humor y el juego”. Es este señor que en esa fotografía veis con Rafael Alberti. Desde los años 70 y tantos impartió talleres de niños, de los que a su vez él retroalimentaba su creatividad. Siempre consideró necesaria la libertad de un niño a la hora de crear y de pensar y lo mismo le transmitía a los niños, que no perdieran ese espíritu. Era una persona con mucha conciencia social y mucha ética. Era muy amigo de sus amigos, respetuoso con el medio ambiente y todo eso lo transmitía en su obra, con una creatividad tremenda y muy personal.

 

- ¿Cómo surgió esta exposición?

- Yo compartí con él la vida 28 años, y junto a nuestros dos hijos, y aunque yo llevaba mucho tiempo separada, divorciada de él, decidimos como un equipo familiar crear esta exposición, ya que somos los únicos que realmente tenemos la capacidad de hacerlo. Me he tirado tres años catalogando toda su obra, 1.470 obras, que no estaba catalogada. Yo hice la tesis doctoral sobre la catalogación de la obra de Francisco López Fernández, del grupo de Madrid, en el que estaba Antonio López. O sea, estoy capacitada. Por eso le dije a mis hijos, vamos a ello, porque o lo hacemos nosotros o esto no se hace. Con el apoyo absoluto del Vicerrectorado de Cultura, con la vicerrectora Isabel García Fernández, que desde el minuto cero dijo: “Esta exposición es nuestra. La tenemos que hacer”.

 

Comenzamos a visitar los distintos espacios de la muestra, ordenados de manera, como explica la comisaria, más o menos cronológica. Desde los años 80 hasta sus últimas obras. Armenta nos explica que una obsesión de César Fernández durante toda su vida fue “el mundo perro. El perro ese compañero incondicional que te da más de lo que tú le puedes dar. Hay perros por todos lados, eran sus amores, sus pasiones”.

- Estos son dibujos de su primera época. Trazados con unos lápices traídos de Venezuela, que aquí entonces no había: Eran lápices de cera, que luego los podías con alcohol difuminar y tenían una gama de colores infinita.

 

- ¿Con que edad llegó a España?

- Con ocho años. Su madre, pucelana. Su abuelo, fundador del Partido Socialista de Valladolid, que salió en la guerra civil gracias a los militares del Casino, que eran muy amigos suyos. En Caracas montó un lugar de acogida para la gente republicana. La familia se trasladó allí y ya cuando la situación estuvo más tranquila volvieron, La hermana mayor había nacido aquí y los dos segundos, Elena y César, nacieron allí en Caracas. Y ya cuando el pequeño, que era César, cumplió ocho años, decidieron volver. Estuvieron un año en Valladolid y luego a Madrid. Estudió en el Colegio Estudio. Era absolutamente defensor de la Institución Libre de Enseñanza, de Castillejo, de Giner de los Ríos… En eso somos militantes todos; mis hijos también han ido al Estudio. Siempre hemos creído en aquello que fue y preguntándonos si podrá volver a ser algún día. Quizá sí, quizá con otro formato, pero sobre todo con la libertad, la creatividad, lo que ahora parece que está solo reservado para los muy pudientes. Hay que aprender, no solo con cosas tecnológicas, sino el escribir, el contacto directo. Yo, que me dedico también a la enseñanza, que estoy en el Departamento de escultura, es lo mismo que predico a mis alumnos. Por eso para mí esta obra era muy importante transmitirla con todo el espíritu y con todo lo que lleva detrás, porque es muy pedagógica. Si queréis vamos avanzando por aquí…

 

La comisaria nos transporta a las épocas y mundos que César Fernández transitó. El primero es el Madrid de la Movida, que en el ámbito del arte tuvo su propia vida a nivel de galerías –“eran casi como una religión”- y en él que forjó grandes amistades y referentes: Carlos Alcolea, Javier Campano, Luis Bailón, Pedro Albornoz… “Fue una época como muy efervescente”.

 

En los 90 la pintura va poco a poco, primero conviviendo y luego dejando paso, a la escultura. Almudena Armenta sitúa ese giro en un viaje a Santiago para asistir a un taller del escultor inglés Tony Cragg.”Le dije: vete para allá, apúntate. Lo hizo y vino transformado. El lenguaje de la escultura -explica la catedrática- es el que más se ha revolucionado. A nivel de de materiales, de formas de verla… Se ha salido mucho de la escultura clásica para darle una cabida en el espacio en muchas dimensiones”.

 

La comisaria explica que el autor utilizó numerosos materiales, desde poliésteres, PVC y otros materiales industriales, y sobre todo, cartón. “En los talleres para niños cogían cartones en la calle y luego se pintaban. Pero él también lo incluye en su obra como parte de su material importante a la hora de crear. Él siempre estuvo compaginando los talleres con su creación ¿Qué les vas a dar a los alumnos si tú no evolucionas y viceversa? Es una cosa que se retroalimenta y que, además, fluye. Es una energía que va fluyendo en las dos direcciones. Si tú no evolucionas, ¿qué les vas a decir a los otros? Si los otros haces que evolucionen, también te viene esa energía de vuelta. Y creo que es un concepto muy importante dentro de la enseñanza. En la enseñanza y en la creación, sobre todo de la creación artística y en la enseñanza artística”.

 

Los dibujos, las ilustraciones, ocupan un lugar principal en la obra de César Fernández. Tanto presentes de manera autónoma o hilvanados en las esculturas -son numerosas las que contienen mensajes de texto, palabras sueltas en su mayoría, a modo de onomatopeyas: Oro, Más, No, Gira, Arte, Amor, Stop…

 

Antes de concluir el paseo por la exposición, la comisaria hace un alto en el camino ante unas vitrinas. “Aparte de todo lo que hemos hablado de su creatividad, está su relación con los editores y con los poetas, como hemos reflejado en el libro que ha editado Ediciones Complutense sobre la exposición. Con el poeta Ángel Guache publicó muchísimas cosas, también con Raúl Eguizabal y con Juan Manuel Bonet, con quien también tenía mucha relación. Y luego estaban los editores: la revista El Duplex, Papeles Mínimos, Ediciones Vuelapluma, Libros Prestados, y luego otro tipo de publicaciones como Las greguerías de Gómez de la Serna y el taller de pintura para niños y el cuadernillo para dibujar. Todo eso viene reflejado en el catálogo porque nos parecía que formaba parte de su de su historia. Estuvo trabajando varios años publicando en El País de las Tentaciones. Y luego ediciones más personales como la que le editó Mauricio Dors, con quien tenía mucha relación, y, de hecho, nuestro hijo pequeño se llama Mauricio por esa gran amistad...

 

Tras cada una de las 270 obras expuestas se esconde una historia. Armenta conoce todas. “De 1.470 catalogadas dejarlas en 270, ha sido una selección ardua. Teníamos que representar quién era, pero no queríamos atosigar la sala. Es una muestra o, como digo yo, un bien vale un botón.

 

- ¿Qué sensación le gustaría que se llevara la gente después de visitar la muestra?

- Pues de haber descubierto quién era César. De lo importante que es una persona comprometida con la libertad de crear y de mantener su propio lenguaje y su propia razón de ser. De haber captado la autenticidad de un artista muy comprometido que no se dio a conocer, quizá porque no estuvo en los mercados, en esos juegos en los que muchas veces se mete uno para triunfar, pero que supo mantener su pureza.