LIBROS

José Manuel Lucía, junto a Milagros del Barrio, alcaldesa de Esquivias, y Mayda Bustamante, directora de Huso Editorial

“Catalina me dijo: yo quiero hablar en primera persona, ya estoy un poco harta de que otros hablen por mí”

Texto: Alberto Martín - 27 abr 2021 11:57 CET

“Soy Catalina de Salazar, mujer de Miguel de Cervantes”. El catedrático de Filología Románica José Manuel Lucía Megías, presidente de honor de la Asociación de Cervantistas, presentó el pasado 23 de abril en la Imprenta Municipal de Madrid y un día después en la localidad toledana de Esquivias, su último libro, un breve monólogo teatral que da voz por vez primera a la esposa del autor de El Quijote, que como tantas otras mujeres a lo largo de la historia han sido olvidadas, cuando no ignoradas. 

 

¿Por qué esta reivindicación de Catalina de Salazar?

Casi ha sido Catalina la que se me ha impuesto, más que realmente quererlo. Cuando terminé la biografía de Cervantes me dí cuenta realmente de todo lo que había hablado de Cervantes y de los hombres de su alrededor y que poco decimos de las mujeres, de esas mujeres tan importantes también. Cuando desde Huso Editorial me propusieron participar en esta colección que acaba de comenzar, “Palabras hilanderas”, me ofrecieron hacer algo sobre Cervantes y dije: no, no, este es el momento y la oportunidad de llenar de palabras ese silencio que históricamente rodea en este este caso a la mujer de Cervantes, a Catalina de Salazar. Y bueno, pues fue una idea que poco a poco se fue fraguando y, sobre todo, rápidamente se me impuso. Me dijo: yo quiero hablar en primera persona, yo quiero contar mi historia no que me la cuenten otros, ya estoy un poco harta de que otros hablen de mí. Y por eso nació el monólogo teatral, que me pareció que era el género adecuado para que una persona pueda hablar de sí misma, en este caso Catalina.

 

La obra va señalando numerosos datos de la vida de Catalina. ¿Qué se sabía y qué aporta este libro?

En el libro está todo lo que sabemos de Catalina. Están todos los datos, que no son muchos en realidad, porque las mujeres en los siglos de Oro no dejan traza administrativa por no tener derecho a firmar; son solamente acompañantes de firmas, pero no son generadores de documento. Entonces, realmente poco sabíamos de ella. Teníamos el documento del bautizo, el de los desposorios y las velaciones con Miguel de Cervantes, su testamento de 1610 y el de 1626 y la partida de defunción. Y poco más, poco más teníamos de ella. Yo he ido llenando esos momentos de silencio. Una parte con investigación, porque la explicación de por qué ella se queda 10 años después de la muerte de Cervantes en Madrid y por qué no se vuelve a su lugar en Esquivias, en Toledo, es resultado de una investigación mía. Es la primera vez que se indica ese trabajo que ella hace en las cárceles y en los hospitales con la Venerable Orden Tercera de San Francisco. Y en otros casos, pues le he puesto imaginación literaria: cuándo se conocieron Miguel de Cervantes y ella, cuál fue la primera impresión que tuvo cuando llegó a la Corte, qué sintió la noche de bodas… Todo eso ha sido invención literaria, sacado un poco también, como digo en el prólogo del libro, de los recuerdos de las mujeres que también han estado a mi alrededor: de mi madre, mis abuelas... que también forman parte del libro.

 

Y teniendo en cuenta lo que se permitía hacer a una mujer en esa época...

Efectivamente. La idea también del conocimiento de cómo se comportaba una mujer entonces y de las costumbre de la época, que por ejemplo se ve en la cuestión de las comidas. En el testamento se nos dice que tiene dos cuadros, uno de la Virgen María y otro de Magdalena, bueno, pues esos cuadros aparecen en la habitación donde ella está recordando. Son detalles de vida cotidiana que tienen que ver lógicamente con el siglo de Oro.

 

Llama la atención la importancia que se da en la obra a detalles cotidianos como, por ejemplo, a su forma de lavarse las manos...

El libro ha sido escrito durante la pandemia. El hecho de que ella esté recluida en una habitación, pues al final seguramente más inconsciente que consciente proviene de nuestra reclusión que hemos tenido durante estos meses. Y seguramente la importancia de lavarse las manos tiene que ver también en cómo lavarse las manos se ha convertido en un gesto cotidiano en nuestros días. Seguramente si lo hubiese escrito hace unos años, pues a lo mejor hubiera salido otra imagen. Aunque también está esa idea que me gustaba mucho de un gesto tan cotidiano que al final nos puede también identificar. No todo el mundo nos lavamos las manos de la misma manera y me gustaba esa idea de que en un momento dado ella como niña aprendiera a lavarse las manos con su madre e imitar ese gesto, y a su vez su madre lo hubiera aprendido con su abuela, y entonces también imitara el gesto, y crear ahí una cadena familiar a partir de algo tan cotidiano como lavarse las manos y la limpieza.

 

¿En cierta forma, Catalina representa en esta obra a las mujeres que no han tenido o tienen voz propia?

Esa es la idea también del prólogo: el incitar. Vale, yo te voy a mostrar ahora a Catalina, que lamentablemente hace 400 años nos dejó y no la vamos a poder preguntar mil detalles de su vida. Muchos terminarán el libro diciendo: qué pena, si estuvieramos hace 400 años cuántas cosas le preguntaría a Catalina. No, no hace falta que te vayas a hace 400 años, mira a tu alrededor y pregúntale a tu madre y a tu abuela esos pequeños detalles que los vamos a perder y que forman también parte de nuestra historia y sería una pena no tenerlos en cuenta. Si también consigo eso con el libro, que levantemos la vista de nuestro pequeño mundo y queramos saber también de nuestras personas que nos rodean, de los detalles más íntimos de su vida o las curiosidades de su infancia o los sonidos o los olores que les han rodeado durante tanto tiempo, me daría realmente por satisfecho.

 

¿Qué te gustaría preguntar a Catalina si la tuvieras enfrente?

La verdad es que más que preguntar cosas, lo que me gustaría sería escucharla. Más que una cosa en concreto que preguntar, la diría háblame. Que me contara. Y quizá sí, en ese final de vida en el que la sitúo en el libro, le preguntaría si se sentía feliz con su vida. Porque eso también te permite una reflexión sobre lo que has sido y en un momento dado sobre lo que te has convertido, y eso es importante. Reflexionar sobre lo que somos, porque a veces siempre estamos soñando en lo que querríamos ser y muchas veces nos lamentamos de lo que no hemos podido ser y nos olvidamos de que lo importante es lo que somos.

 

Cuando he terminado de leer la obra me he quedado con ganas de saber más de su hija, de su nieta, de su madre… ¿Cuándo un libro sobre ellas?

La verdad es que a mí me ha pasado lo mismo. Ha sido tan placentero la experiencia de escribir sobre Catalina, que ya estoy con las hermanas de Cervantes, y también me gustaría hacer algo con la hija, con la madre, que también es un personaje del que apenas sabemos y estuvo ahí siempre fundamentando la familia. En estos años creo que las voces femeninas de Cervantes van a adquirir un cierto protagonismo. Me comprometo.

 

¿Hay posibilidad de llevar la obra pronto al escenario?

 

La verdad es que la propia editora, Mayda Bustamante, que es también productora teatral, ya cuando leyó el texto ya me dijo que lo teníamos que llevar al escenario, porque es un monólogo para que una gran actriz pueda lucirse y darle voz. Habría que convertirlo más en una obra de teatro. Esto es un monólogo teatral para ser leído y una obra de teatro necesita una parte más de conflicto, etc, pero bueno, el núcleo de la obra ya está escrito y sobre todo está creado el personaje. Así que sí, yo espero que si no este año, el año que viene podamos tener a Catalina en las tablas, emocionando, haciéndonos pensar y, sobre todo, ocupando ya un espacio en nuestro recuerdo y en la vida cervantina, que es lo que merece.