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La catedrática Cristina Sánchez López, nueva académica de la RAE
Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Francisco Rivas - 29 oct 2026 08:46 CET
Desde el 18 de octubre la silla “p” de la Real Academia Española (RAE), que antes ocupara Francisco Rico, tiene nueva dueña: Cristina Sánchez López, catedrática del Departamento de Lengua Española y Teoría de la Literatura de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense. La profesora tiene una línea de investigación muy amplia que va desde la sintaxis del español a las relaciones léxico-sintaxis o la gramática comparada de lenguas románicas. En sus libros ha indagado sobre temas como la negación, las construcciones comparativas, el grado de adjetivos y adverbios, y las construcciones con “se”. Temas que, explicados por ella, se convierten en asuntos totalmente fascinantes.
¿Qué papel cree que puede jugar en la RAE? ¿Piensa que es un rol individualizado o es un trabajo grupal?
En la RAE se lleva a cabo un trabajo colaborativo. Cada uno hace su aportación individual, lógicamente, pero el trabajo colaborativo es impresionante. No solamente entre los académicos que forman parte de la Real Academia Española, sino también entre ellos y los académicos de las otras Academias de Lengua Española que están por todo el mundo y que están reunidas en ASALE, la Asociación de Academias de la Lengua Española. Hay una forma de trabajar de unos años a esta parte que empezó con el Diccionario panhispánico de dudas, que involucra a todas las Academias del mundo hispanohablante, y eso significa que todos los académicos de los sitios donde se habla español tienen algo que decir y aportan su visión, su conocimiento, su experiencia en las obras o en los consejos normativos que da la Academia. Por lo tanto, es un trabajo extraordinariamente colaborativo, no solo dentro de la RAE, sino dentro de esta red de Academias.
Uno de eso trabajos es la Nueva gramática de la lengua española que dirigió Ignacio Bosque en 2009, pero que en 2024 presentó una nueva edición revisada y actualizada de la que fue usted responsable.
Sí, Ignacio ha sido el ponente de la obra, igual que lo fue en 2009, aunque yo he actuado como coordinadora de esta edición, con un grupo de personas trabajando conmigo, y luego Ignacio, por supuesto, dándole el toque definitivo. Trabajar con él siempre es un privilegio y además en esta obra he visto esa colaboración que te comentaba, porque se ha trabajado codo con codo con todas las academias americanas que han hecho sus sugerencias, sus aportaciones sobre el texto de la gramática del 2009, y todas esas observaciones, sugerencias, mejoras, se han tenido en consideración, así que el texto de la obra que se ha publicado en 2025 no es una obra de la RAE, es una obra de todas las academias de habla española y están representadas todas las variedades del español y cada una con sus usos particulares y, por supuesto, con el uso común de todas.
¿Esta revisión de la gramática es un reto sin fin porque la lengua cambia constantemente?
Claro, la lengua cambia y nosotros tenemos que estar atentos a cómo cambia, a cómo la perciben los hablantes. Retomando el título del discurso de Ignacio Bosque cuando ingresó a la Academia, es una búsqueda infinita. Infinita y muy divertida también, porque es una aventura intelectual maravillosa y también vital porque, al fin y al cabo, la lengua es parte de nuestra vida, de nuestro ser, de cada uno. No imagino nada que sea más propio o más próximo de cada persona que la lengua.
Por lo que ha comentado, ¿piensa que va a ser mucha vorágine formar parte de la RAE?
Vorágine no, pero sí que va a implicar mucho trabajo, pero eso es siempre un reto y un desafío que afronto, desde luego, de forma entusiasta. Estoy muy dispuesta a trabajar y a poner mi grano de arena en lo que pueda y en lo que me requiera. Además, es un placer colaborar con los miembros de la RAE que son un elenco extraordinario de personas sabias y cada uno aporta muchísimo a la labor de la academia.
Su discurso de investidura en la RAE, Las cartografías del idioma. Un viaje a ventura por la gramática del español fue contestado por Ignacio Bosque, quien le dio la bienvenida a la institución resaltando su “capacidad, preparación, experiencia y juventud”. La relación entre usted y Bosque viene ya de lejos, desde que le dirigió la tesis doctoral.
Sí, el fue mi director de tesis y había sido ya mi profesor en varias asignaturas de lo que entonces era Filología Hispánica. Siempre ha sido mi maestro y he aprendido de él muchísimo, así que ha sido un verdadero privilegio que él me diese la bienvenida a la RAE. Por cierto, él me propuso para esa silla vacante, junto a Miguel Sáenz y Paloma Díaz-Más, que también, como Ignacio Bosque, son complutenses.
La revisión de la Nueva gramática de la que hablábamos antes es un libro de cerca de 6.000 páginas, pero a pesar de eso, ¿se puede decir que ahí no cabe una lengua entera?
La lengua es inagotable y nosotros los gramáticos siempre encontramos algo que explicar, algún problema, un enigma que nos apasiona. Sobre la lengua se podría estar hablando muchísimo y lo que hacemos los gramáticos es intentar explicar por qué hablamos como hablamos y por qué decimos como decimos lo que queremos decir. Por ejemplo, la negación, uno de los temas sobre los que he indagado, es muy bonito. Tenemos muchos recursos para crear frases negativas y esas frases no tienen la misma forma en las distintas lenguas. Cada lengua utiliza recursos distintos, posiciones distintas de la negación. Da mucho juego, porque es mucho más que decir no.
¿Es importante, por tanto, hacer una gramática comparada entre lenguas?
Claro. La mayoría de los gramáticos pensamos que en realidad las lenguas, las gramáticas de las lenguas particulares son una manifestación de una capacidad del lenguaje que debe tener asociada una especie de gramática universal. Las lenguas se parecen mucho y se diferencian mucho también. Nosotros tratamos de encontrar cuáles son las similitudes, qué cosas tienen en común y luego cuáles son las cosas diferenciales, los aspectos diferenciales. Así que indagar y hacer un estudio comparativo de una lengua con otra siempre es enriquecedor porque te permite hacerte preguntas que a lo mejor simplemente mirar tu lengua no te permitiría, pero cuando la comparas con otras ves que en cada lengua el orden de palabras es distinto, o se utilizan unos cuantificadores y no los otros, o la negación se pone en esta posición y no en esta. Y todo eso te invita también a hacerte preguntas sobre tu propia lengua.
¿Cuál sería esa gramática universal a la que hace referencia?
La gramática universal serían aquellos principios que son comunes a todas las lenguas. Todas las lenguas tienen oraciones que tienen sujetos y predicados, o todas las lenguas tienen verbos y tienen sustantivos, y tienen mecanismos para marcar la diferencia entre sustantivos que refieren a cosas concretas y otros que refieren a cosas que son inconcretas o más indefinidas. Lo que cambian son los mecanismos que utilizan unas y otras, pero hay principios que son generales, y los lingüistas tratamos de descubrir cuáles son esos principios.
¿A partir de esos ladrillos se podría incluso especular sobre cómo eran lenguas que hoy no conocemos?
Claro, ese es un trabajo lingüístico muy bonito y verdaderamente apasionante que es reconstruir cómo debían de ser lenguas de las que no tenemos testimonio, pero cuya existencia podemos deducir por los resultados que tenemos ahora. Los neogramáticos en el siglo XIX intentaban hallar esta historia de las lenguas yendo hacia atrás y viendo cuáles eran nuestros ancestros. Ahora hay una corriente, que es la paleolingüística, que intenta ir incluso más allá, hasta el origen de las lenguas, cuando nosotros éramos un ser intermedio, casi no humano, y sin embargo debíamos comunicarnos de alguna forma. Sobre eso no tenemos testimonios escritos de ninguna clase, pero podemos intentar, mediante la deducción, reconstruirlo o formular hipótesis sobre cómo debían de ser aquellas lenguas primitivas, originarias, o cómo se debieron de crear. Ahí hay un campo apasionante, aunque no es mi campo de especialidad.
Usted, como profesora, tiene mucha relación con gente joven que utiliza de manera masiva el lenguaje en las redes sociales y en todo tipo de textos. ¿Diría que la juventud está interesada por la lengua?
Claro, por supuesto. Es inevitable porque el lenguaje se utiliza constantemente. Pueden cambiar las formas en las que se emplee o los soportes que utilicemos, pero claro, somos homo loquens, así que el lenguaje va con nosotros. Además, la gente joven es muy creativa para utilizar la lengua y lo que se llama el lenguaje juvenil está cambiando continuamente, y eso lo notamos las personas que tenemos una cierta edad. Otra cosa es que les interese mucho la gramática, pero para eso estamos los profesores, para despertar su interés, no solamente por el uso o por las cosas graciosas que se dicen en las redes, sino para despertar su interés por el sistema que llevan dentro y utilizan de forma inconsciente, pero que lo tienen ahí.
Usted desarrolla algunos proyectos para jóvenes de instituto y secundaria en esa línea. ¿Qué resultados ofrecen?
En realidad, trabajo más bien con profesores de enseñanza secundaria, intentando ayudar a que actualicen sus conocimientos y a que puedan aplicarlos a su enseñanza de forma más productiva. Así que tengo menos contacto directo con los estudiantes de secundaria, pero creo que fomentar en los chicos a una edad temprana el interés por hablar, por entender cómo es la lengua, por utilizarla bien, por escribir correctamente, por tener un conocimiento, una riqueza léxica, un conocimiento de las variedades del español, de cómo se usa… Es bueno para los estudiantes y se debe fomentar. De ahí que mi trabajo con los profesores sea el de actualización e intentar darles herramientas para que hagan una enseñanza más reflexiva sobre la lengua y que al mismo tiempo despierte el interés en los chicos. La enseñanza media es un campo que desde la universidad no debemos olvidar, porque es muy importante que se enseñe bien y que los profesores tengan una buena formación siempre actualizada y que se vean respaldados y ayudados desde la universidad para desempeñar su trabajo en las mejores condiciones.
¿En esa formación actualizada puede cumplir algún papel la RAE?
Sí, la RAE trabaja muchísimo, no solamente en las obras que hace, las obras clásicas, las de siempre, como el Diccionario y la Gramática, sino también otras, como el Diccionario panhispánico de dudas o diccionarios de aspectos más parciales. Aparte organiza conferencias y actividades de todo tipo, y ahora mismo, con el proyecto que se ha desarrollado sobre lengua española e inteligencia artificial, ha habido muchas actividades que involucraban a estudiantes de secundaria, incluyendo datatones para recabar datos en los que participaron dichos estudiantes. La RAE presta también un servicio a la comunidad lingüística resolviendo dudas, es una institución con un papel muy activo y siempre está pensando en qué hacer para proporcionar obras, materiales, recursos a los hablantes y a una comunidad que es tan extensa como la de los hablantes de español.
