CINE
“El ladrón de perros” inaugura la temporada de preestrenos de Ciencias de la Información del curso 2026-27
Texto: Jaime Fernández - 9 sep 2026 14:22 CET
La película boliviana El ladrón de perros, dirigida por Vinko Tomicic, ha inaugurado los preestrenos que se llevan a cabo en la Facultad de Ciencias de la Información a lo largo de todo el curso académico. Estos pases cinematográficos se celebran, de manera habitual en el salón de actos Carlos Saura de la Facultad, y son siempre de asistencia gratuita hasta completar el aforo. Organizados por la Escuela de Producción UCM, que coordina el profesor Ildefonso Soriano, traen a las aulas complutenses a directores, productores, guionistas y actores para hablar sobre filmes que luego se estrenan en los cines de toda España.
En esta primera ocasión estaba previsto un coloquio con el director Vinko Tomicic, pero no ha podido trasladarse desde su país por motivos de agenda. Para la segunda de las proyecciones del curso, Nuda propiedad, el 29 de septiembre, está organizada la presencia de su director Alberto Utrera, y de parte del equipo actoral. De todos modos, como afirma el profesor Ildefonso Soriano, es probable que entre esas dos películas haya algún otro pase todavía no anunciado. Para estar al tanto de la actualidad de estas proyecciones lo mejor es conectarse a la web de la Facultad de Ciencias de la Información y ahí consultar su agenda.
En cuanto a El ladrón de perros, narra la historia de un joven huérfano que no encuentra su lugar en las calles más sórdidas de Bolivia, y al que el robo de un perro le hará acercarse a un mundo algo más acomodado que le dará la esperanza de que se puede salir de donde se encuentra.
El director Vinko Tomicic, que tiene a sus espaldas otros dos cortos y un filme, que desconozco si se han estrenado en nuestro país, es también coguionista de esta historia junto a Samm Haillay, a quien tampoco conozco, pero que por su filmografía parece haber trabajado en proyectos de muchos países del mundo. Aquí nos presentan una historia bastante inocente en la que seguimos los pasos (muchas veces literalmente, acompañando a la cámara) de este joven que busca una vida mejor, aunque no sepa cómo hacerlo.
La dirección es sencilla, con la elección voluntaria de un formato cinematográfico más cuadrado, que de acuerdo con el director intenta reflejar la sensación de encierro del protagonista. También los planos, en la mayor parte de las ocasiones, responden a una colocación de los personajes en el centro, muchas de las veces mirando directamente a la cámara. Tomicic nos presenta espacios bellos pero terribles como un cementerio de coches y otro de personas, y nos presenta planos de una ciudad en la que se escuchan ruidos extraños que no sabemos si se corresponden con motores averiados o con explosiones de algún tipo.
Cuando los personajes se mueven a la zona más glamurosa de la ciudad sólo la vemos borrosa a través de los cristales de un coche, en el vestíbulo de una sala de conciertos con menos de medio aforo, o en los decorados de esa sala, que son decadentes a pesar de que la música sea extremadamente bella. Sobre todo, si la comparamos con la de la banda de música amateur en la que se integra el protagonista tocando (bastante mal) la trompeta.
Los actores son no profesionales, con la excepción de alguno como Alfredo Castro, que interpreta a un sastre que puede salvar el futuro del protagonista, y eso siempre se nota. Es muy difícil conseguir que alguien que no trabaja en esto del cine llegue a las emociones que se esperan de ellos. Por ejemplo, el chaval que hace de Martín, Franklin Aro Huasco, tiene problemas para mostrar emotividad en muchas escenas, como la de la sala de conciertos que debía ser realmente antológica, pero no lo es. Y así ocurre con otros muchos de los actores que participan en el filme que no resultan creíbles.
