ÁGORA

Dos imágenes contenidas en la exposición, con José Manuel Lucía y Cristina Gutiérrez, al fondo

Filología pone el acento en los apátridas, los invisibles del planeta

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Jesús de Miguel - 4 may 2022 16:25 CET

Informa Sophie Muller, representante de ACNUR en España, de que 4,2 millones de personas en el mundo son apátridas, es decir, no tienen patria o, lo que es más importante a efectos prácticos, no tienen documentación que justifique su existencia: ¡Vivo, pero no existo! Ser apátrida impide en la mayor parte de las sociedades acceder a decenas de derechos: al trabajo, a la salud, a la educación… Desde el 4 de mayo hasta el próximo día 27, el vestíbulo de las Facultades de Filología y Filosofía acoge la exposición “Apátridas. El laberinto de los invisibles”, comisariada por la profesora de Filología Zara Fernández de Moya, y organizada por ACNUR, en colaboración con la AECID, como parte de su campaña #Belong - #YoPertenezco, que trata de acabar con esta situación.

 

La exposición -o instalación, como prefiere denominarla su comisaria, Zara Fernández de Moya- lleva ya varios años recorriendo España. Normalmente está concebida como un “laberinto de desamparado” que el visitante recorre entre telas colgantes y espejos en los que se encuentran fotografías de apátridas, niños, mujeres, ancianos, hombres también, que por motivos diferentes no tienen reconocida una nacionalidad, lo que les ha llevado en la mayor parte de los casos a la pobreza y exclusión. En esta ocasión, como explicó la comisaria en la inauguración de la muestra, la instalación ha habido que adaptarla al lugar en el que se muestra, abandonando el laberinto y presentándose a los visitantes prácticamente en un único vistazo. Es, como destacó el vicedecano de la Facultad de Filología José Manuel Lucía, una invitación a conocerlos, a conocer una realidad que no es la nuestra, pero que podría serla. Cualquiera podríamos ser la familia Rustemon, apátridas tras la disolución de Yugoslavia, u Omar Houssen, que pese a haber nacido en Madagascar no es reconocido como uno de sus ciudadanos por pertenecer a la comunidad karana, o Tha Chaa Yeni, a quien Malasia considera a sus 18 años una “no ciudadana”, o Rana Al Ali, o Nassoro Said Ali, o Shaame Hamisi, o…

 

La inauguración contó con la presencia de Tamara Chekaloff, quien, emocionada, contó la experiencia de su padre, hijo de padre armenio-ruso y madre alemana, que nació en un campo de concentración al final de la II Guerra Mundial, fue llevado a Argentina junto a su familia y que años después al llegar a España vivió en primera persona lo que significaba ser apátrida. Sergio Chekaloff fue un integrante de lo que Cristina Gutiérrez, jefa de la Oficina de Acción Humanitaria de la AECID, también presente en el acto inaugural de la exposición, denominó como “población invisible para el resto de la comunidad”, un grupo que nadie sabe a ciencia cierta a cuántas personas engloba -los 4,2 millones de personas son un número mínimo, ya que precisamente su falta de documentación impide localizar seguramente a muchos más-, y al que la comunidad internacional no puede continuar dando la espalda.

 

 

Junto a la exposición, la Facultad de Filología también acogió, en este caso en su edificio D, en el recién denominado salón de actos Emilia Pardo Bazán, el seminario “¡Vivo pero no existo! La realidad de las personas apátridas en España y Europa”, en el que se abordaron diferentes aspectos legales y sociales de la apatridia, y que contó con la participación de Francisco Ortiz, responsable del área de apatridia en la Oficina de ACNUR en España; Jesús Tolmo, abogado experto en apatridia miembro de la European Network on Statelessness (ENS); Cristina Manzanedo, Coordinadora del Programa ODOS y abogada experta en Migraciones; José Alberto Navarro Manich, abogado de la Fundación Uría, y la ya mencionada Tamara Chekaloff.