INVESTIGACIÓN

La jornada se celebró en el Aula Schüller de la Facultad de Medicina

La tecnología, enemiga (no la número uno), pero también aliada, de la salud mental en jóvenes y adolescentes

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Francisco Rivas - 29 oct 2026 11:50 CET

Tecnología y salud mental. La opinión pública ya relaciona el incremento de la primera con el empeoramiento de la segunda, más aún si se habla de adolescentes o jóvenes. ¿Es así? O mejor dicho, ¿es siempre así? Estas preguntas se han tratado de responder este 28 de octubre en la  Facultad de Medicina en la jornada divulgativa “Tecnolog-IA en salud mental y prevención del suicidio en jóvenes y adolescentes: retos, oportunidades y aplicaciones”, organizada por el proyecto ALENTAR-J-CM. Espóiler uno: No hay que culpar de todo al móvil. Espóiler dos: La IA puede convertirse en una aliada en la prevención y diagnóstico de conductas suicidas. Eso sí, siempre bajo supervisión.

 

El proyecto ALENTAR, financiado por el Programa Regional de Ciencia y Tecnología de la Comunidad de Madrid -la jefa de área de Programas de Investigación, Gemma Espinosa, acudió a la inauguración de la jornada-, engloba a profesionales de tres universidades -UCM, Politécnica y Autónoma-, de otros tantos hospitales -Clínico San Carlos, Gregorio Marañón y Fundación Jiménez Díaz- y dos organizaciones sociales -Fad Juventud y Teléfono de la Esperanza- Como señala Alejandro de la Torre, profesor de la Facultad de Medicina e investigador principal del grupo Episam (Epistemología psiquiátrica y salud mental) UCM, Alentar trata de “acercar la ciencia al día a día de cada persona” y, en concreto, aprovechar las capacidades de la IA para ayudar a la prevención y detección de conductas suicidas. Como explicó, ya hay aplicaciones que permiten relacionar el tono de voz, el discurso empleado o lo publicado en redes sociales con posibles conductas autolíticas. “La IA puede ayudar en el diagnóstico e incluso en tratamientos más óptimos”, afirmó el profesor complutense, sin olvidar incluir una segunda frase: “siempre bajo supervisión de los profesionales”.

 

La jornada, concebida como evento de divulgación científica del proyecto, ha tenido como primer ponente al catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Alcalá Guillermo Lahera Forteza. Desde hace unos años se tiene la percepción, casi creencia, de que el uso excesivo de pantallas, en especial de los teléfonos móviles, es la causa del demostrado empeoramiento de la salud mental de los adolescentes y jóvenes. Lahera explica que en buena medida esa percepción se ha generalizado por el best seller La generación ansiosa, del psicólogo estadounidense Jonathan Haidt. En el libro, explicado a grandes rasgos, se culpa de la crisis de salud mental en edades tempranas al uso del móvil desde la infancia que de manera progresiva desde más o menos 2010 ha desplazado a juegos y juguetes como principal herramienta de distracción y desarrollo de niños y niñas en los países occidentales. Haidt señala la paradoja de que mientras los niños de hoy están sobreprotegidos en el mundo físico, en el digital están totalmente desprotegidos ante la violencia, la pornografía, el acoso…

 

La tesis de Haidt, no obstante, según explicó Lahera, choca con los resultados de tres grandes encuestas realizadas recientemente, en las que se detecta ese impacto negativo de las pantallas en la salud mental, “pero de manera muy pequeña y no exclusivamente”. El consumo de tóxicos (alcohol, drogas), el bullyng, dormir poco o, por ejemplo, no desayunar, son causas que se sitúan por encima en esas encuestas. Pero Lahera, de nuevo, señala otro “no obstante”: esta media baja oculta a los vulnerables, a aquellos a los que realmente el uso de las pantallas y de las redes sociales les afecta de manera decisiva. Las encuestas dicen que las pantallas afectan no solo a los adolescentes, sino en todas las edades, pero está claro es que es a estos a los que más les condicionan. Lahera identifica cuatro efectos: desplazamiento (no les deja hacer otras cosas: dormir, ejercicio, luz solar…), comparación social (las redes se basan en ello), fragmentación de la atención (pérdida de la capacidad de sostener el esfuerzo, de leer, de aburrirse…) y desconexión (de grupos, del deporte, pérdida de sentido y propósito…). El efecto de esos efectos puede ser el suicidio. En ese camino, según alerta el profesor de la Universidad de Alcalá, también participa el propio algoritmo de las redes. El 72 por ciento de quienes se autolesionan dicen haber encontrado contenido que les explicaba cómo hacerlo, aún sin buscarlo explícitamente.

 

Lahera concluyó su ponencia reconociendo lo complicado que es poner puertas al campo en la utilización de los móviles en la adolescencia; cuando no en la infancia, ya que los estudios fijan en 10,8 años la edad media en la que se dispone del primer móvil. Cree que deben estar prohibidos en los colegios, aunque es una medida insuficiente y esas horas sin uso luego son compensadas, y que debe regularse una edad mínima de acceso a las redes sociales. También considera que hay que hacer el esfuerzo el promover apps de salud mental, aunque sus resultados seguramente no serán muy significativos. La mejor solución es estar atentos, hacer a los jóvenes las preguntas necesarias para detectar el uso intenso, perjudicial (además de cuánto tiempo se ve, es importante saber el qué se ve) o compensatorio (sustituye otras actividades). Pero siempre recordando que “no hay que culpar de todo al móvil”.

 

Sea culpa del móvil, de las redes sociales, del consumo de tóxicos, del bullyng, o, posiblemente de todos ellos en su conjunto, el profesor complutense Alejandro de la Torre alerta de que el suicidio es hoy “una de las cuatro principales causas de muerte en el mundo en población joven”. En chicas es la tercera. De la Torre considera que la tecnología está presente en muchas de las causas que posiblemente expliquen este incremento. El vertiginoso ritmo de la sociedad, la competitividad exacerbada, el estrés, ha encontrado un complemento en la aceleración tecnológica. Las redes sociales han impuesto una “dictadura de la imagen positiva”, una “happycracia” en la que es una obligación mostrarse feliz y jamás aburrido. Esto se agrava con la falta de profesionales de salud mental en los sistemas sanitarios. Pero la tecnología, en especial la IA, y ahí es donde se centra el proyecto ALENTAR-J-CM, puede también utilizarse a favor y ayudar a los profesionales a detectar y tratar mejor las diversas manifestaciones de falta de salud mental. “El 60 por ciento de los adolescentes con trastornos emocionales no reciben tratamiento”.