CULTURA
Luis García Montero inaugura la Semana de las Letras 2026
Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 15 abr 2026 15:57 CET
Aunque la Semana de las Letras se celebrará este año desde el 20 al 24 de abril, ambos inclusive, las acividades, de acuerdo con el vicedecano Emilio Peral, han comenzado ya este 15 de abril con el diálogo mantenido, en el paraninfo de las facultades de Filología y Filosofía, entre el poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y su traductora al francés, Françoise Dubosquet, profesora emérita de la Université Rennes 2. García Montero, quien acaba de publicar su séptimo libro de narrativa, La mejor edad (Tusquets, 2026), habló sobre García Lorca, Machado, la vida, el amor, la libertad, la literatura o las humanidades, al tiempo que leyó algunos de sus poemas, que luego fueron recitados también, en francés, por la profesora Dubosquet.
Comenzó Luis García Montero recordando su infancia en Granada, su ciudad natal, donde compartía vida con sus otros cinco hermanos pequeños, un grupo tan travieso que sus padres cerraron una sala de la casa, denominándola “El salón de las visitas”. Allí, además de muebles en perfecto estado, había algunos libros, y García Montero confiesa haber tenido suerte de abrir las obras completas de Federico García Lorca.
Una suerte que además fue doble porque, probablemente, si lo hubiera abierto por Poeta en Nueva York, libro que ahora mismo adora, habría dejado el libro sin más contemplaciones por la dificultad del texto. Lo abrió, sin embargo, por el poema El lagarto está llorando, con esas imágenes de un lagarto y una lagarta humanizados que llevan delantal y anillo de desposados. Aquello le atrapó por traerle a la memoria sus propia correrías por el campo, persiguiendo y cazando lagartos y lagartijas con sus compañeros de juegos. Algo que celebra en su poema La huerta de San Vicente.
Aquella lectura le llevó a otros autores, entre ellos Antonio Machado, cuya tumba en Colliure fue a visitar muchos años después en compañía del también poeta Ángel González y dio lugar a un poema que lleva por título el de la localidad francesa donde está enterrado Machado. Para García Montero, Machado representa lo que fue la poesía republicana contra el fascismo, pero no una poesía que utiliza un lenguaje culturalista, sino el de todos, “pero sin olvidar jamás su propia conciencia”.
Ese cruce de poetas de diferentes épocas (Machado, González y él mismo) le hace reflexionar a García Montero sobre la importancia del diálogo intergeneracional. Sobre todo, en este momento en el que hay “muchos viejos cascarrabias que desprecian a los jóvenes y muchos jóvenes hedonistas que piensan que van a inventarlo todo”.
El tercero de los poemas que leyó, titulado 1789, hace obviamente referencia a la Revolución Francesa, que es “uno de los momentos que ha conformado nuestro mundo, al igual que la Ilustración”. García Montero, quien se considera, heredero de esa Ilustración, confiesa que, como poeta y como filólogo, está muy acostumbrado a pensar lo que cabe en las palabras, en este caso en algunas como “libertad, igualdad y fraternidad”.
Opina el director del Instituto Cervantes que la libertad y la igualdad deben ir de la mano, porque los que hablan de la igualdad, pero se olvidan de la libertad se convierten en tiranos, y los que defienden la libertad sin igualdad apoyan la ley del más fuerte, “desde bombardear un hospital con niños hasta vestirse de Jesucristo para discutir con el Papa”, en clara referencia a Netanyahu y Trump.
Tiene claro García Montero que el ruido, en estos casos, sólo sirve para tapar la vulneración de los derechos humanos, “y hay toda una estrategia para influir en el ruido y cambiar el punto de vista, extendiendo conversaciones que llevan a que en campos de fútbol en España se coree sobre el peligro de los moros”.
La idea de la dignidad de los humanos, incluso en un campo de concentración, está detrás del poema Adán y Eva, en tiempos en los que “estamos devolviendo protagonismo a los campos de concentración, a los asesinatos, a los genocidios, a las alambradas y al maltrato de Adán y Eva. Además, tienen que ver también con la reivindicación de la justicia, de la conciencia y de la dignidad humana”.
Mujeres es un poema que, de acuerdo con Françoise Dubosquet, hace que lo cotidiano nos permita reflexionar sobre cosas más profundas. En el poema, escrito en los años 90, García Montero contrapone la imagen de Maribel Verdú, perfecta en un anuncio de lencería en un marquesina de autobús, con la imagen real de las mujeres que se tienen que levantar temprano para ir a trabajar tomando ese mismo autobús.
De ahí surge una reflexión que ya empezaba en aquella época que era “la sustitución de la realidad de carne y hueso por ofertas virtuales que sustituyan nuestra relación con la vida por promesas creadas artificialmente para jugar con nuestras conciencias, con nuestros deseos y con nuestra participación en el mundo”.
El último poema que recitó García Montero, La ausencia es una forma de invierno, uno de los preferidos de Dubosquet, habla sobre el amor, un concepto presente en todos los tiempos, pero con un significado diferente para Garcilaso de la Vega o para un poeta actual.
Enlazó esta idea el conferenciante con la tradición de la educación sentimental y la posibilidad de transformar la sociedad, hacia un mundo más justo, gracias a las humanidades. Ya sea con la poesía, la narrativa o cualquier otra forma de expresión, y si a veces él mismo se embarca en la narrativa es porque es un campo donde puede distanciar más el yo biográfico del yo literario, como ya dejaron claro algunos de sus otros referentes como Jaime Gil de Biedma, Joan Margarit o incluso Almudena Grandes.
