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Este 11 de noviembre se ha celebrado el acto académico de San Alberto Magno en la Facultad de Ciencias Químicas

Químicas celebra un emotivo acto académico de San Alberto Magno

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 12 nov 2020 10:11 CET

Este 11 de noviembre se ha celebrado el acto académico de San Alberto Magno en la Facultad de Ciencias Químicas, un acontecimiento que en esta ocasión ha estado marcado por los emotivos homenajes, in memoriam, a los profesores Emilio Morán Miguélez y José Antonio Campo Santillana. Francisco Ortega Gómez, decano de Químicas, señaló que “vivimos tiempos muy difíciles y dolorosos, pero se ha decidido mantener de forma presencial este acto, ya que es una tradición muy arraigada en la Facultad, siguiendo todas las medidas de seguridad indicadas”. En la sesión, además de glosar el Nobel de Química de este año y de entregar las acreditaciones a los premios extraordinarios de grado y doctorado del curso 2018-2019 y a los alumnos con mejor expediente en grado y máster del curso 2019-2020, tuvo lugar la entrega de los sellos europeos de calidad Eurobachelor y Euro-Ace a los grados de Química e Ingeniería Química.

 

El decano Francisco Ortega asegura que “la obtención de estos sellos tiene un objetivo primordial, que son nuestros alumnos, quienes a partir de ahora, en estas dos titulaciones, tendrán este suplemento que les homologa con los graduados de las mejores universidades europeas”. Afirmación que comparte la directora de la División de Enseñanzas e Instituciones de la ANECA, Ángeles Serrano García, quien recuerda la relevancia de estos sellos de calidad, de cuya obtención ya se informó en enero de 2020 en Tribuna Complutense, en el que fuera uno de los últimos actos del vicerrector José Antonio Campo Santillana.

 

Serrano García añade que la obtención de estos sellos internacionales de calidad certifica que “estos dos grados cumplen con un nivel de exigencia superior a los estándares nacionales, según se establece por asociaciones europeas, compuestas por representantes académicos y profesionales de diferentes países. Por lo tanto, el esfuerzo realizado por la Universidad Complutense reconoce fuera de nuestras fronteras la calidad de estos grados, siendo un incentivo para futuros estudiantes, y además asegura a los empleadores que los egresados con estos sellos tienen los conocimientos que marcan los estándares internacionales”.

 

El rector Joaquín Goyache ha querido felicitar a la Facultad por los sellos conseguidos, y “sobre todo a los estudiantes, porque ellos son los más beneficiados por esta acreditación que convierte a esta en una Facultad extraordinaria”.

 

El homenaje

Tras una pieza musical in memorian dedicada a Emilio Morán Miguélez y José Antonio Campo Santillana, tomó la palabra el químico Miguel Ángel Alario Franco, quien recordó los avatares vitales de Emilio Morán, desde que era un alumno brillante ya en la escuela hasta su puesto en la universidad. En 1978 se incorporó como becario doctoral en el grupo del propio Alario, luego marchó a Estados Unidos donde “hizo crecer cristales con forma de alas de mariposa que asombraron siempre a sus alumnos”. De vuelta a la UCM fue profesor, catedrático y, durante un tiempo, director de Departamento, y con su ayuda se construyó el primer superconductor de alta temperatura que se construyó en España.

 

Junto al desarrollo de otras técnicas y su participación en diferentes asociaciones químicas, Alario recordó que “Emilio era mucho más que una ficha administrativa”, porque sus “chorros de simpatía compensaban la seriedad que tenía”. Completa el semblante Alario afirmando: “Era un gran científico y un magnífico profesor tanto en el aula como en el laboratorio, un excepcional ser humano, brillante e inteligente que facilitaba mucho el trabajo en grupo”, acompañado en su camino por su mujer y sus tres hijas. Por todo ello, “querido Emilio, no pararemos de echarte de menos”.

 

Alejandro Martín, en representación de los alumnos de Emilio Morán, leyó una carta para recordar que ya están echando de menos “su dedicación, su magia y su amor”, así como para agradecer todos los momentos que compartieron juntos y “su pasión por enseñar”.

 

Mercedes Cano Esquivel fue la encargada de hablar de José Antonio Campo Santillana, a quien conoció como alumno en quinto curso, tras lo que se incorporó a su grupo de investigación. Siguieron estrechamente unidos en investigación y actividades docentes, durante toda su carrera profesional, 35 años de trabajo conjunto “siempre con una actitud inmejorable”.

 

Era una enciclopedia viviente” y atendía a todos los colegas de manera amable. Como docente fue un destacado profesor, “muy cercano a los alumnos, dándolo todo para solucionar sus problemas, siempre con una actitud amable y sonriente” y en el aspecto investigador, su formación siempre “fue estupenda y llena de entusiasmo, ya desde su estancia postdoctoral en Canadá”. Su tercer aspecto, de acuerdo con Cano Esquivel, fue su “pasión por la gestión” en diferentes cargos de la Facultad, de diferentes agencias nacionales y de la Universidad. En relación con eso, Ángeles Serrano García recordó que Campo Santillana fue evaluador en paneles expertos y comisiones en la ANECA, y era “muy querido por todos sus compañeros, así que quedará para siempre su recuerdo en la institución”.

 

Y todo, “sustentado por una familia espléndida, especialmente por su esposa, porque al lado de todo gran hombre hay una gran mujer”, concluyó Cano Esquivel.

 

María Jesús puso voz a los alumnos de José Antonio Campo Santillana, y entre lágrimas reconoció que no pensó “que tuviera que tener que pronunciar estas palabras tan pronto”. Leyó unos textos de varios estudiantes de la Facultad, quienes han asegurado que estas palabras eran mucho más difíciles de escribir que hacer el TFG, ya que era “un gran profesor, pero incluso mejor persona”, porque “más allá de la ciencia, le interesaban las personas que le rodeaban, sabiendo llegar a todos, acompañando en momentos de dificultad y apoyando a todos los estudiantes, con un sentido del humor exquisito”.

 

El decano Francisco Ortega Gómez ha leído unas palabras de José Manuel Pingarrón, secretario general de Universidades, en las que reconoce que “tanto Emilio como José Antonio han sido ejemplo para todos”. El decano recordó también a otros dos compañeros de la Facultad fallecidos este año, José Aracil y Miguel Ángel Raso, así como a otros compañeros afectados, directa o indirectamente, por la pandemia.

 

Ortega Gómez añade que los dos homenajeados compartían el amor a la profesión y a esta Facultad, eran excelentes docentes e investigadores, y su compromiso con la Facultad era tal que se unían a cualquier actividad o la proponían ellos, “eran personas sencillas y buenas que permanecerán en nuestra memoria”.

 

Carmen, la viuda de Emilio Morán reconoce que “en esta casa tuvo la suerte de encontrar compañeros de trabajo y verdaderos amigos” que ahora forman parte de su familia y que no dejan de ofrecerles su cariño. Recuerda Carmen que en sus últimos días, Emilio estaba corrigiendo memorias de laboratorio, feliz con los resultados de sus estudiantes, algo que también le ocurría con artículos y conferencias que le llamaban la atención, y si algo era Emilio era “entusiasta y comunicador”. Hablaba de todos sus compañeros con cariño y admiración, al tiempo que era “adorado por sus hijas, tanto que no le importaba subirse a los patines y partirse la crisma”. Disfrutaba del otoño, de la observación de las estrellas y a sus hijas les ha inculcado el “amor por la ciencia y la naturaleza”. Añadió que el mejor homenaje que puede hacer a su marido es “seguir sonriendo”, aunque ahora mismo le cueste hacerlo.

 

Un hijo de José Antonio Campo Santillana, que también ha estudiado en la Facultad, reconoció que ha podido compartir mucho tiempo con los dos homenajeados. De su padre podría hablar “millones de cosas”, pero “su principal virtud fue la humildad, nunca presumió de su trabajo, sólo se dedicaba a trabajar”. Tanto él como el resto de su familia sólo descubrieron la altura de la figura de su padre tras su fallecimiento, con las enormes muestras de cariño y afecto que han recibido. Antes de comenzar su carrera laboral, su padre le dijo que “el éxito no se trata de alcanzar todas las metas, sino que cuando te vayas te recuerden con una sonrisa y que todo lo que hayas hecho haya sido para bien”.

 

El rector Joaquín Goyache afirmó que esta Facultad es muy especial para él, porque aquí tiene grandes amigos, de los que ha perdido a dos, que "dejan un vacío terrible, difícil de llenar". Recordó Goyache sus paseos con los dos por la Facultad de Veterinaria y que “eran dos sonrisas andantes, te cabía el cuerpo entero en esas sonrisas, derrochaban amor por lo que estaban haciendo, se notaba que amaban a la Complutense, a la ciencia y a sus estudiantes”.

 

El Nobel y las acreditaciones

Sara García Linares, investigadora postdoctoral UCM-Harvard del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, ha sido la encargada de glosar el Premio Nobel de Química 2020, que ha premiado el desarrollo del método de edición genómica CRISPR / Cas9, por parte de la francesa Emmanuelle Charpentier y la estadounidense Jennifer Doudna. Tras los descubrimientos de CRISPR por parte de otros investigadores, como el español Francis Mojica que fue quien le puso nombre, Charpentier y Doudna han sido capaces de desarrollar el CRISPR/Cas9 como un sistema de edición genética totalmente revolucionario, que empezó a utilizarse de manera experimental ya en el año 2013, con “la idea, en el futuro de resolver enfermedades genéticas. Donde ya es una auténtica realidad es el mundo de las plantas, para obtener, por ejemplo, plantas con mayor tolerancia a la sequía”.

 

Informa Garcia Linares de que “se ha utilizado ya incluso en humanos, contra el cáncer, en tres pacientes desahuciados, y aunque no se curaron de cáncer se vio que la técnica era segura porque no provocó mutaciones no deseadas en otras partes del genoma de dichos pacientes”. Y podría usarse para detectar y eliminar virus basados en ARN como el SARS-CoV-2 o el ébola, “estas tijeras genéticas ayudarán a combatir los desafíos a los que ya se enfrenta y se enfrentará la Humanidad en un futuro”.

 

Tras la glosa del Premio Nobel, María Isabel Barrena Pérez, secretaria académica de Químicas, entregó las acreditaciones a los premios extraordinarios de grado y doctorado del curso 2018-2019, así como la de los alumnos con mejor expediente en grado y máster del curso 2019-2020, a los que el rector dio la enhorabuena y agradeció “la sonrisa que se intuye tras las mascarillas”.