DOCENCIA

Marisol Fernández Alfonso, César Nombela, Adela Cortina y Víctor Briones

Adela Cortina y César Nombela inauguran el curso “Ética, integridad y buenas prácticas en I+D”

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 18 may 2021 11:15 CET

Englobado en las actividades formativas de la Escuela de Doctorado UCM “Competencias académico-investigadoras relacionadas con el proceso de elaboración de la tesis doctoral”, este 17 de mayo ha comenzado el curso “Ética, integridad y buenas prácticas en I+D”. El curso se celebrará hasta el día 27 del mismo mes en el Instituto Pluridisciplinar, y en su jornada inaugural contó con la presencia de la filósofa Adela Cortina y el microbiólogo César Nombela.

 

Víctor Briones, vicerrector de Estudios, y Marisol Fernández Alfonso, directora del Instituto Pluridisciplinar, dieron paso a las conferencias inaugurales, recordando que “la pandemia no sólo nos ha sorprendido a todos, sino que además ha suscitado una serie de debates éticos, que a distintos niveles habrá que ir afrontado poco a poco”. Critica Fernández Alfonso que, al inicio del confinamiento, bajo el paraguas de la urgencia de la situación, se publicaron estudios científicos que tenían complicaciones éticas e incluso “en revistas científicas de muy gran prestigio se plantearon ensayos clínicos mal realizados, con una muestra ínfima de pacientes”.

 

Tiene claro la directora del Instituto Pluridisciplinar que “la investigación es creación de conocimiento, y ese conocimiento se engloba en un todo que es la ciencia, y para que sea válido hay que hacerlo con dinámicas de investigación que den lugar a evidencias sólidas, precisas y honestas”. Y es justo en ese contexto, donde se plantea la realización de este curso, porque además “lo que uno aprende como estudiante de doctorado lo va a llevar a largo de toda su carrera científica, así que es muy importante hacer bien la maleta desde el principio”.

 

También Adela Cortina, catedrática de Ética de la Universidad de Valencia, cree que “la formación de doctores es fundamental para que vaya bien una universidad y un país”. Coincide también en que la investigación, en casos como la pandemia de la COVID-19, es la que hace posible la esperanza para la gente, así que “habría que aprender que invertir, tanto económicamente como en recursos humanos, es esencial para cualquier país, aunque es verdad que el hombre es el único animal que tropieza 50.000 veces en la misma piedra”. Añade el catedrático de Microbiología, César Nombela, que “el rigor científico es la práctica de una investigación que se adecúa a lo más exigente en cuanto a la metodología y la presentación de los resultados, básico para la propia práctica científica”.

 

Entiende Cortina que el conocimiento humano avanza movido por tres tipos de intereses: el dominio, la comprensión y la emancipación. De acuerdo con la filósofa, desde el comienzo de la humanidad hemos intentado dominar la naturaleza, con ciencias empírico-analíticas, que pretenden investigar con hechos y proporcionar informaciones. El interés por comprender se refiere al diálogo, por eso cada vez más se insiste en la importancia de la sociedad civil para llevar a cabo los proyectos de investigación; esta es la relación entre los sujetos humanos, y aquí se inserta la ética de la investigación, que es un saber intersubjetivo. Por su parte, el interés por la emancipación, por construir sociedades justas, está también relacionada con la ciencia, que tiene como finalidad mejorar la situación de seres humanos, animales y naturaleza.

 

Por todo ello, opina que “debe haber una colaboración entre las ciencias, las tecnociencias y las humanidades y ahí es donde se sitúa la ética de la investigación”. Según ella misma, “la ética se ocupa de la forja del carácter, debido a las disposiciones que vamos tomando a lo largo de nuestra vida. Todos los seres humanos generamos predisposiciones, lo queramos o no, que nos predisponen para actuar bien (virtudes) o mal (vicios)”.

 

Justicia, verdad y buenas prácticas

Recuerda Cortina que en las sociedades como la nuestra hay unos mínimos de justicia necesarios que hay que cumplir. Por ejemplo, si alguien comete plagio no puede decir que eso sea subjetivo y que le parece bien, porque en realidad, no es subjetivo, es intersubjetivo y no se puede hacer lo que uno quiera en una sociedad que comparte principios éticos. De ahí que la ética de la ciencia sea intersubjetiva, con algunos elementos que tienen que ser cumplidos. Eso sí, a pesar de que han aparecido muchos códigos de ética para la actividad científica, la ética no son normas similares a leyes, porque el Estado no puede coaccionar, normalmente “son orientaciones, no normas taxativas”.

 

La actividad investigadora, según Cortina, la llevan adelante las personas, en un grupo social que coopera, que es la comunidad científica, que es fundamental para hablar de la ciencia, “tanto que una verdad científica lo es solo cuando la comunidad científica la da por verdadera”. Para que esto sea aceptado, la ciencia tiene que inspirar confianza, y “si unos científicos determinados hacen malas prácticas, eso genera el descrédito y la pérdida de confianza, que es lo peor que puede suceder en una sociedad”.

Confronta César Nombela el concepto de verdad científica con el de alguna teoría postmoderna como la de Gianni Vattimo, quien afirma, por ejemplo, que “a los científicos no les motiva el impulso por la verdad”. Nombela opta por una perspectiva divergente, como la de Popper, quien asegura que “la búsqueda de la verdad presupone la ética”.

 

Para Nombela, “la búsqueda de la verdad científica responde, por tanto, a un impulso ético”. Siguiendo a Fernández Rañada, el conferenciante opina que “la ciencia es tan poderosa porque ha sabido extraer su fuerza de los límites humanos”. Varios ejemplos de ellos serían “la dinámica newtoniana, la cosmología relativista, la topología algebraica o la evolución biológica, que pueden suscitar una fascinación no muy distinta de la emoción de la música, la pintura o la poesía en sus creaciones más altas”.

 

Apostilla Cortina que tiene que haber buenas prácticas tanto en la propia investigación como en la difusión de esas investigaciones, porque “hoy se mide el valor de la investigación por la cantidad de artículos publicados, y ahí las malas prácticas pueden ser lesivas para la investigación e incluso para compañeros de la comunidad científica”.

 

Entre estas malas prácticas están el ya mencionado plagio, que es “una violación seria de la ética profesional”; el autoplagio, que consiste en publicar en distintos lugares lo mismo para aumentar la productividad; la autoría de los que ponen nombres en artículos donde no han aportado nada, incluso en un orden prevalente; la falsificación de los resultados, y el conflicto de intereses.

 

Reclama la filósofa que los investigadores deben estar bien remunerados y no hay que explotarles y, además, que las instituciones no evalúen a los individuos para ascensos o becas, a partir de datos bibliométricos. De acuerdo con ella, “no se puede reducir toda la investigación a eso, y menos ponerlo en manos de un algoritmo, porque tienen sesgos y se pueden equivocar”.

 

Concluye Cortina recordando que la integridad es fundamental en la investigación, de tal manera que “una investigación no íntegra no sirve para nada”. Añade que un principio de ética básica es que todo lo que sea dañar hay que dejarlo apartado”.