CINE

Alejandro Amenábar en el debate posterior a la proyección de "Tesis", 30 años después de su estreno en cines

Alejandro Amenábar conmemora, en Ciencias de la Información, el 30 aniversario de “Tesis”

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 15 abr 2026 10:01 CET

Cuando en 1996 se estrenó la película Tesis supuso un auténtico revulsivo para la industria del cine español. No por el hecho de ser de un director joven, porque ya comenzaban a despuntar otros creadores como Juanma Bajo Ulloa, Icíar Bollaín, Isabel Coixet o Julio Medem, sino porque traía a la pantalla un filme de terror psicológico que estaba muy interrelacionado con una sórdida realidad: las snuff movies. El público agradeció aquel aire nuevo apoyando de manera masiva el filme en las salas, y la industria estuvo a la altura concediéndole siete premios Goya, entre ellos los de mejor película y mejor guion original. Tres décadas después, Alejandro Amenábar ha vuelto a Ciencias de la Información, Facultad en la que estudió y grabó parte del filme, para compartir sus experiencias en un salón de actos completamente abarrotado.

 

Acompañado por el catedrático de Comunicación Audiovisual, Jorge Clemente, quien fuera compañero de promoción, y por Ildefonso Soriano, delegado del decano para la Escuela de Producción, Alejandro Amenábar ha mostrado su satisfacción ante esa sala absolutamente llena. Ha recordado, de hecho, que en Tesis se rodó ahí mismo una escena, y que por falta de presupuesto para figurantes el aforo no llegó ni siquiera a un tercio de lo que se ha encontrado este 14 de abril en la Facultad.

 

Considera Amenábar que si la película sigue atrayendo al público de manera masiva en un lugar como Ciencias de la Información es porque Tesis va sobre “una alumna de Imagen y Sonido, transcurre en este mismo edificio, y existe un vínculo muy especial tanto para la gente que pasa por aquí como para los que ya han pasado y se han convertido en cineastas y periodistas”. Cree además el director que si el filme se mantiene vigente no es por la tecnología que aparece en ella, como el olvidado VHS, sino por la química que existe entre los personajes y por el suspense que crea el guion.

 

Para todos aquellos que sueñan con dirigir sus propias películas, o trabajar en el mundo del audiovisual en cualquier otro cargo de responsabilidad, Amenábar les ha recomendado que establezcan sus prioridades, que se aseguren de tener algo que contar y que aprovechen su paso por la universidad porque “este es un marco muy adecuado para conocer a gente que te va a acompañar durante el resto de tu vida, que te va a enriquecer para aprender”.

 

Reconoce que si dirigiera ahora el filme prestaría más atención a la dirección interpretativa, que es algo que no comenzó a trabajar en serio hasta que rodó Los otros, y lo que sí tiene claro es que el edificio de la Facultad de Ciencias de la Información y otros más que utilizó en el campus de Ciudad Universitaria siguen siendo los escenarios perfectos para contar la historia de Tesis. Y aunque ahora la Facultad está mucho menos destartalada que cuando él fue estudiante en los noventa, y los grafitis se han sustituido por murales, incluido uno de la película de Amenábar, “ese brutalismo que lo caracteriza le da un punto inquietante”. Tano que al ver la película echa de menos no haber filmado un plano exterior de la Facultad.

 

La inspiración

Amenábar, que ha declarado la influencia de filmes como Alien, Coma, Vestida para matar, Vértigo, Instinto básico o El silencio de los corderos en la creación de Tesis, asegura que siempre que escribe un guion ya se imagina la película en planos. En este caso tenía muy claro que iba a prestarle más atención a la reacción de la protagonista a las imágenes que la aterran que a esas propias imágenes. Asegura, de hecho, que si volviera a rodar el filme ahora mismo tendrían incluso menos peso las imágenes que se ven o que se sugieren en la pantalla.

 

Añade Amenábar, con respecto a su inspiración, que las películas son “una mezcla de todo lo que hemos leído, de todo lo que hemos visto y de todo lo que hemos conocido”. Por ejemplo, el personaje que interpreta Fele Martínez, es un reflejo de Sergio Rozas, “el amigo más friki” que ha tenido el director en su vida y con el que sigue manteniendo relación y quedando todos los meses.

 

Confiesa el director que le gusta meterse en prácticamente todas las facetas de la creación cinematográfica (dirección, guion, montaje, música…) pero que donde no se siente capacitado para hacerlo es en la fotografía. Le gusta delimitar el encuadre y el lenguaje fílmico pero reconoce ser “un negado” en el tema de la iluminación donde se mueve en parámetros muy básicos, así que siempre, ya desde su primera película, ha confiado en grandes profesionales para hacer ese trabajo. En Tesis, y gracias a la insistencia del productor José Luis Cuerda, esa tarea le correspondió a Hans Burman.

 

En cuanto a Cuerda, que fue quien le llamó tras ver sus cortos, para apoyarle en su primer largometraje, Amenábar le considera un “segundo padre”, un “clásico del cine español” con una “cultura increíble, pero muy moderno y muy humano”. Cuenta que Cuerda tenía arranques de mal humor en sus rodajes y que, como director, se encendía con mucha facilidad, pero también se apagaba igual de fácilmente y se disculpaba cuando había sido grosero. A Cuerda, quien acompañó a Amenábar en la Facultad de Ciencias de la Información cuando se celebraron los veinte años del estreno del filme, le recordará siempre el director por “sus lecciones de cine y de vida”.

 

Del Amenábar que rodó Tesis hay algo que no ha cambiado en estos treinta años y eso es la pasión por los rodajes y lo que se ha cambiado, gracias a la higiene del sueño, es que ahora, sobre todo desde el rodaje de El cautivo, ha aprendido dormir “como un bebé”.

 

Ha informado Amenábar de que aunque la copia que se ha visto en Ciencias de la Información es la que tiene mejor calidad de todas las que existen están preparando una nueva versión, porque la película nació con un defecto formal, y es que se rodó a 25 imágenes toda la película, porque “como se iban a rodar muchas imágenes de televisor, y los televisores emitían a 25 campos, se decidió que se rodara toda la película a 25 imágenes, con lo cual la película al proyectarse a 24, discurre un 4 o 5% más lenta, así que dura 5 minutos menos si se proyectara en su velocidad original”. Por eso están ahora mismo trabajando en un nuevo máster donde se va a modificar a su velocidad real y de paso, teniendo en cuenta la tecnología actual, “se va a abrir un poco más el sonido, la música, las atmósferas… Se va a hacer una versión muy chula”.