ESTUDIANTES

Estudiantes beneficiarios de las Ayudas al Estudio Concepción Arenal, durante la jornada celebrada este 20 de marzo

Ayudas al estudio Concepción Arenal, el "empujón” que muchos necesitan

Fotografía: Jesús de Miguel - 21 mar 2024 11:08 CET

Noemí Rojas, Venus Fraile, Belén Arrogante, Luna Gómez… Son ya varios centenares los estudiantes complutenses, con nombres y apellidos, que en sus cuatro años de existencia han recibido las Ayudas al Estudio Concepción Arenal. Sin ellas, muchos habrían dejado la universidad antes de concluir sus estudios, algo que, como recuerda la vicerrectora de Estudiantes, Rosa de la Fuente, “una universidad pública tiene que tratar por todos los medios que no suceda”. Las Concepción Arenal ayudan a quienes lo necesitan no solo por motivos económicos, que también, sino por otros muchos tipos de vulnerabilidades que hacen que “necesiten un empujón y un espacio al que agarrarse”.

 

Las Ayudas al Estudio Concepción Arenal nacieron en los tiempos de la pandemia. Como explicó la vicerrectora Rosa de la Fuente en la “Jornada de formación y seguimiento del programa de becas salario y acompañamiento Concepción Arenal”, celebrada en la mañana del 20 de marzo en la Biblioteca María Zambrano, el Covid trajo muy malas noticias, pero también logró que las instituciones “pusiéramos el foco donde no lo estábamos poniendo”. Fue entonces, cuando todos estábamos en nuestras casas, como recordó la vicerrectora, cuando la Complutense abrió un “buzón” en el que sus estudiantes podían comunicar sus problemas y necesidades. Así, se pudo saber que además de necesidades materiales -muchos no tenían conexión a internet o ni siquiera un ordenador- había otras muchas vulnerabilidades que les afectaban: contextos complejos, con familias desestructuradas o familiares a su cargo; problemas residenciales, muchos no disponían de una mesa o un lugar tranquilo en el que estudiar; dificultades para compaginar los estudios con el trabajo que les permitía vivir y pagarlo… Y todo ello, como subraya la vicerrectora, acompañado en muchos casos con problemas de ansiedad, “de salud emocional más que mental”.

 

Ya antes de la pandemia la UCM disponía de herramientas de ayuda para tratar de evitar que sus estudiantes abandonen los estudios por motivos económicos. Así, convocaba, y lo sigue haciendo, distintas becas y ayudas para complementar las “oficiales”. Se ayuda a los estudiantes que no consiguen renovar su beca del Ministerio por no aprobar todas las asignaturas, también a los estudiantes extracomunitarios que se quedan sin permiso de residencia o a quienes en un determinado momento pasan por una situación sobrevenida que les impide afrontar el pago de la matrícula. “Pero vimos que, además de estas becas que dependen de la renta, era necesaria una beca que también ayudara a hacer frente a todas esas vulnerabilidades que afectan a la vida de un estudiante, y que también suponen un riesgo de abandono de los estudios”, argumenta la vicerrectora.

 

Las Concepción Arenal -que deben su nombre a esta famosa estudiante que se vestía de hombre para poder asistir a las clases en la universidad de mediados del siglo XIX y que después se convirtió en pionera del trabajo social gracias a estudios en los que por primera vez se diferenciaba entre caridad y justicia social- nacieron en el curso 2020/21 y desde entonces han ayudado a varios cientos de estudiantes a través de dos modalidades, la ayuda económica -a la que se acoge la gran mayoría y que este curso ha sido de 4.500 €- o el alojamiento en un colegio mayor, ambas complementadas de un programa de acompañamiento, que, como destaca la vicerrectora, es el aspecto más valorado, por encima del económico, en las encuestas que realizan cada curso los beneficiarios. Ese acompañamiento les permite descubrir y acceder a todas las ayudas y servicios que la UCM tiene a disposición de sus estudiantes, como, por ejemplo, el préstamo de ordenadores o la atención psicológica del Psicall, que es muy demandada.

 

La Complutense ha conseguido que las Ayudas al Estudio Concepción Arenal se hayan podido mantener este curso, con la intención de que lo sigan haciendo durante muchos más, gracias a la contribución económica de la Comunidad de Madrid. Como explica la vicerrectora de Estudiantes, la LOSU ha establecido en su articulado que las universidades solo pueden hacer exenciones económicas, no dar ayudas económicas. Ello ha obligado a buscar una fórmula en la que sea la Comunidad de Madrid la que encomienda a la Universidad realizar estos pagos. Este compromiso, según señaló Rosa de la Fuente, pronto se formalizará en un convenio entre la UCM y la Comunidad de Madrid. Precisamente, en representación del gobierno autonómico participó en la Jornada el subdirector general de Planificación Estratégica de Educación Superior, Manuel Gallego, quien informó del incremento que en el presupuesto de la Comunidad de Madrid se ha hecho de la partida dedicada a ayudas a estudiantes de educación superior de 10 a 15,5 millones de euros, del que buena parte se dedicarán a ayudas por motivos socioeconómicos. Gallego se mostró confiado de que este incremento tenga continuidad en los próximos años, así como que se incluyan nuevas situaciones, como las ayudas por “problemas de salud mental que ya se incluirá en la convocatoria del próximo curso”.

 

Pero lo realmente importante de las Concepción Arenal es que cumplen con su cometido: ayudan. “Dan mucha paz”, describe Noemí Rojas, hoy óptica optometrista en un hospital privado, pero no hace demasiado una joven desesperada que solicitaba en la secretaría de su Facultad que le “diesen de baja” por no poder afrontar el segundo pago de la matrícula. Allí le informaron de la existencia de la Ayuda Concepción Arenal y tras su concesión pudo dejar de trabajar durante el curso, centrarse en los estudios, aprobar y ahora vivir independizada. “Sin esta beca -cuenta en su participación en la Jornada celebrada este 20 de marzo- me habría costado el doble, el triple...

 

A Venus Fraile, participante también en la Jornada, la beca también le posibilitó dejar sus estudios, afrontar un difícil momento personal, con su madre enferma a miles de kilómetros de distancia, y un trabajo que apenas le daba para vivir. La Concepción Arenal le permitió continuar estudiando y también recibir la ayuda que precisaba. “Me conseguí graduar y que mi madre viniera, gracias a unos pasajes que la envié, a verlo. Hoy trabajo en INDRA y estoy económicamente estable”, concluye.

 

La historia de Belén Arrogante también es la de alguien a punto de abandonar todo, en su casa por culpa de una complicada situación familiar que la dejó “casi en la calle o en un albergue” y que la obligó a dejar el CES Cardenal Cisneros donde estudiaba Psicología. La Concepción Arenal, además de ayuda económica, le permitió conocer otros recursos y, sobre todo, personas. Entre estas, no quiere olvidar mencionar al actual decano de la Facultad de Psicología, Ignacio Bolaños, “mi mentor, mi salvavidas”, quien consiguió que trasladaran su expediente y que hoy ya sea una graduada que cursa el Máster en Psicología Social, además de ser experta en mediación de conflictos. “La beca fue mi salvación. Me ayudó a tirar para adelante y me demostró que se puede. También hizo que recibiera un apoyo y encontrara una familia que no tenía y que hoy es Estumedia”, concluyó en referencia al servicio de mediación de estudiantes de distintas titulaciones que funciona en la UCM promovido por el Instituto Complutense de Mediación y Gestión de Conflictos.

 

Historias como las de Belén, Venus o Noemí son ejemplos de esas vulnerabilidades que tienen no pocos estudiantes y que, como les recuerda la vicerrectora, con “el empujón” de esta ayuda es más sencillo superar. De la Fuente recuerda que en la Jornada similar a esta que se celebró en 2022, participó un representante político que, a través de un discurso muy generalista, señaló a los estudiantes que debían mejorar su actitud para triunfar en la vida. Aquella intervención fue contestada por una de las alumnas presentes, quien explicó a aquel político que actitud tenían para dar y regalar, que el problema que ellos tenían eran otras muchas situaciones que les impedían ponerla en práctica. “Estuvimos a punto de hacer una camisetas con el eslogan Lo que nos sobra es actitud, señala la vicerrectora, antes de volver a dar la palabra, dos años después, a la protagonista de aquel “Minuto de oro”, Luna Gómez. “Este programa -señala en referencia a la Ayuda Concepción Arenal- te hace humano, te permite dejar de ser un número y sentir lo agradable que es ser escuchado. Todo el mundo tiene problemas; no pasa nada, no os tenéis que avergonzar. Os empujo a que esta ayuda que nos están dando la aprovechéis para ser iguales que el resto. No la desperdiciéis”, concluyó Luna su minuto de oro de estas cuartas Jornadas de la Ayuda Concepción Arenal.