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El rector Joaquín Goyache y la directora de los Cursos de Verano, Natalia Abuín, han recibido a los participantes el Campamento Lamarr de Vocaciones 2026

Lamarr de Vocaciones, seis años creando futuros universitarios

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Francisco Rivas y J.F. - 8 jul 2026 17:01 CET

Con la financiación de Acción Social de la UCM, la Fundación Tomillo y el Ayuntamiento de Madrid, el Campamento Lamarr de Vocaciones ha alcanzado su sexta edición. Organizado por el vicerrectorado de Estudiantes de la Complutense, esta iniciativa es un programa de inmersión universitaria dirigido a adolescentes y jóvenes de entornos vulnerables que cursan 4º de la ESO, Bachillerato o Formación Profesional, con el objetivo de acercarlos a la vida del campus y explorar sus vocaciones científicas y humanísticas con un intenso programa que les lleva a conocer, en bastante profundidad, la oferta y las posibilidades de estudiar en la UCM.

 

Los dieciocho participantes en el Campamento Lamarr de Vocaciones de 2026 realizan una de sus visitas ya tradicionales a los Cursos de Verano de la Complutense en San Lorenzo de El Escorial, que este año les ha acercado tanto al municipio como al monasterio para conocerlo de primera mano y, de paso, utilizarlo de refugio climático para evitar las altas temperaturas de este año. En el pueblo madrileño les han recibido el rector Joaquín Goyache y Natalia Abuín, directora de los Cursos de Verano de la UCM y vicerrectora de Comunicación.

 

Mercedes Echaide, asesora del vicerrectorado de Estudiantes para la Orientación Universitaria y el Aprendizaje Colaborativo, explica que, como en ediciones anteriores, los estudiantes están alojados en el Colegio Mayor Nebrija de la Ciudad Universitaria, aunque un gran número de las charlas se imparten en el aula polivalente del Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús. Entre esas sesiones, una de las más importantes para el futuro de estos jóvenes es la que les explica no sólo las posibilidades y los recursos del campus, sino también conocer todos los tipos de becas que existen, tanto las institucionales como las propias de la Complutense, porque la idea es que les entre la vocación, pero también que se puedan permitir el estudiar en la universidad.

 

Una de las sesiones más emotivas, para estudiantes, organizadores y monitores, es la que ha tenido lugar el 7 de julio a la que acudieron antiguos participantes de diferentes ediciones del Campamento y que están estudiado en la Universidad, ya se han graduado o están embarcados en el máster. De hecho, Rafaela, una de las monitoras de este verano está a punto de terminar el grado de Ciencias Biológicas, y reconoce que tanto esa sesión como estar ahora en el Campamento acompañando a estos jóvenes “es muy emocionante y nostálgico a la vez”.

 

Entre las novedades de este año está una colaboración con profesoras de la Facultad de Geografía e Historia, que han impartido un taller de emigración y epigrafía divulgativa; un taller de fotografía con un profesor de la Facultad de Ciencias de la Información; y un taller en Ciencia y Tecnología de los alimentos, que ha sido muy divertido, porque han preparado “chuches, para ser conscientes de lo que llevan verdaderamente”.

 

Otras colaboraciones habituales son con profesoras del Departamento de Educación Artística de la Facultad de Educación; con profesoras de Bellas Artes, donde también han realizado un taller; con profesores de la Facultad de Enfermería, de Ciencias Químicas, de Ciencias Físicas y de Ciencias Biológicas. Entre las múltiples visitas han conocido el Hospital Veterinario, la exposición interactiva de Cleopatra en Matadero, una exposición al vertedero de Valdemingómez y queda todavía una visita al Planetario.

 

La visita a Valdemingómez se enmarca en la ayuda económica del Ayuntamiento de Madrid y en el convenio firmado con la Universidad Complutense para las “Acciones de innovación climática urbana y de la misión de Madrid en el marco de la Misión Europea de Ciudades Climáticamente Neutras e Inteligentes”. Explica Mercedes Echaide que esa visita, que debería ser obligatoria para cualquier ciudadano, ha servido para tomar fotografías y con ellas hacer una intervención con las profesoras de Educación Artística de la Facultad de Educación, “haciéndonos conscientes de lo que hacemos con los residuos de todo aquello que consumimos”.

 

Confía Echaide, al igual que lo hace Rosa María de la Fuente, vicerrectora de Estudiantes, en que el programa dure muchos años más, porque está demostrando su capacidad de atraer talento de aquellos con buen expediente académico, pero que por sus circunstancias económicas no contemplaban a la universidad entre sus opciones de futuro.