ÁGORA

La poeta y filósofa española Chantal Maillard

Chantal Maillard, un verso libre para celebrar el Día de la Poesía

Fotografía: Francisco Rivas - 21 mar 2024 20:31 CET

La poeta y filósofa española Chantal Maillard (Bruselas, 1951), Premio Nacional de Poesía 2004, ha sido la gran protagonista de la celebración este 21 de marzo del Día Mundial de la Poesía en la Facultad de Filología. Maillard ha inaugurado la exposición, que hasta el 30 de abril se puede visitar en la biblioteca del centro, en la que se recogen sus libros bajo el título “Una señal es un templo”. “Ha sido como ver mi vida desde fuera”. Después, entrevistada por Marta López Vilar y Marina Patrón Sánchez, ha reflexionado en un Paraninfo prácticamente lleno, sobre la vida, la muerte, el lenguaje, la mente, los silencios… Para concluir, ha leído algunos de sus poemas, que este año han sido los elegidos por la Facultad para festejar como ya es tradición, el Día de la Poesía, con la publicación de un pequeño libro de poemas traducidos a todas las lenguas que se imparten en el centro.

 

La decana Isabel Durán adelanta que Chantal Maillard dice “sentirse más filósofa que poeta”. Lo hace cuando toma la palabra para introducir un acto cuya celebración, como señala ella y su vicedecano Emilio Peral, ha sido posible gracias al Grupo de Investigación Complutense Poéticas de la Modernidad, que dirigen los profesores Marifé Santiago Bolaños y José Manuel Lucía. Agradecen, por supuesto, también a Chantal Maillard el “honor” de poder recibirla en la Facultad y la “gozada” que para todos es contemplar el Paraninfo lleno de personas “atraídas por la poesía”. “Da un poco de miedo ver tantos ojos humanos frente a mí. Sería distinto si fueran de animales o árboles. Los humanos son la crítica posible”, considera la propia poeta a modo de introducción, dejando ya claro a quienes la escuchan que ella es un verso libre que dice lo que piensa, que siente lo que dice.

 

El formato elegido para conversar con la poeta y filósofa es la entrevista. La primera pregunta, formulada por Marta López Vilar, profesora de nuestra Universidad integrada en el señalado grupo de investigación complutense, hace exclamar a la propia Maillard: “Empezamos muy fuerte”. López Villar cuestiona a la autora de títulos como Medea, Cómo matar a Platón o Lo que el pájaro bebe en la fuente y no es el agua, sobre la desconfianza que en algunas ocasiones ha transmitido sobre el lenguaje, al que ve capaz “negativamente de acotar la imagen que tenemos de la realidad”. Antes de contestar Maillard prefiere contextualizar sus palabras y en realidad el mundo que habitamos: “Da un poco de reparo hablar de estética, poesía, arte o filosofía cuando están cayendo bombas por todas partes. Muere gente que no tiene nada que ver con lo que los gobiernos deciden. De qué sirve un bonito verso, una hermosa poesía o siglos de lo que llamamos filosofía. Hay que salir a la calle a manifestarnos contra esas cosas tan absurdas. Es tan absurdo hacer hijos y luego mandarlos a morir por una patria. De verdad… ¿Qué es eso?”

 

Aunque en esa primera consideración ya deja claro su opinión sobre lo intrascendentes que son las palabras frente a los hechos, la poeta sí considera que el lenguaje es importante para comunicarse en ciertos estadios, en ciertos niveles superficiales. Más hacia dentro hay otros niveles -ella los denomina “de conciencia”- en los que ese lenguaje no funciona. “El lenguaje es importante para comunicarnos, pero lo que no se debe hacer es creer en él. La creencia es lo más fácil del mundo, nos creemos amparados, formamos grupitos… Es fácil creer. Si fuera profesora de filosofía, en la primera y en la última clase diría a mis alumnos: descreer de todo lo que podáis leer, descreer”. Maillard va aún más lejos y comparte que para hacer realidad su proyecto vital es preciso “callar a la habladora”. “Mi trayectoria está enfocada a averiguar qué es eso de la mente, la propia mente, observar ese proceso, porque mente no hay en realidad, no es un continente en el ponemos cositas, es un proceso. Para eso hay que callar a la habladora. Ver el proceso desde fuera. Entenderlo”.

 

La siguiente pregunta la formula Marina Patrón. Es sobre los poemas elegidos para formar parte del libro que la Facultad ha editado para celebrar este Día de la Poesía y que los profesores de la Facultad han traducido a las muchas lenguas que en el centro se imparten, coreano, latín, turco, catalán, euskera, esperanto, árabe, griego, persa… Recordar esos poemas escritos hace ya bastantes años -también ha incluido en el libro uno inédito- sitúan a Maillard ante el origen de todo, de la vida. Se refiere a su libro Medea, dedicado a la sacerdotisa griega que mató a sus hijos, y que ella utilizó para tratar de concienciar de que “somos demasiados y empobrecemos este planeta. Hay que tomar conciencia de lo que es tener hijos. Si no lo manda un gobierno a matar o morir, lo mandamos nosotros, porque todo ser que nace es para la muerte, y va a tener que ver morir a otros, sufrir a los que ama y saber que va a morir también. En la edad fértil tenemos que tomar una decisión de ese tipo y es necesario poder decidir con conciencia. También hay que saber si seguir o no en una vida que es una rueda del hambre, en la que todos se comen a todos para poder sobrevivir. La vida de unos es la muerte de otros y la muerte de unos la vida de otros”, concluye.

 

El siguiente tema que se trata en la entrevista es su amarga consideración de lo humano y su preferencia por los animales. Maillard vuelve a ser un verso libre y sitúa por encima de la generosidad de los animales, la de los árboles, “que nos dan todo y uno piden nada”. La filósofa y poeta reclama a los humanos que dejen de creerse el centro de todo y más aún del medio o del paisaje, del que solo formamos parte. También les reclama que escuchen más al animal que “cada uno tenemos en nosotros. El animal en mí es aquello que hace lo que no tenemos que pensar hacer, porque él sabe lo que tiene que hacer. Los científicos lo llaman instinto; otra palabreja que hay que cambiar”.

 

Maillard también pide “contactar con otros animales, sin humanizarlos, sin hacer peluches con ellos, sin llevarlos a la peluquería o al médico. Es demencial. La bestia como tal, el animal fiero, en su hábitat, sin interrumpirlo, es aquello que me gusta. Gracias a la tecnología -continúa-hemos podido empezar a conocerlos, a conocer su inteligencia. Esa sí es una buena manera de utilizar las tecnologías, aunque para ello necesitamos una educación, en el sentido de una ecosofía y una etopolítica”, concluye no sin antes espetar a los estudiantes que la escuchan: “¿Qué pasa con la fuerza estudiantil? ¿En qué la utilizáis, en hacer una carrera y ver si llegamos a un puesto fijo? La fuerza estudiantil es una fuerza potentísima, muy potente. ¿Qué pasa hoy en día con lo que pasa en el mundo? ¿Es ficción o no nos incumbe? El animal sabría, porque el animal no invade otros territorios por codicia, invade cuando es necesario para su pueblo animal y para su especie, pero siempre manteniendo un equilibrio con las demás especies. Ese equilibrio es el que hemos perdido nosotros”.

 

Antes de leer algunos de sus poemas, Marina Patrón sitúa a la autora en su momento actual y ante el libro que acaba de publicar, junto a Muriel Chazalon, titulado Decir los márgenes. Explica que han sido tres años de trabajo intenso, de conversaciones con Chazalon. “Ella conoce muy bien mi trayectoria. Pensé que me hiciera una entrevista y luego surgió el libro". Son 9 capítulos con magníficos dibujos de Chazalon sobre “nueve temas que quizá son los nueve que he tratado en esa vida que he visto pasar en vuestra biblioteca”, señala en referencia a sus sensaciones al inaugurar la exposición sobre su obra. Entre esos nueve temas están, como enumera, el hambre, el semejante, ficciones, monstruos, enmudecer, insignificar… “Escuchar, callar, es importante, pero apagar esto -se toca la cabeza- es todavía más importante”, concluye.