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Miguel Herrero, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación del CSIC, ha inaugurado el curso "Alimentación sana" en el Ateneo de Madrid

La alimentación del futuro será personalizada, menos dañina para el planeta y basada en la ciencia

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Aída Cordero - 6 jul 2026 16:31 CET

La degradación medioambiental global es uno de los graves problemas a los que se enfrenta el planeta, y más lo va a hacer en las próximas décadas, probablemente hasta fin de siglo, con el aumento de la población, que podría superar los 10.000 millones de personas que, además habrán mejorado su calidad de vida notablemente y buscarán nuevas fuentes de alimentos. Frente a esa situación, Miguel Herrero, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación del CSIC propone una alimentación que se base en la búsqueda de nuevas fuentes de proteínas y que utilice avances científicos. El investigador ha impartido la conferencia inaugural del curso de verano de la UCM “Alimentación sana” celebrado el 6 de julio en el Ateneo de Madrid.

 

Ha recordado Miguel Herrero que en torno a la alimentación hay muchos mitos y noticias falsas que a veces son intencionadas, pero otras surgen de extrapolar resultados de investigaciones realizadas in vitro como si ya tuvieran una aplicación clínica. Reconoce el investigador del CSIC que muy pocos alimentos han llegado a esa fase clínica, así que la información vertida, sobre todo en redes sociales, es claramente errónea. Lo mismo ocurre con los estudios prospectivos en los que se han hacen estudios de los hábitos alimenticios con un gran número de personas, pero donde se obtienen relaciones y no causas, aunque a veces se confundan esos dos términos.

 

Tras descartar directamente algunas dietas como la macrobiótica, basada en el ying y el yang, la que fomenta el consumo de una copa de vino, o las dietas sin gluten para personas sin ninguna enfermedad, Miguel Herrero se ha centrado en ese futuro de la alimentación, en el que habría que conseguir reducir la desigualad que hace que en la actualidad haya 820 millones de personas que se mueren de hambre y 1.900 millones con obesidad o sobrepeso.

 

Opina Herrero que la alimentación del futuro estará centrada en la preocupación por la degradación medioambiental, con lo cual habrá que buscar cultivos que necesitan menos tierra y agua que en la actualidad, y también en conseguir la proteína suficiente. Esta proteína se puede obtener de las algas, que ya utilizaban griegos y romanos para alimentar sobre todo al ganado, pero que hoy se pueden cultivar de manera más fácil, gracias a técnicas que aprovechan su rápido crecimiento y a que ni siquiera necesitan agua marina para hacerlo, e incluso pueden ser reactivos naturales para la síntesis química de diferentes compuestos.

 

Otra fuente de proteínas, que tendría que superar una barrera cultural, al menos en nuestro país, son los insectos, de los que la Unión Europea ya ha aprobado el consumo de cinco de ellos incluyendo el grillo doméstico, el saltamontes y un tipo de abeja. Reconoce Herrero que comerlos como lo hacen en Asia, con el insecto tal cual, quizás no llegue a España, pero sí lo podrá hacer en forma de harina de insectos que se añada a diferentes alimentos.

 

Una tercera vía futura de alimentación sería la fermentación de presión que sirve para producir proteínas concretas, que no necesita tierra y cuya producción reduce muchísimo el coste de agua. Se estudia así, por ejemplo, modificar bacterias de la leche, para hacer quesos, pero sin usar leche, tarea que, de acuerdo con Herrero, no es fácil, pero en la que se está invirtiendo una gran cantidad de dinero.

 

Una última forma de alimentar a 10.000 millones de personas sería producir carne de laboratorio a partir de células animales. En esta técnica, en la que también se están invirtiendo muchos millones en todo el mundo, todavía no se ha conseguido crear un filete tal cual, porque no está optimizada de momento en sus propiedades sensoriales, pero sí que se ha comenzado a comercializar, de momento sólo en Singapur, carne picada con la que hacer hamburguesas.

 

Por todo lo anterior, tiene claro Herrero que tanto estas formas de alimentación, como una nutrición personalizada para prevenir enfermedades a partir del genoma de cada uno, implican que “sea como sea, la alimentación del futuro tendrá un gran componente de innovación”.