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Los coordinadores del PRAN, durante su intervención en la sesión matinal de este jueves en el curso sobre resistencia a antibióticos y one health

Las medidas contra la resistencia a antibióticos en Europa, entre la exigencia en animales y las recomendaciones en salud humana

Texto: Alberto Martín, Fotografía: A. M y Bright Light - 2 jul 2026 12:46 CET

1,14 millones de muertes atribuidas y 4,71 millones de muertes asociadas a nivel mundial por resistencia a los antibióticos. Es alarmante, “pero esto no va de datos, va de personas”. Cristina Muñoz, una de las coordinadoras del Plan Nacional de Resistencia a Antibióticos (PRAN), recuerda que hace menos de tres años el conocido periodista Pepe Domingo Castaño falleció por unas simples anginas, una infección de garganta causada por una bacteria panresistente. El curso “Resistencia a antibióticos y One Health” está repasando esta semana en San Lorenzo de El Escorial las medidas que se han tomado a cabo en los últimos años y las estrategias marcadas para los próximos en esta lucha contra una tendencia que de no corregirse multiplicará sus efectos mortales de manera exponencial en poco tiempo. Hasta de 40 millones de personas morirán en los próximos 25 años por infecciones que hace no demasiado eran fácilmente curables.

 

La principal causa de la resistencia a los antibióticos es la utilización generalizada que se ha hecho de ellos durante décadas. Es por ello, por lo que las principales medidas de todos los planes contra las resistencias se basan en la reducción drástica de su dispensación. Cristina Muñoz, coordinadora del PRAN en sanidad humana; Antonio López, coordinador del PRAN en salud humana, e Irene de la Casa, del equipo del PRAN en Medio Ambiente, han informado en la segunda sesión del curso de las limitaciones que la Unión Europea está tratando de imponer o recomendar. Y es que, como explicaron los coordinadores, lo que es imponer solo se produce en el ámbito veterinario. En el humano, la normativa europea no pasa de las recomendaciones.

 

En las limitaciones que se han puesto al uso de antibióticos en animales, destacan dos medidas, ambas polémicas, aunque, a juicio de Cristina Muñoz, una es entendible y justificable, y la otra, en cambio, es “una barbaridad”. En esta segunda categoría se enmarca la imposición que se ha hecho a los veterinarios de no poder variar las dosis establecidas en las autorizaciones comerciales de los antibióticos. Una medida que no tiene sentido alguno y que retrasa, en el mejor de los casos, la curación de patologías que con una adecuada dosis de medicación pautada por el veterinario sería mucho más eficiente. La segunda medida, aún más polémica, “aunque para mí justificada”, adelanta la coordinadora del PRAN en sanidad animal, es la lista de antibióticos y antivirales de uso exclusivo humano, que está provocando que muchos animales tengan que ser sacrificados por no podérseles suministrar medicamentos con los que hasta hace poco era tratados. “Es complicado explicar la situación al dueño de un animal, pero yo prefiero que los reservemos para uso humano”, afirmó Cristina Muñoz, justificando esta decisión en reducir el riesgo de súperesistencias antimicrobianas por su sobreuso.

 

La Unión Europa exige a sus países miembros que en 2030 hayan reducido el 50 por ciento el uso de antimicrobianos para animales de granja y acuicultura. La decisión también está cargada de cierta polémica, ya que esta imposición se ha hecho de manera global, sin tener en cuenta el esfuerzo previo en cada país. En el caso español en los últimos años la dispensación ya se ha reducido, según informa Cristina Muñoz, un 70 por ciento.

 

En el caso de la salud humana, aunque la UE también marca una reducción por países del uso de antibióticos para 2030; en el caso de España, de un 27 por ciento, y también sin tener en cuenta ya reducción del 13,5 por ciento ya conseguida. De acuerdo con Antonio López, coordinador del PRAN en salud humana, se trata de una cifra tomada sin una base objetiva, y que lo cierto es que parece bastante compleja de alcanzar, de acuerdo con los datos actuales y el esfuerzo hecho estos últimos años, que ha deparado, que “si quitamos dos o tres comunidades autónomas concretas, la media de uso de antibióticos en España está muy por debajo de la media europea”.

 

En salud humana, la normativa europea no pasa de tener cariz de recomendaciones, sin restricciones efectivas de uso. De acuerdo con Antonio López, sí se ha avanzado al incluir la resistencia antimicrobiana entre las emergencias sanitaria, así como al estar presente en la Estrategia Farmacéutica Europea. Esto último es más importante de lo que puede parecer, ya que entre las medidas que contempla la Estrategia están los incentivos a las farmacéuticas para que inviertan en el desarrollo de nuevos antibióticos que no presenten resistencia antimicrobiana, a pesar de que luego su uso quede limitado y la recuperación de la inversión en su desarrollo, por tanto, también limitada. De acuerdo con López, en poco tiempo "España ha pasado de ser un ejemplo de malas prácticas a serlo de buenas".

 

Por último, según explicó Irene de la Casa, en el área medioambiental, la herramienta legislativa europea más útil es la Directiva Marco del Agua de 2000, de la que emanan las que regulan el agua potable y residuales. En estas se establece una división en tres niveles de las sustancias que aparecen en el agua: peligrosas prioritarias (hay que eliminarlas), peligrosas (vigilarlas) y observables (se incluyen en una lista de observación). Según informó De la Casa, en el último listado, tres antibióticos han ascendido de la lista de observables a peligrosas: eritromicina, amoxicilina y azitromicina.