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Fernando Valladares y Rebeca Atencia, en el curso “Hablar de derechos de los animales en el siglo XXI”

Rebeca Atencia y Fernando Valladares confían en una reacción empática de los humanos hacia el planeta y el resto de los animales

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Aída Cordero - 8 jul 2026 10:12 CET

La directora del Centro de Rehabilitación de Chimpancés de Tchimpounga en Congo, Rebeca Atencia, ha visto mucha maldad en las dos décadas que lleva trabajando en África. Por sus manos han pasado todo tipo de animales, fundamentalmente chimpancés, que se han sufrido encierros de por vida en condiciones terribles, pero también ha visto como comunidades enteras de humanos se han concienciado para tratar mejor a los animales. El investigador del CSIC, Fernando Valladares, dejó la ciencia pura y dura para dedicarse a la divulgación con la idea de llegar a ese 80% de personas que no están dispuestas a cambiar de actitud por valores éticos o a esos dos millones de españoles que hoy en día piensan que la Tierra es plana. A pesar de esa situación tan poco halagüeña, reconoce que sus charlas le cargan de esperanza y le hacen soñar con un movimiento exponencial de gente preocupada por nuestro planeta y los animales que lo habitamos. Ellos dos han sido los responsables de cerrar el curso de verano de la UCM “Hablar de derechos de los animales en el siglo XXI”.

 

Fernando Valladares, quien se caracteriza por “provocar a la audiencia para azuzar conciencias”, ha considerado que la ley de Bienestar Animal aprobada en España puede significar un paso importante en nuestra legislación, pero también tiene un enorme defecto, que es haber dejado fuera a los tres grupos de animales que más sufren: los toros de lidia, los perros de caza y los animales de granja. Según Valladares, esto se ha debido en parte a las normativas europeas que defienden las tradiciones y la alimentación, lo que ha dejado la ley con unas grandes lagunas, aunque hay que entender “en el contexto en el que se ha creado y su fin último”.

 

Añade Elena Conde Pérez, profesora de Derecho Internacional Público de la Complutense y directora del curso, que “es importante también darse cuenta de que es una ley que se ha conseguido con un consenso político muy difícil”.

 

Rebeca Atencia se ha referido al anteproyecto de ley española sobre grandes simios, que se ha bautizado como Jane Goodall, la primatóloga que fue su mentora y amiga. Una ley que, aunque al final no llegue a salir, servirá como un aliciente para otros países, al igual que servirá, como opina Valladares, la ley que ha otorgado personalidad jurídica al Mar Menor, que quizás no tenga una utilidad práctica inmediata, pero sí como ejemplo a seguir por otras legislaciones.

 

Poniendo una cifra redonda, Valladares considera que a los humanos nos quedan diez años para tomar decisiones que permitan nuestra propia supervivencia como especie, porque ya se han superado siete de los nueve límites planetarios que aseguran la existencia de los homo sapiens en el planeta. Un nombre, ese de sapiens, que ha provocado comentarios bastante irónicos por parte del investigador del CSIC, quien no cree en las jerarquías y además tiene claro que “los humanos somos naturaleza, por mucho que reneguemos de ella”.

 

Tanto Valladares como Atencia, quien ha aprendido empatía gracias al comportamiento de los chimpancés, tienen claro que hay que superar el antropocentrismo que nos hace creernos “el ombligo del mundo”, cuando en realidad “no hay especies de primera, segunda, tercera, ni especies a exterminar”. A pesar de la dificultad de la tarea, los dos consideran que es posible hacerlo, siempre que decidamos romper con muchos comportamientos, como adquirir madera proveniente de las selvas que sirven de pulmones del planeta, o aceptar el mundo tal como nos lo venden los responsables de marketing de las grandes empresas.

 

Lo fundamental, de acuerdo con Valladares, es dedicar tiempo para reflexionar y llegar a un pensamiento disruptivo. De acuerdo con él, “hay que pararse y pensar, porque las prisas no son buenas, y lo que hace falta es conseguir un consenso suficiente” para que los humanos sigamos aquí al menos otros cuantos miles de años.