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Rosa Ribas, durante su conferencia en el curso de verano de la UCM “Futuros de la novela negra III

La escritora Rosa Ribas analiza el difícil equilibrio en el que se mueve el escritor de serie negra

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Aída Cordero - 14 jul 2026 13:17 CET

Cuando un lector se engancha a una serie negra, como la de la comisaria Cornelia Weber-Tejedor que escribe Rosa Ribas, va buscando unos personajes y unos escenarios familiares, pero al mismo tiempo desea que la lectura no sea tan repetitiva como para que parezca una fórmula prefabricada. Ahí, en ese difícil equilibrio, es donde se tienen que mover los escritores que quieren que su público los acompañe a lo largo de series donde los personajes protagonistas evolucionan de caso en caso. Con esa idea central, Rosa Ribas ha impartido una conferencia en la que ha hablado de autores y series de éxito en el curso de verano de la UCM “Futuros de la novela negra III”.

 

Lo primero que ha aclarado Rosa Ribas es la diferencia que existe entre saga y serie, que se distinguen fundamentalmente porque una saga es una historia única que continúa a lo largo de varios libros, como El señor de los anillos, mientras que una serie tiene personajes y escenarios reincidentes, pero, por lo general, son novelas auto concluyentes.

 

En esas novelas, de acuerdo con la escritora, hay casi siempre un personaje principal, acompañado de un coprotagonista que le hace de interlocutor, que puede ser tanto el responsable de resolver el caso como el criminal. De novelas protagonizadas por criminales ha puesto como ejemplo Ribas, los libros 1280 almas y El asesino dentro de mí, de Jim Thompson, y una de sus novelas preferidas, Un juicio de piedra, de Ruth Rendell.  Una novela con un arranque realmente inquietante y lleno de preguntas: “Eunice Parchman mató a la familia Coverdale porque no sabía leer ni escribir”.

 

Considera Ribas que “la novela negra saca algo de nosotros, es una forma de conocimiento incluso de uno mismo”, y a cada lector le gustará un tipo de libro dependiendo de su propia personalidad y sus experiencias personales. De manera más genérica, opina que “cuando leemos, somos otra cosa, y cuando volvemos ya no somos los mismos”.

 

En el caso de las series de novela negra incluso es posible encontrarse con protagonistas con los que es fácil identificarse, que son aquellos aficionados que se dedican a resolver crímenes, como el padre Brown de Chesterton, Miss Marple de Agatha Christie, o los jubilados que viven en una residencia de Richard Osman. También están por supuesto los profesionales metódicos y cerebrales como Sherlock Holmes, los que se basan en la comprensión de la naturaleza humana como Simenon y el incorruptible Philip Marlowe, “un hombre decente en un mundo indecente”.

 

Ha reconocido Rosa Ribas que utilizó la IA para que le diese el título de series de novela negra, y le ofreció setenta páginas que ordenó cronológicamente, “como un buen becario siempre obediente que no se queja”. De todas esas novelas y autores, aparte de los ya mencionados, la escritora recomienda obras de Henning Mankell, Michael Connelly, Alicia Giménez Bartlett, Ian Rankin, Ann Cleeves, Élmer Mendoza, John Connollly y Jon Arretxe.

 

Todas ellas diferentes, pero con una serie de elementos comunes como pueden ser la codicia, la violencia, la desigualdad y el abuso de poder. Y con la calidad suficiente para mantener ese equilibrio entre lo ya leído y lo novedoso, donde no se puede romper la relación entre el escritor y el lector, ofreciendo continuidad en un mundo que evoluciona y nos permite observar “el paso del tiempo del personaje y de nosotros mismos”, y “con casos distintos, pero con una pregunta de fondo que suele repetirse con una mirada que nos ayuda a entender el mundo”.