CV / ARTES Y HUMANIDADES
IA generativa vs creatividad humana, ¿hay partido?
Texto: Alberto Martín, Fotografía: Aída Cordero - 10 jul 2026 16:35 CET
Espóiler: la IA no llegará a igualar la creatividad humana. Quizá en vez de un espóiler es un deseo, pero al menos es lo que afirma el catedrático de la UNED Julio Gonzalo y, como informático que es, su opinión la basa en datos. “Para un informático la creatividad es lo que la gente considere que es creativo; queremos que puntúen de 0 a 5 y con eso tenemos”, bromea en la introducción a la amena conferencia -titulada “Shakespeare, Coca Cola y el genio de la lámpara”- que ha puesto punto final este 10 de julio a las jornadas “Nuevos enfoques para la comunicación global en la era de la IA: traducción, creatividad y lenguajes de la especialidad”, incluidas en la programación de los Cursos de Verano de la UCM en San Lorenzo de El Escorial. Ah, y sí, sí hay partido.
Julio Gonzalo trabaja en el Centro de investigación en Procesamiento del Lenguaje Natural y Recuperación de Información, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Explica que desde hace años, incluso a.C (antes de ChatGPT), ya estaban ocupados en investigar sobre las capacidades creativas de las máquinas. Realizaron entonces, en el año 2 a.C., a raíz de la tesis del estudiante Guillermo Marco –“quédense con su nombre; es en esto como Lamine Yamal en el fútbol”-, un “experimento” con una IA generativa primitiva de las de entonces, un “robopitecus” denominado BART-largue, al que entrenaron con películas para que, dado un título de una película, fuera capaz de desarrollar una historia breve. Las compararon con las sinopsis de esas películas cuyos títulos se la habían dado, y el jurado, estudiantes universitarios todos ellos, eligieron a ciegas por una abrumadora mayoría las propuestas del “robopitecus”.
En 2024, el año 2 d.C., en Reino Unido se realizó un estudio dando a leer a cientos de personas poemas generados por ChatGPT, junto a otros de Shakespeare, Lord Byron y TS Eliot, sin, por supuesto, saber el autor de cada uno de ellos. ChatGPT fue elegido por una gran mayoría. Estos resultados, así como, por ejemplo, la victoria que la “protoIA” AlphaGo consiguió en 2016 (año 6 a.C) ante Lee Sedol, uno de los mejores ajedrecistas del momento, creando nuevas aperturas y jugadas ante el asombro de los especialistas, parecían dejar claro que, como señaló Julio Gonzalo, “la IA nos había ganado. Es más creativa que nosotros. Ya está, se acabó”.
Sin embargo, el profesor Gonzalo y el equipo con el que trabaja en su centro de investigación no se rindieron y pusieron en marcha un nuevo experimento. Midieron la creatividad de ChatGPT 4 (ya estamos en 2025, año 3 d.C) y la del escritor argentino Patricio Pron –“Pron contra Pront”, titularon la contienda y un libro que aún se puede adquirir-, proponiéndoles escribir textos a partir de unos títulos que cada uno de ellos inventaba premiamente. GPT4 optó por “Fragmentos de un ayer invisible”, “La ciudad invertida” o “El último vuelo de la mariposa”. Pron por “Después de todo lo que casi hice por ti”, “El día después del día después del día de la marmota” o “La mujer Lego. A diferencia de en anteriores “contiendas”, en esta ocasión el jurado era de “expertos”: profesores y escritores, en su mayoría, "incluisa la traductora al españo de Virginia Woolf", apuntó Gonzalo. El resultado fue una “goleada” a favor del autor humano en todas las áreas evaluadas: título, forma, fondo, estilo, originalidad, tema… El honor del ser humano ya estaba a salvo. ¿O no? Se pidió también a Chat GPT que desarrollara un relato a partir de los títulos inventados por Pron, y el resultado cambió, siendo estos mejor valorados que los de su contrincante humano también en todos esos campos.
¿Por qué sucede esto? ¿Por qué la IA puede llegar a ser más creativa, pero no lo es si no se le pide? De acuerdo con Julio Santiago esa es precisamente la cuestión. La IA quiere gustar a todos, no busca la fricción, “nos da azúcar y grasa; hace lo que cree que le gusta a todo el mundo”. Le faltan precisamente los componentes que marcan que algo sea innovador, que sea “nuevo, sorprendente y valioso”.
No obstante, hay partido y la IA aprende rápido… Pero le falta, señala Julio Gonzalo, saber realmente captar al receptor. Quienes eligieron a la IA antes que a Shakespeare era gente que no le gustaba la poesía, porque si no, hubieran reconocido los poemas “humanos”. Pone otro ejemplo -aquí otro de los componentes del “innovador” título de su conferencia-, la legendaria disputa que mantuvieron hace unas pocas décadas Pepsi y Coca Cola. Servidas en un vaso blanco, la gente elegía Pepsi; si veían lo que eran, se llevaban la Coca Cola. Los directivos de esta última llegaron incluso a modoficar los ingredientes y plantearon la posibilidad de cambiar su sabor, pero miles de consumidores manifestados en defensa de su fórmula original les hicieron recapacitar. El sabor no lo es todo, la gente quiere tradición, sentimientos… “Y además cuando te bebes la Pepsi entera estás asqueado de tanta azúcar”, bromeó el ponente, equiparando la Pepsi con la IA, que nos da lo que queremos, pero no cómo queremos, algo que a día de hoy, y él confía que para siempre, solo sale de la creatividad del ser humano. “Si lees tres textos escritos por la IA acabas tan harto como con la Pepsi”, sentenció.
No obstante, hay que reconocer que La IA ya sabe hacer todo mejor de nosotros, incluso escribir, pintar… “Pero eso no es arte, no es ser creativo”, concluye Julio Santiago, a la vez que recuerda una última “leyenda”, la de Steve Jobs pidiendo a sus ingenieros que diseñaran un teléfono móvil con el único requisito de que tuviera un único botón. Le pidieron más pistas sobre lo que buscaba, pero les dijo que no lo sabría hasta que lo viera. Jobs, como enfatizó el catedrático de la UNED, tenía tanto la pregunta, el prompt, como el criterio, la selección; dos tareas metacognitivas del cerebro, que la IA no puede copiar.
