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Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, a su llegada a los Cursos de El Escorial

El cardenal arzobispo de Madrid asegura que la Iglesia reprueba cualquier discriminación por motivos de color, condición o religión

Texto: Jaime Fernández - 6 jul 2021 13:19 CET

Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, ha participado en el curso “Diálogo interreligioso frente al identitarismo excluyente”, alineándose con el discurso del Papa Francisco que exige a la Iglesia que repruebe la discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión, porque es “ajena al espíritu de Cristo”.

 

Reconoce Carlos Osoro que la cultura del diálogo de  la Iglesia católica con otras confesiones y religiones “no siempre ha existido”, sino que imperaba un discurso excluyente que postulaba que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Algo comenzó a cambiar con Juan XXIII y el Concilio Vaticano II de los años sesenta del pasado siglo, cuando el Papa apostó por la “apertura al mundo moderno, la unidad de los cristianos y la Iglesia de los pobres”, lo que para el cardenal arzobispo de Madrid ya es un primer apunte de esa cultura del diálogo.

 

Un diálogo, de acuerdo con Osoro y con el Papa Francisco, “no se lleva a cabo por diplomacia, amabilidad o tolerancia, sino que se hace por verdad y por amor”. Para los cristianos ese diálogo tiene una razón simple, y es que “Dios es padre de todos los hombres, y si soy hijo de Dios, soy hermano de todos los hombres”. Cree Osoro que “todas las personas son hijas de Dios, y si alguna oración es normativa para los seguidores de Cristo esa es el Padrenuestro”.

 

El cardenal arzobispo de Madrid va un paso más allá y opina que el Padrenuestro “contiene una exigencia de práctica de diálogo interreligioso”. Para él, la riqueza de esa oración es tal que incluye las de todas las demás oraciones y aunque es evidente que está escrita “para los cristianos, se puede asumir por todos los creyentes, por llamar a Dios padre de la humanidad”.

 

Cree Osoro que también con el mundo islámico celebran tener al “mismo dios como señor de la vida y eso nos obliga a ser respetuosos entre nosotros, de manera que la común paternidad del señor es el primer fundamento del diálogo interreligioso”. Insiste en la idea de que “si Dios es  nuestro padre, resulta que todos somos hermanos y lo más propio de la fraternidad es el cariño, no solo el respeto y la tolerancia. Estamos, por tanto, invitados a querernos, no a apropiarnos de Dios en exclusiva. El Padrenuestro nos libera del individualismo y nos abre a un amor que nos rodea a todos y nos desborda”.

 

Para el cardenal arzobispo, Jesús, tal y como se cuenta en los evangelios, tenía muchos encuentros con personas pertenecientes a otras confesiones religiosas, y “no es casualidad, que para la tradición cristiana el mejor ejemplo de compasión sea la del samaritano, un clásico ya de cualquier literatura, sagrada o profana. Ahí se muestra que no hay fronteras religiosas, sino que todas buscan un mundo más compasivo, más justo y más fraternal. Lo hermoso es que no hay que abdicar de nuestras creencias, sino que ser fieles a ellas nos conduce al encuentro fraterno respetuoso y profundo”.

 

En la nueva concepción de la Iglesia, tal y como la plantea el actual Papa, se incluye también a los ateos, ya que “Francisco dice que Dios no mira con los ojos, sino con el corazón, tanto a los religiosos como a los ateos y cuando llegue el último día y exista la luz suficiente sobre la Tierra para poder ver las cosas como son nos vamos a llevar cada sorpresa…”. Según el Papa, “la única atadura que tenemos los hombres es la atadura del amor de Dios, en lo demás somos libres, incluso libres para no amarlo”.