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La vicerrectora de Estudiantes de la UCM y codirectora del curso, Rosa María de la Fuente, y el secretario general de Reto Demográfico, Francesc Boya

El secretario general de Reto Demográfico apuesta por reinventar la concepción de territorio

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Alfredo Matilla - 20 jul 2021 16:36 CET

En las conclusiones del curso “Cohesión territorial y transición ecológica: Oportunidades en la década del desarrollo sostenible”, el secretario general de Reto Demográfico, Francesc Boya, ha defendido la necesidad de modificar la concepción que tenemos sobre el propio territorio. Para Boya, es muy difícil aplicar políticas “si no se hace un ejercicio de empatía con el territorio y lo rural”.

 

Cree Francesc Boya, que estamos en un momento de gran oportunidad para un país como el nuestro que “tiene un gran reto demográfico y de territorio desde hace décadas”, ya que ahora, por suerte “hay mucha gente que ha empujado para que el tema esté en la agenda política”.

 

Según el secretario general, “el conjunto de la sociedad entiende que no se pueden afrontar los grandes retos como sociedad (cambio climático, reparto de la riqueza, desigualdad…) si no se hace con una mirada profunda e inteligente sobre el territorio y las personas que lo habitan”.

 

La vicerrectora de Estudiantes de la UCM y codirectora del curso, Rosa María de la Fuente, apunta que para ello hay que acabar con la dicotomía que se plantea entre lo rural y lo urbano, porque “en realidad no hay tantas cosas que nos separan”. Para ella, la desigualdad, por ejemplo, se da en todas partes, incluso dentro de los ámbitos urbanos, y eso ha hecho que algunos territorios se rebelen frente al abandono. Una muestra sería la propia universidad pública, que “no es capaz de dar cabida a todos los jóvenes, ya que muchos no pueden entrar en la que tienen más cerca y tampoco pueden irse a otra comunidad autónoma”.

 

Boya coincide en la idea de que las desigualdades se dan por igual en los ámbitos urbanos y rurales, pero aun así sí cree que haya diferencias importantes. El ejemplo podría ser él mismo, que viene de un pueblo remoto, tan alejado de infraestructuras, que les resultaba más rápido y cómodo utilizar las de Francia que las españolas. Cree, por tanto, que existe un ecosistema rural y un imaginario urbano que muchas veces provoca conflictos y debates en muchos temas como el maltrato animal, la caza o la conservación de la naturaleza. Opina Boya que “no hay una verdad absoluta sobre estos asuntos y, por ejemplo, en los pueblos los abuelos eran los que mejor reciclaban, antes de que existiese siquiera ese concepto, así que hay mucho que aprender de ese mundo rural tan desconocido”.

 

En lo que sí están de acuerdo plenamente Boya y De la Fuente es que el diálogo entre ciudad y mundo rural es imprescindible, porque en las ciudades tienen que entender que “una parte de su futuro está muy ligada al mundo rural, y no hay futuro si no hay comunidades”. Explica Boya que en los pueblos no pueden competir desde la globalización, pero “sí lo pueden hacer desde la comunidad que coopera”.

 

La clave para el futuro, según el secretario general, está en “actuar desde el amor y el compromiso al territorio”. Y ahí, las políticas tienen que hacerse con la ayuda del mundo académico, de la universidad, con acciones como el observatorio que se va a crear en la UCM.

 

La vicerrectora de Estudiantes reconoce que de este curso la universidad se lleva muchos deberes, entre ellos la necesidad de “construir un relato entre todos los actores”, un relato activo que permita un cambio de paradigma en la aplicación de políticas, y que incluya “un laboratorio de territorio”, así como ampliar las actuales residencias artísticas de Bellas Artes para que sean científico-artísticas, “con un diálogo entre los territorios y sus demandas, que vayan dirigidos a un aprendizaje colectivo, con retos y trabajo creativo”.

 

Emplaza de la Fuente al curso que ya imagina con desarrollar en la próxima edición de los Cursos de Verano de la UCM. Unas jornadas en las que Boya espera que se puedan traer realidades más concretas que sean la cosecha de este trabajo y que “sobre todo, nos den esperanza, especialmente al mundo rural, de que es posible crear un relato territorial que será una gran aportación para el conjunto de la sociedad española”.