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El catedrático complutense Patxi Aldecoa, durante la entrevista

Patxi Aldecoa: “No se está reflejando la situación que hay. Y es que hoy Europa está en guerra y España está en guerra”

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Jesús de Miguel - 22 jul 2022 10:52 CET

Un verano más, el catedrático emérito de Relaciones Internacionales Patxi Aldecoa dirige en los Cursos de Verano de la UCM unas jornadas sobre la Unión Europea. Pocos saben más que él de tratados y convenciones, pero aún son menos los que han soñado, y aportado, tanto como él para hacer realidad un proyecto europeo federal que, de verdad, convierta al viejo continente en un actor moderno y decisivo en el complejo mundo actual. Este verano su curso estaba abocado a hablar de los resultados de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, en cuyos plenarios ha participado como único representante de la sociedad civil española. Sin embargo, el ataque de Rusia a Ucrania cambió los planes y, el curso pasó a analizar las consecuencias de esta “agresión cruel” en la Unión Europea.

 

El título escogido para el curso  -“Como consecuencia de la agresión rusa a Ucrania, la Unión Europea se hace más fuerte en el mundo”- por el propio Aldecoa, quien desde 2018  preside el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, deja claro el orgullo que como europeísta siente por la respuesta que la Unión está dando a la agresión. Satisfacción, no obstante y como no podría ser de otra manera, que se mezcla con la preocupación y el rechazo. “Estoy muy preocupado por una agresión cruel, contraria al derecho internacional, con una dimensión y unos efectos en vidas humanas y en efectos humanitarios como no había habido ninguna desde la II Guerra Mundial. Y que está dejando imágenes incluso similares de ataque a la población civil de forma indiscriminada. Por tanto, lo primero que hay que decir es que estamos ante una situación tremenda, donde a veces en España no se acaba de ver con claridad”

 

- ¿Cree que en España no se está percibiendo bien lo que está pasando?

- Tenemos unos buenos corresponsales, que han explicado bien lo que está ocurriendo allí, incluso jugándose la vida, pero sin embargo, los analistas, la opinión pública en general, diría yo, no está reflejando la situación que hay. Y es que hoy Europa está en guerra y España está en guerra. Y que, por lo tanto, esa idea que en algunos sitios sale de que somos neutrales, no es cierta, no somos neutrales. Y tenemos que tener claro que estar en guerra va a a tener una repercusión para nuestras vidas. Para otros es peor porque es la vida entera, para nosotros pues va a ser algunas incomodidades. Ahora estamos quejándonos de las consecuencias de habernos metido en esto. Que no, que no nos hemos metido, que nos han metido. Es una agresión contra nosotros de unas dimensiones incalculables, y que si no la hacemos frente, luego será peor. Está en peligro nuestra forma de vida, nuestra forma de ser.

 

- Leyendo la prensa, hay quien creerá que la única consecuencia de esta guerra es un posible corte del suministro de gas…

- No estoy satisfecho de los medios. Ahora que es cuando más muertes está habiendo, no sale. Cuando más tragedias, violaciones… No sale. Eso es lo que me preocupa. Hay un cierto cansancio. Ahora estamos en el peor momento. En cuanto al gas, a nosotros nos va a afectar poco, pienso yo. Pero mire el tema del petróleo. Con la guerra el precio subió de 90 a 175 o 180 dólares; la semana pasada bajó a menos de lo que estaba, sobre los 90 dólares el barril. ¿Cómo es posible que los medios de comunicación, que las asociaciones de consumidores no digan nada? ¿En qué están pensando? Para mí es algo increíble que nadie lo cuente. Con el embargo de la Unión Europea a Rusia resulta que estamos consiguiendo petróleo más barato. ¿Para qué estamos exagerando lo que va a ocurrir con el gas? Ya veremos. El petróleo lo está comprando la Comisión, en vez de los 27. Pues ya se ve que lo compra mejor. Lo mismo pasó con las vacunas. Se metían los medios con la compra centralizada y al final hemos comprado a la mitad de lo que lo han hecho los demás. Es bastante fácil de entender que hay que seguir por ese camino.

 

- ¿Qué balance hace de la respuesta europea desde el comienzo del conflicto?

- Ha sido un ataque, por un lado, a Ucrania, pero, por otro lado, a la Unión Europea y sus valores. Y, por otro lado, al orden internacional. Una compañera decía que hay tres guerras, y es cierto. Tenemos que ser conscientes de que estamos en esas guerras y cuanto más lo asumamos, más fácil será resolverlas y si se resuelven mal, vamos a ser los afectados de verdad, no en relación al petróleo o al gas, sino en relación a todo, en relación a nuestras libertades, en relación a que si coge confianza y ataca a otro país de la OTAN, estamos ya en una guerra, guerra. Luego estamos en una situación delicada. Lo que es llamativo es que el peso de la guerra lo están teniendo ellos y la Unión Europea, de momento. La OTAN es de momento otra cosa, una disuasión para que no salgan y para que no entren en las fronteras de los países que son miembros de la OTAN. Pero de momento el peso, el peso de la guerra y el peso humanitario, es de Europa y sus países. Está siendo una respuesta total. Estuve hace unos días en Budapest y tienen llenos sus hospitales de ucranianos. A nosotros nos pilla un poco más lejos, aunque también tenemos a gente curándose y más de 250.000 inmigrantes que han venido de forma natural. Y que, por cierto, es la primera vez que se aplica la directiva del refugio temporal, de uno o dos años, que es automática y les da todos los derechos como a cualquier español. También hay que destacar el compromiso de la sociedad civil, que hasta fueron en furgonetas a recoger gente allí. Luego ha habido una respuesta institucional del Estado… Todo esto es algo que hay que valorar y que, además, es permanente.

 

- ¿Qué más se puede hacer desde las instituciones europeas?

- Hasta ahora están haciendo, yo creo, todo lo que tenían que hacer. Lo importante es que no decaiga y que sigamos teniendo el apoyo de la sociedad civil, de la opinión pública. El Parlamento Europeo ha hecho, por un número de votos muy amplio, resoluciones de apoyo, de apoyo económico y financiero. Las cifras de apoyo financiero son salvajes. Solo del presupuesto, directamente 9.000 millones de euros, que está pagando el presupuesto entero de Ucrania, que se han quedado sin el 70 por ciento de sus ingresos. Y luego en otras muchísimas partidas. Todo eso no se cuenta bien en nuestros medios. Es una ayuda imprescindible, porque si eso termina mal nos va a afectar a todos.

 

- La ayuda económica no, pero el envío de armas, sobre todo desde algunos sectores, sí se ha criticado…

- Es cierto. Esta idea que en algunos sectores ha salido de por qué enviamos armas… Pues porque no hay más remedio. Si te atacan en tu casa a tiros, pues tienes que defenderte a tiros. Aunque seamos pacifistas. No hay otra. Yo he estado en el movimiento pacifista toda mi vida. He dirigido la revista Tiempos de paz veintinueve años. Pero el derecho a legítima defensa los pacifistas lo hemos defendido siempre. Lo que no puede ser es entregarse. Eso es una locura.

 

- Pero los partidos más a la izquierda no lo han tenido tan claro…

- Es cierto, hay un sector, pero otro sector de la izquierda lo ve igual que he dicho antes. Creo que se trata de un sector más vinculado a la antigua Rusia, que no acaba de darse cuenta de que esta forma de vida se puede acabar. Que estamos ejerciendo el derecho de legítima defensa colectiva y si no lo hacemos nosotros, no lo hace nadie. No lo está haciendo la Alianza Atlántica. Ella está preparada por si acaso, pero no es la que lleva el peso de la guerra, ni los Estados Unidos en contra de lo que dice. Reino Unido, un poco, pero como nosotros, no más. El peso ha sido de la Unión Europea y de sus estados miembros.

 

- Biden ha querido mostrar desde el primer momento como que él encabezaba la lucha…

- Sí, pero no ha sido así. Los primeros fondos deben estar llegando ahora. Él ha tenido problemas para que le aprobaran los fondos. Y tienen otra dimensión. Aquí, en cambio es total. Y también de los países vecinos. Mire Polonia. Ha cambiado completamente. Han pasado 3,5 millones de refugiados por allí, de los que se habrán quedado con 2. La Unión Europea les ha financiado eso, y les ha cambiado la cara. La petición de sanciones que había porque se estaban pasando en relación al tema de la justicia, se ha arreglado. Hungría, no. Está más dura y vetando cosas, pero no de forma tan radical. Hungría siempre ha sido muy cercana a Rusia, pero tampoco está en una situación de bloqueo total porque su población se está dando cuenta de que es una salvajada lo que está haciendo con sus conciudadanos ucranianos. Hungría, que se opuso a cualquier tipo de inmigración, a los ucranianos los acepta, porque la gente los acepta. Los polacos se han portado fantásticamente bien. En la famosa decisión de las cuotas de reparto se opusieron, ahora en cambio… Esto también va a cambiar la política de inmigración, que ahora se va a tener que flexibilizar respecto a otros casos. Va a ser difícil decir a estos sí y a estos, no.

 

- Parece que dos desgracias, la pandemia y la agresión rusa, están haciendo más por extender el sentimiento de pertenencia europeo, que décadas de trabajo desde la propia Unión…

- Coincido con esa reflexión. La pandemia, desde luego. Tuvimos el acierto de reaccionar rápido y bien, sobre todo de las consecuencias económicas y sociales, creando el fondo de nuevas generaciones con unas cifras inusitadas y, encima, con un reparto federal. Se repartió a los que más necesitaban y con cifras… Italia, 200.000 millones de euros; España, 150.000, de los que aún no se han cogido más que la mitad, que son a fondo perdido. Eso es un reparto federal. Y que, además, se paga con un endeudamiento comunitario. Algo que la Sra. Merkel siempre dijo que mientras viviera no se iba a producir, pero que cuando pasó, ella fue la impulsora diciendo que estábamos en una emergencia y había que hacer excepciones. Terminó exigiéndolo. Es bueno saber cuándo cambian las circunstancias. Y ahora estamos en unas circunstancias muy especiales. En ese sentido también hay que aprovechar la oportunidad para dar un paso más al proyecto europeo, profundizando las instituciones en carácter federal, sobre todo en el Consejo del 23 y 24. Es verdad que no ha sido adelante la petición del Parlamento para que el Consejo decidiera la creación de la Convención para la reforma de los tratados. Pero, sin embargo, hay un compromiso a favor de la ampliación bastante claro. Por un lado, dándole estatuto de candidato a Ucrania, a Moldovia y, casi seguro, a Georgia, pero por otro, comprometiéndose con los Balcanes a acelerar una negociación que estaba parada desde 2012.

 

- ¿Está Europa preparada para una ampliación tan numerosa?

- Lo que es imposible, a mi juicio, es una ampliación si antes no has mejorado los sistemas de toma de decisiones, si no ha habido previamente una profundización. Estamos en esa circunstancia ahora. Esto es lo que la sociedad civil pedimos en toda Europa y habrá que ver cómo se arranca en el proceso de reforma de los tratados, que son imprescindibles. Y para hacer frente a la guerra con todo lo que significa, no solo la guerra física, sino las consecuencias económicas y sociales, hay que reforzar el modelo europeo, si no desaparece. En el curso es lo que estamos defendiendo con claridad meridiana: para hacer frente a la guerra de agresión es imprescindible reforzar el proyecto europeo. Y, por lo tanto, hay que acelerar la reforma de los tratados, no solo en el ámbito de la política exterior, lo que ya nadie duda, porque es imposible tomar decisiones por unanimidad en materia de sanciones, por ejemplo, o muy difícil o muy lento, sino también en política fiscal y en otros ámbitos.