CV / POLÍTICA

El investigador del ECFR, durante su ponencia

Europa, en una encrucijada geopolítica de compleja solución

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Francisco Rivas - 3 jul 2026 12:37 CET

Se vienen nuevos tiempos en la geopolítica mundial o, mejor dicho, estos ya están aquí. Europa debe reaccionar, no tiene más remedio. Rusia, China y también Estados Unidos, hasta hace poco aliado y socio y hoy ya no se sabe si competidor o enemigo, han modificado sus estrategias. ¿Qué debe hacer Europa? Jose Ignacio Torreblanca Payá, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) y profesor de la UNED, ha repasado los retos a los que se enfrenta la UE y ha esbozado algunas de sus soluciones. Ha sido en la última jornada del curso de verano de la UCM “Tendencias Geopolíticas (VII). Geopolítica de las relaciones hispano norteamericanas 250 años después de la ayuda española”, celebrado del 29 de junio al 3 de julio en San Lorenzo de El Escorial.

 

Antes de comenzar su análisis, Torreblanca explica que el organismo en el que investiga, el ECFR, es un centro de estudios paneuropeo con sedes en siete países de la Unión, además de en Londres y Washington. Su finalidad es trazar el mapa de intereses europeo, posibles coaliciones o estrategias, y ponerlas a disposición de quienes deciden las relaciones exteriores de la Unión. En los últimos años, su trabajo se ha multiplicado. “Todo ha cambiado. Del mundo de ayer hemos pasado a un mundo de hoy, que en nada se parecen”. En pocas palabras, el analista en relaciones internacionales explica cómo del modelo de “Paz liberal e interdependencia”, en el que Europa se sentía cómoda, colaborando con Rusia (gas), China (fábrica y destino de inversiones) y Estados Unidos (tecnología), se ha pasado a la inestabilidad actual, en la que China está llevándose las industrias que estaban en Europa, Rusia es una amenaza militar latente y Estados Unidos cada día da una sorpresa, convertida ahora, además, en suministrador energético mayoritario de gas licuado, otra carta más que utiliza para presionar.

 

Torreblanca describe un contexto mundial geopolítico lleno de amenazas, con guerras convencionales, híbridas, comerciales y tecnológicas al unísono. Entre las convencionales, destaca la “ventana peligrosa” que ha supuesto el conflicto con Irán, cuyo mensaje final es que tener armas nucleares permite negociar con garantías, lo que, “sin duda abre la puerta a la proliferación de programas nucleares” en no pocos países. De las guerras híbridas -aquellas que mezclan tecnología, sabotajes e injerencias políticas- pone el acento en lo peligroso que resulta que entre sus objetivos de seguridad nacional, Estados Unidos ya incluya sin rubor que está el de tratar que los resultados de las elecciones en Europa se alineen con sus intereses. También Donald Trump protagoniza las últimas batallas de las guerras comerciales, con sus “aranceles” como arma contra todos y contra todo, aunque en realidad tan solo aplica -tras las últimas concesiones a China- a los países que supuestamente son sus aliados.

 

El panorama para Europa, por tanto, es muy complejo. Estados Unidos es impredecible, dado que responde a sus necesidades internas. De hecho, su cambio de estrategia respecto a Europa comenzó en tiempos de Obama, cuando, de acuerdo con Torreblanca, comenzó a querer dejar de “pagar la fiesta” y que Europa contribuyera en mayor medida en sus gastos de defensa, por ejemplo. Con Trump, todo se ha acelerado, y si con Obama se pasó de socio liberal a “benigno”, con Trump ya se ha situado en “predatorio” y va camino de “neocolonial”, es decir del “sometimiento y maleaje”, sentenció el investigador del ECFR. Al problema con Estados Unidos hay que añadir los causados por China y su industrialización y por Rusia y sus vocaciones imperiales.

 

¿Qué debe hacer Europa? Torreblanca no tiene la receta completa, aunque apunta hacia “comunitarizar”, por ejemplo, la política de defensa para asegurar el cielo y el espacio europeo frente a cualquier amenaza. Su intervención la cierra, no obstante, con una inesperada recomendación. “Recuperemos el viejo método Monet -en referencia a la decisiva táctica usada por este político europeo en la primera guerra mundial-, que es pensar de abajo a arriba y resolver los problemas concretos para buscar esas sinergias y, posteriormente, ya iremos viendo si podemos sacar una cereza con la otra”, concluyó.