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El ex presidente Felipe González durante su conferencia extraordinaria en los Cursos de Verano de El Escorial 2022

Felipe González alerta de que en “los momentos de gran incertidumbre, la arrogancia de tener toda la verdad es peligrosísima”

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 6 jul 2022 15:49 CET

El ex presidente Felipe González ha protagonizado la primera de las conferencias extraordinarias de esta edición de los Cursos de Verano de El Escorial, con un discurso en el que, tras recordar al abogado Matías Cortés, ha centrado su charla en la importancia de defender la democracia, así como la seguridad jurídica y la libertad que se desprende de ella. Ha hablado González de los peligros que acechan a la democracia en estos tiempos de incertidumbre, sobre todo por parte de aquellos que creen tener la verdad absoluta y que son incapaces de reconocer sus errores. Algunos de los políticos que actúan de esa manera, de acuerdo con el ex presidente, son Vladimir Putin, Nicolás Maduro, Xi Jinping o Daniel Ortega.

 

Felipe González, quien cree que somos bioquímicamente optimistas ya que llevamos dos años haciendo webninars sobre la postpandemia aunque todavía no hemos salido de ella, reconoce que ahora nos agobia la incertidumbre económica y social. Es cierto que en España “crece rapidísimamente el empleo y, hecho insólito, hay más oferta que demanda, así que seguirá habiendo algún tirón de la economía, pero la crisis ha hecho que los niveles de renta de la mayor parte de la población de 2008 se parecen mucho a los de 2022, además con una inflación que nos está golpeando por todas partes y que difícilmente se puede resolver sin un pacto de renta al estilo de los Pactos de la Moncloa”.

 

La inflación, de acuerdo con sus palabras, no es más que un empobrecimiento general, pero que no afecta a todo el mundo por igual, “afecta mucho más al que menos tiene, y por tanto hay que redistribuir equitativamente el esfuerzo y para eso hay que ponerse de acuerdo”.

 

Es en estos momentos de gran incertidumbre cuando “la arrogancia de tener toda la verdad es peligrosísima, porque no la tiene nadie y cualquiera que tenga responsabilidad de cualquier tema, cuando pone la cabeza en la almohada sabe que esta le dice que no tiene certidumbres, aunque tenga que darlas a sus interlocutorwa, porque esa es su tarea”. Critica que además ahora que “somos tan plurilingües seguimos siendo unos catetos que no dejamos de mirarnos el ombligo, cuando en realidad en todo el mundo está pasando lo mismo, desde la Patagonia hasta Washington, donde todavía resuena el intento de golpe de Estado con el asalto al Congreso”.

 

Una primera solución que se podría tomar en este mundo tan incierto sería, al menos, “recuperar la seguridad jurídica, que es el edificio de la convivencia”. Asegura González que hay una ley que está olvidada, “que debería ser de primer trimestre de participación en cualquier gobierno”, que es la de Régimen Jurídico de la Administración del Estado, que garantiza cómo se procesan las decisiones en cualquier circunstancia.

 

Reformista… ¿de derechas?

Reconoce Felipe González que desde que ganó las elecciones del 28 de octubre de 1982 con 202 diputados ya tenía claro su objetivo que era “reformar para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos” sobre los que le tocaba gobernar, y para ello hicieron muchas cosas como la creación del sistema nacional de salud, la redistribución del ingreso, la educación obligatoria hasta los 16 años, la reforma de las fuerzas armadas… A día de hoy se sigue considerando un reformista y algunos dicen que se ha hecho de derechas, “será verdad”, pero lo que no ha sido nunca es “una izquierda funcional a la derecha”, porque le habrían ganado muy pronto y se habría truncado su proyecto.

 

Ironiza González con que “la política ha perdido un poquito de calidad, pero tampoco hay que exagerar”. Alguno de los ejemplos que ha puesto de esa pérdida de calidad son “los que dicen que hay que aumentar la autonomía estratégica de Europa para no depender de Estados Unidos, y ¿eso se hace gratis o poniendo dinero? Si no se invierte, ¿de donde se saca la autonomía estratégica? Hay una manera: Declárale la paz al mundo, pidiéndole a dios, si se mete en este negociado, que no te salgan putines por un lado y por otro, ni hijos de putin, que puedas vivir realmente en paz”.

 

Considera el ex presidente que estas inconsistencias se sostienen porque el debate ya no es racional y no es posible poner a la gente delante de sus contradicciones, sobre todo poque esas inconsistencias actuales se dicen con una apariencia total de solvencia. Recuerda que en el Congreso de los Diputados hubo una época en el que los debates eran duros, serios, pero racionales, no eran descalificaciones previas.

 

Europa

En 1986 se firmó la entrada de España en la Unión Europea y González es incapaz de imaginar que ahora mismo nuestro país no formase parte de la misma o que no existiera el euro. Opina el conferenciante que “el proceso de construcción europea es de cesión de soberanía, progresiva, para compartirla, no para que otros la utilicen. Si creas un espacio público compartido sobre la base de esas cesiones de soberanía, ese espacio tiene que tener un paquete de derechos y obligaciones para todos los que lo comparten, y esa es la ciudadanía europea”.

 

Añade González que en la política europea, en la construcción de espacios supranacionales, hay una línea vertical que divide la izquierda y la derecha, y luego “hay una horizontal que en Europa significa los que creen en el avance de la construcción europea y en un mayor grado de integración, así que a veces es más fácil entenderse en la horizontal” y por eso le resultó tan sencillo estar de acuerdo con Helmut Kohl y François Mitterrand, a quien Kohl llamaba “François I le Grand, y lo cierto es que hablaba con mucha solemnidad”.

 

Los tres políticos también tenían complicidades con Jacques Delors que estaba al frente de la Comisión, así que cuando llegaban a los consejos europeos, con Thatcher, se quedaba sola, porque “la potencia de fuego se multiplicaba para llegar a acuerdos muy rápidamente”.

 

Rusia y la política internacional

En el ámbito internacional, González se lamenta de que no se hayan sustituido o modificado los organismos internacionales en los que se fundamentaron reglas de comportamiento después de la Segunda Guerra Mundial. Eso ha creado determinados vacíos de aplicación, como el hecho de que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ni siquiera se pueda pronunciar sobre la agresión a Ucrania.

 

Recuerda el ex presidente que en 1991 a Gorbachev, en la cumbre árabe-israelí, le dijeron que le quedaban “tres telediarios, aunque él no lo sabía”. Un mes después había salido del poder y se había disuelto la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia y en esos momentos, en los que la Federación Rusa estaba en caída libre, simplemente deshaciéndose, recibía ayuda humanitaria permanente de Bruselas. Clinton apostó por estabilizar la Federación Rusa, a lo que se unieron Canadá y la Unión Europea, así que “en ningún momento Putin puede alegar que la soberanía sobre el territorio de la Federación Rusa se ha visto atacada por nadie, pero sí se puede relatar lo que desde 2012 ha ido él haciendo con territorios de fuera de esa Federación.”

 

Con tono sarcástico, el conferenciante asegura que “una de las primeras cosas que se nos ocurrió a este mundo occidental tan malvado fue que la OTAN invitó a Rusia a participar en su consejo y en algún momento le sugirieron que se integraran”.

 

Para González, la tragedia que estamos viviendo en Ucrania es de falta de respeto al derecho internacional, a las reglas de juego y mientras que “la maravilla de la democracia es que te puedes equivocar, pero también rectificar sin perder para siempre la cara. ¿Cómo puede rectificar un tipo que por definición encarna la verdad absoluta, la suya y la de su pueblo?”.

 

La democracia

Frente a esos pensamientos absolutistas se planta la democracia, que “no garantiza el buen gobierno, pero sí que echemos al gobierno que no nos gusta, y en el sentido contrario los autócratas o las dictaduras te aseguran que te aguantas con el dictador porque él siempre va a llevar razón en sustitución del pueblo”. Esa es la superioridad metodológica de la democracia y por eso González siempre ha apostado por ella.

 

Reconoce el ex presidente que ahora “hay un retroceso democrático, porque se cultiva poco la explicación de la democracia, ya que se confunde un mal gobierno con una decepción por la democracia, cuando realmente a uno no le debe decepcionar la democracia, sino la ineficiencia de los gobiernos”.

 

Para González, la esencia de la democracia es la aceptabilidad de la derrota, lo que “significa que tú no vas a romper las reglas de juego, porque hay razonable igualdad de oportunidades para ganar o perder. Lo que hay que hacer es tratar de corregir tus errores para ganar la siguiente vez”. La consecuencia de que la derrota sea aceptable es la alternancia en el poder, a corto o largo plazo, pero para eso la competencia tiene que ser lo suficientemente equilibrada como para que no tengas la tentación de romper con el sistema y con la propia democracia.

 

Añade que entre los países de América Latina que recuperaron la democracia en los años 80 y 90, algunos han sufrido peligrosos retrocesos autoritarios. A uno de los que más ayudó fue a Nicaragua, y se arrepiente de haber ayudado a Daniel Ortega, que fue su amigo de verdad, y “ahora se ha convertido en un nuevo Somoza, tan cruel como él, tan implacable, metiendo en la cárcel a sus competidores”.

 

Tiene claro el ex presidente que la libertad se aprecia más cuando se pierde que cuando se está disfrutando de ella, y ese es un aprendizaje por el que vuelve a estar pasando América Latina. Todas las democracias pasan por periodos oscuros, como el macartismo en Estados Unidos, mientras que los autoritarismos sólo tienen periodos oscuros y un ejemplo de eso lo ve en el presidente chino, que aspira a perpetuarse eternamente, y que ha decidido que su país es COVID cero, pase lo que pase. “No puede reconocer que se equivoca y eso es de una extraordinaria importancia”, concluye González.