NUESTRA GENTE

Ignacio Belda Aguilar, premio Fermina Orduña a la innovación tecnológica del año 2025

Ignacio Belda Aguilar, de Biológicas, premio Fermina Orduña de la Comunidad de Madrid

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 18 dic 2025 10:59 CET

La Comunidad de Madrid ha hecho públicos, el 15 de diciembre, los nombres de los ganadores de la VIII edición del Premio Fermina Orduña a la innovación tecnológica. En la categoría de menores de cuarenta años, el premio ha recaído, ex aqueo, en el profesor contratado doctor Ignacio Belda Aguilar, de la Facultad de Ciencias Biológicas. Investigador principal en el laboratorio de Ecología e Interacciones Microbianas, además Belda Aguilar es desde 2018 experto científico de la Delegación Española de la Organización Internacional de la Viña y el Vino. Gran parte de su trabajo se enfoca al desarrollo de soluciones microbiológicas para la industria agroalimentaria en forma de cultivos microbianos y de modelos predictivos de procesos microbianos en la industria.

 

Explica Ignacio Belda Aguilar que en su laboratorio de la UCM hacen fundamentalmente investigación en ecología microbiana, y de manera más específica, buscan “entender cómo los microorganismos viven en hábitats industriales, como el de la fermentación del vino, que no deja de ser un hábitat antrópico”.

 

En su grupo de la Facultad de Ciencias Biológicas hay dos grandes líneas de trabajo. La primera consiste en entender cómo los microorganismos son como son por haberse desarrollado o habitado en hábitats antrópicos, y la segunda está relacionada con la ecología de comunidades. En ella estudian cómo los microorganismos conviven con otros en la naturaleza, pero también en sistemas industriales, y “cómo esa coexistencia a veces da lugar a fenómenos de interacciones entre ellos, de manera que la forma en que se comporta un microorganismo no depende sólo de la información genética propia, sino de cómo los otros microorganismos que le rodean modifican la forma en que se expresa”.

 

Para llevar a cabo esas dos líneas, los sistemas modelo que han elegido son ecosistemas antrópicos, relacionados fundamentalmente con el vino, pero también han realizado trabajos en suelos agrícolas y en los biorreactores de depuradoras de aguas residuales.

 

Antes de convertirse en IP de este grupo en 2019, la investigación de Belda Aguilar ha tenido un marcado carácter de relación con la industria ya desde su tesis doctoral, que culminó en una patente para el desarrollo de varias levaduras que se venden como inóculos para la industria del vino, es decir, como microorganismos seleccionados que se añaden al vino para iniciar y controlar los procesos de fermentación. 

 

Tras un postdoc en Portugal, regresó a España donde consiguió una ayuda para un contrato postdoctoral Torres Quevedo, que le permitió ejercer durante dos años como director científico de una compañía en expansión que analiza microbiomas en suelos agroalimentarios para tratar de estimar el estado de salud de dichos suelos y ver cómo se puede contribuir al potencial productivo de los cultivos.

 

A pesar de esa trayectoria, Belda Aguilar reconoce que quería volver a la academia, así que estuvo un par de años de profesor en la Universidad Rey Juan Carlos antes de llegar a la Universidad Complutense en 2020. En la UCM comenzó a captar fondos de proyectos competitivos públicos y a montar su propia línea de trabajo dentro de la Facultad, y ya cuenta con proyectos con la industria basados en la predicción y optimización de la mejor combinación de inóculos de un pool de especies que se utilizan en la industria vinícola.

 

Su grupo de investigación, formado por dos profesores y dos doctorandos, forma parte de otro más amplio, de Ecología y Biotecnología Microbianas, que dirige el profesor Antonio Santos. Ignacio Belda Aguilar se muestra muy satisfecho por “haber logrado un reconocimiento de la magnitud del Premio Fermina Orduña desde un grupo pequeño y, por supuesto, desde una universidad pública, porque normalmente los premios de innovación suelen ir a investigadores que han montado una start-up, no a los que se dedican a la investigación fundamental”.

 

El profesor, que en enero de 2026 es prácticamente seguro que pase a ser titular, considera que la docencia es fundamental, pero a veces es demasiada si se quiere hacer investigación pionera. Considera Belda Aguilar que “la descarga docente que se asocia a la labor investigadora es anecdótica” y que quizás habría que reconocer la existencia de perfiles más investigadores y más docentes entre los profesores, que vayan acompañados de una regulación mucho más acorde a la carga docente.