ÁGORA

El Paraninfo Histórico de la UCM acogió este acto de reparación institucional

La Complutense y el Gobierno homenajean a los cinco rectores complutenses depurados por el franquismo

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Francisco Rivas - 15 dic 2021 15:20 CET

Ochenta y dos años después, en un emocionante acto celebrado en el Paraninfo Histórico de la Universidad Complutense este 15 de diciembre, Blas Cabrera, José Giral, Claudio Sánchez Albornoz, Fernando de los Ríos y José Gaos, los cinco, rectores de la entonces llamada Universidad Central, hoy Complutense de Madrid, han recibido el reconocimiento institucional y la reparación simbólica por la depuración que sufrieron por el régimen franquista, mediante órdenes de 4 de febrero y de 29 de julio de 1939. Fueron inhabilitados a perpetuidad a desempeñar labores docentes e investigadoras en la universidad española; perdieron de por vida su salario y futura pensión, y se les retiró la condición de funcionarios y catedráticos.

Los cinco, sin embargo, continuaron ejerciendo la docencia y la investigación en el exilio. “Conservaron la inteligencia y defendieron la cultura y la ciencia por encima de todo”, resaltó el rector Joaquín Goyache, a la vez que recordaba que “sin memoria no hay futuro”.

 

 

El acto celebrado en el Paraninfo de San Bernardo es, como explicó la secretaria general de la UCM, Araceli Manjón-Cabeza, la “culminación en nuestra universidad de la iniciativa, impulsada por el Ministerio de Universidades y la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, de reconocimiento institucional a los rectores represaliados en las universidades españolas”. Por ello, los máximos responsables de ambas áreas gubernamentales, Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, y el ministro de Universidades, Manuel Castells, no quisieron faltar a la cita. “Es importante -afirmó Bolaños-, que esta reparación moral la haga el Gobierno de España en nombre de todo el país, de toda España”. “La memoria -añadió Castells- nos permite aprender lecciones de la historia mirando al futuro. La universidad siempre ha sido espacio de libertad. El espíritu crítico es lo que más corroe las estructuras totalitarias y de destrucción de la humanidad. La Universidad siempre ha sido espacio de tolerancia, casi el único en el que es posible confrontar y debatir sin acrimonia y con la tolerancia y el respeto como principio”.

 

Como explicó la secretaria general, la reparación que hoy obtienen los cinco rectores y que reciben sus familias es simbólica, sin consecuencias jurídicas. De acuerdo con Araceli Manjón-Cabeza, la universidad y la sociedad española deben “aspirar a más, concretamente a que todas las represiones franquistas sean declaradas nulas y, por tanto, inexistentes en el derecho”. La secretaria general confía que la futura Ley de Memoria Histórica dé ese paso.

 

Fueron los ministros Bolaños y Castells quienes entregaron en mano las declaraciones de reparación a los familiares o representantes de los rectores. En nombre de Blas Cabrera y Felipe lo recogió su nieta Ana María Cabrera Pérez; de José Giral Pereira, el historiador Julián Chaves Palacios; de Claudio Sánchez Albornoz, su hijo, Nicolás Sánchez-Albornoz y Aboín; de Fernando de los Ríos, su nieta Laura García Lorca de los Ríos, y de José Gaos y González-Pola, el rector de la Universidad Complutense, Joaquín Goyache Goñi. Laura García Lorca de los Ríos, nieta de Fernando de los Ríos e hija de Francisco García Lorca y de Laura Fernández de los Ríos, habló en nombre de los familiares, mostrando la emoción y gratitud de todos ellos, y destacando que los cinco desde el exilio continuaron trabajando “para recuperar la España que se había truncado en plena construcción”.

 

La secretaria general glosó las vidas de los cinco rectores represaliados. Blas Cabrera, canario, abandonó por influencia de Ramón y Cajal los estudios de Derecho. En la Universidad Central se licenció y doctoró en Ciencias, donde fue profesor auxiliar y catedrático de electricidad y magnetismo. Fue presidente de la Real Academia de Ciencias y reemplazó a Ramón y Cajal en el sillon “i” de la RAE. Tuvo una proyección internacional inusual en la época, relacionándose con científicos como Einstein y Marie Curie. Fue nombrado rector de la Universidad Central en marzo de 1930, permaneciendo un año en el cargo. El golpe de estado le cogió en Francia, siendo secretario del Comité Internacional de Pesos y Medidas de París. Quedó allí exiliado hasta que las presiones del gobierno de Franco le forzaron a dimitir en 1941. Fue expedientado por la República al no presentarse al llamamiento hecho en 1936 y por el franquismo en 1939. La dictadura no le depuró en razón de activismo político alguno, sino por su equidistancia y no adhesión. En 1941 partió hacia México, siendo acogido en la Universidad Autónoma de México (UNAM) gracias al “paraguas” que abrió el presidente Lázaro Cárdenas hacia el exilio español. Falleció enfermo de Parkinson 4 años después. Está enterrado en el Panteón Español de Ciudad de México.

 

José Giral, nacido en Cuba, era republicano, masón y antimonárquico, repartió su vida entre la docencia, la investigación y la política. Se licenció y doctoró en la Universidad de Madrid en Farmacia y en Ciencias Físico-Químicas. En 1927 obtuvo la cátedra de Química Biológica en Madrid. Fue rector entre junio y diciembre de 1931. Fue durante la II República cuatro veces ministro de Marina. El 19 de julio de 1936 fue designado presidente del Gobierno Republicano hasta septiembre del 37, para después ocupar varias carteras ministeriales con Largo Caballero y Negrín. En febrero de 1939 pasó a Francia con Azaña y de allí al exilio mexicano en la UNAM. Fue depurado de su cátedra en el 39 y condenado a una multa de 75 millones de pesetas y con pena de “extrañamiento” de 15 años en 1941 por el Tribunal de Responsabilidades Políticas. También sufrió proceso en el Tribunal Especial para la Persecución de la Masonería y del Comunismo en 1944. Falleció en México en 1962 tras compatibilizar docencia, producción científica y la presidencia del gobierno en el exilio desde 1945, tras la primera reunión de las Cortes Republicanas celebrada en México. Está enterrado también en el Panteón Español de Ciudad de México.

 

Claudio Sánchez Albornoz, nacido en Madrid, se licenció y doctoró en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid. Obtuvo la cátedra de Historia en Madrid en 1919. Fue decano de la Facultad de Filosofía y Letras en 1931 y rector en 1932. Abandonó el cargo a finales de 1933 al quedar en excedencia forzosa al ocupar un cargo político. Liberal, republicano, católico y demócrata, fue Ministro de Estado con Martínez Barrios, vicepresidente de las Cortes y embajador en Portugal. En 1936 inició el exilio en Francia por no sentirse ya seguro en Portugal, para después, en 1940, trasladarse a Argentina, donde impartió docencia en las universidades de Mendoza y Buenos Aires. La depuración le llegó en 1939 y fue condenado por el Tribunal de Responsabilidades Políticas a la perdida de sus bienes y multa de 5 millones de pesetas. Entre 1962 y 1971 fue presidente del gobierno de la República en el exilio. Pudo volver a España -el único de los cinco homenajeados-, primero en 1976, y definitivamente en 1983. Falleció en Ávila en 1984.

 

Fernando de los Ríos. Nació en Ronda en una familia liberal y burguesa. Se educó bajo la influencia de su pariente Francisco Giner, quien le inculcó la idea de que solo la educación podría sacar a España de su retraso y de que los profesores debían salir a Europa para formarse. Defensor de la clase obrera, se hizo militante del PSOE. Era partidario de la libertad de culto y de la aconfesionalidad del Estado. Fue diputado en varias legislaturas, ministro de Justicia y ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. Desde ese cargo intervino en el nuevo proyecto de universidad, tanto en la construcción de la Ciudad Universitaria, como en el impulso de nuevo planes de estudio, que pretendían una universidad moderna y formadora del hombre, del profesional y del investigador. Fue rector de la Universidad Central solo durante 34 días, desde el 31 de agosto de 1936 hasta su renuncia. GC estaba en Ginebra. Vivió en Estados Unidos desde 1939. Fue ministro de Estado del Gobierno en el exilio en 1945. Además de separación del servicio, sufrió proceso de responsabilidades políticas con incautación de sus bienes y multa de 200.000 pesetas y fue condenado por el Tribunal de Persecución de la Masonería a 30 años de reclusión e inhabilitación perpetua. Impartió docencia en Nueva York, ciudad en la que falleció en 1949. Su cuerpo fue repatriado a España en 1980.

 

José Gaos nació en Gijón. Recibió clases de Ortega Gasset y de Xavier Zubiri. Doctor en Filosofía Universidad de Madrid, obtuvo la cátedra de Lógica en 1930 por la Universidad de Zaragoza y después la de Introducción a la Filosofía en la Universidad de Madrid. En 1931 se afilió al PSOE. Fue rector durante la guerra civil, de 1936 a 1939. En 1937 fue, a su vez, comisario general de España en la Expo de París. Al término de la guerra se exilió en México donde quedó, en palabras suyas, “trasterrado” que no “desterrado” por el buen trato que recibió del Gobierno de Lázaro Cárdenas. Se integró en el cuadro docente de la UNAM, de la que fue nombrado doctor honoris causa, y donde su legado a día de hoy está muy presente. Falleció en 1969 y su cuerpo descansa en el Panteón Español de Ciudad de México.

 

Aunque el acto se centró en los cinco rectores depurados y represaliados, como destacaron tanto la secretaria general, Araceli Manjón-Cabeza, como el propio rector Joaquín Goyache, fueron muchos los profesores y también trabajadores de la Universidad represaliados. Otros catedráticos de la Central, como Jiménez de Asua, Juan Negrín, Julián Besteiro o Aniceto Alcalá Zamora, también lo fueron por las mismas órdenes de 1939 que afectaron a los rectores, decisiones que, como recordó la secretaria general, no permitieron defensa alguna de los afectados y que fundamentaban sus decisiones en una génerica “desafección al nuevo régimen por sus actuaciones en las zonas de dominación marxista o por su pertinaz política antiespañola antes del glorioso movimiento nacional”. De acuerdo con la obra “La destrucción de la ciencia en España. La depuración universitaria en el franquismo”, del historiador complutense Luis Enrique Otero Carvajal, de los 128 catedráticos que había en 1936 en la Universidad Central fueron sancionados el 44%. En profesores auxiliares y ayudantes, el porcentaje se elevaba hasta el 50%; contando todas las formas de represión, desde la separación hasta el fusilamiento. En total se contabilizan 486 represaliados en la Universidad Central. A ellos, como apuntó la secretaria general, hay que añadir los profesores y estudiantes perseguidos por la dictadura en los 60 y 70.

 

“La universidad -señaló el rector Goyache-no tendrá un verdadero futuro sin la verdad, sin la justicia y la reparación. No se trata de buscar culpables sino de restituir la dignidad de las personas. Hoy queremos mostrar nuestro reconocimiento a todas las personas de la Universidad Complutense represaliadas. Darles voz y que no caigan en el olvido. Son símbolos de libertad. El olvido no es una opción”.

 

Por supuesto, la Central, hoy Universidad Complutense, no fue la única universidad española represaliada. En palabras del ministro Manuel Castells, “la Universidad fue destruida desde 1936 a 1946”. Recordó que, al menos, tres rectores fueron asesinados y fusilados: Salvador Vila (Granada) Leopoldo García Alas (Oviedo) y Juan Peset Aleixandre (Valencia). Muchos otros profesores tuvieron el mismo final. También, trabajadores de la Universidad. Castells recordó a una de ellas, la bibliotecaria Juana Capdevielle San Martín, quien abortó al conocer que su marido, profesor de universidad, había sido asesinado. Al salir del hospital fue detenida, violada y asesinada. De acuerdo con el ministro recordar y reparar estos episodios de nuestra historia permiten “sentar las bases para que de verdad nos reconciliemos todos con nuestro pasado. A veces ese pasado amenaza con volver. Hay brotes de destrucción de los principios democráticos, de los derechos humanos y del ámbito de convivencia. Como universitarios, tenemos la responsabilidad especial de recuperar esa memoria y proyectarla hacia un futuro de paz y tolerancia”, concluyó.

 

El acto lo cerró el ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, quien destacó que los cinco homenajeados “representan lo mejor de lo que ha sido España: cultura, universidad y libertad”. De acuerdo con Bolaños, los rectores trabajaron para construir una España mejor, como es la que hoy les homenajea. “España hoy es una democracia avanzada y comparable con cualquier otra del resto del mundo. Una España que soñaron las cinco personas que hoy homenajeamos. En nombre del Gobierno de España, gracias, gracias a ellos”, concluyó el ministro.